Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 58: Imborrable

Saqué mi cabeza del agua, dejando que la imperceptible corriente terminara de peinar mi cabello dorado. Adam había salido más temprano y yo me dirigí a un lago cercano, pese a las advertencias y la prohibición que me había impuesto. Era un día caluroso de verano y nadar un poco me resultaba especialmente tentador. Además, nadie tendría por qué saber que había ido hasta allí. Tenía todo el tiempo del mundo para flotar y jugar en ese maravilloso regalo de la naturaleza antes de que alguien advirtiera mi ausencia. Me sentía en mi entorno natural, por fin, estaba empezando a aceptar ese paisaje como parte de mi cotidianidad, como una porción más de mí. Podía sentir la brisa chocar contra mi rostro secándome la humedad y haciendo que las pocas gotas que tenía resbalaran para reunirse con el resto de líquido. El bosque alrededor se mecía con el aire circulante como un único ente vivo que abrazaba aquel espejo de agua y se alzaba hacia el cielo como si quisiera tocar el sol. Me estremecí en la evocación de la plenitud y la paz me inundó al cerrar mis ojos.

Respiré profundamente absorbiendo cada pizca de olor a tierra húmeda, imaginando el musgo esponjoso creciendo entre los árboles y el rocío resbalando por la superficie pulida de las piedras. Casi podía oír el murmullo de la vida que rebosaba en aquel lugar interrumpido por el canto ocasional de un ave o el movimiento agitado de algún animal.

—¡Anne! —gritó una voz familiar llamándome.

Abrí mis ojos y observé a Adam parado en la superficie que bordeaba aquel lago. Dí unas cuántas brazadas para aproximarme. Antes de que saliera, él se dio la vuelta para darme intimidad. Yo llevaba un bañador, pero me enternecí con su gesto y me acerqué a él para tocarle el brazo.

—Adam, puedes mirar —le permití.

Él se dio la vuelta sin poder evitar mirarme de arriba a bajo y si estuvo enojado, no se le notaba.

—Te busqué, Anne, estaba preocupado —lanzó sin rodeos.

—Ya me has encontrado —le dije con una sonrisa.

—Eso veo —afirmó posando la vista en mi vientre.

Me dí cuenta que estaba mirando con interés mi marca de nacimiento y me tapé con las manos.

—Déjame ver —exclamó apartándolas con suavidad.

—No es más que una mancha —comenté restándole importancia mientras intentaba alejarme, pero él me mantuvo en el sitio y se arrodilló para inspeccionar mejor.

—Es una marca —dijo cuando finalmente levantó la vista para mirarme.

—Sí, lo sé —afirmé ruborizada.

—¿La has tenido siempre? —preguntó con interés.

—Sí, igual que la del brazo —Le señalé la otra marca que debió haber visto ya mil veces.

—Sí, pero esta es diferente —sostuvo mientras posaba un dedo.

—Mi madre me decía que era café con leche —manifesté con tristeza.

—¿Café con leche? —se extrañó.

—Sí, mi mamá tenía antojo de café con leche al parecer. Mis hermanas se pasaron varios años burlándose de mí, gracias a esta extraña mancha.

Era para mí una marca bastante fea que no había manera de quitar, lo había intentado, para colmo con los años había ido creciendo en tamaño junto conmigo. Adam interrumpió mi vergüenza cuando posó sus labios en mi vientre, justo en aquel sitio que siempre había querido hacer desaparecer.

—Es una luna llena —declaró antes de volver a besarla.

—Es una mancha de café, Adam —dije aunque agradecía su intento de hacerme sentir mejor.

—No, es una luna llena —repitió llevándome la contraria al tiempo que se levantaba y me abrazaba.

—Lo que tú digas —respondí con desgano sin afán de pelear mientras él me daba un beso en la coronilla de forma protectora.

Parecía que Adam estaba dispuesto a ver lo mejor de mí, sin importar qué. En el fondo, no sólo estaba agradecida, sino que me hacía sentir querida y aceptada. Para mí era muy difícil mostrarle esa mancha a alguien, no era algo que me gustara y era un recordatorio de una serie de malos momentos. Yo no podía hacer nada para evitarlo, era una marca imborrable que me acompañaría el resto de mi vida y su aceptación significó mucho para mí. Esperaba poder ser un apoyo para Adam del mismo modo en que él lo fue para mí ese día.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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