Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 61: Lo correcto

La burbuja había explotado, pero ni Adam ni yo estábamos dispuestos a aceptarlo. Ambos seguíamos queriendo un poco más, comportándonos como la pareja cariñosa que éramos, aún si en el fondo nos sentíamos un poco tristes. Josephine había pasado buena parte de la mañana ayudándome a hacer las maletas. Iríamos a mi pueblo natal para visitar a mi familia. Se podía percibir una sensación extraña en el ambiente, pero nos esforzábamos por ignorarlo. Acomodé las últimas cosas con un nudo en el estómago, me sentía como un cordero que iba al matadero y tenía unas ganas enormes de llorar por culpa de ese mal presentimiento que me atormentaba. Mis ojos se toparon con mi anillo de compromiso cuando cerraba el equipaje y no pude soportarlo más. Lo volví a abrir en un arrebato de furia contenida y tiré parte del contenido a mis pies. Me mordí los labios y respiré profundamente, soltando el aire mientras me llevaba una mano a la frente con el ceño fruncido. No iba a llorar por culpa de una corazonada, me dije a mí misma. Me pasé los dedos por los ojos, eliminando la humedad que había estado por huir de ellos y respiré varias veces para tranquilizarme. Levanté la ropa a mis pies y la acomodé en el vestidor de la habitación con el firme propósito de dejarla allí. Retorné y acabé por acomodar aquello que restaba, antes de volver a cerrar el equipaje.

Finalmente bajé por las escaleras para buscar a Adam, recorrí las distintas habitaciones hasta que llegué a su despacho. Abrí la puerta con mi mano temblorosa y observé el entorno, él no estaba allí, pero no pude evitar escanear el lugar. Sus cosas estaban allí y las sentí como si fueran una parte de él. Entré y cerré detrás de mí, avancé unos pasos. Aquí era el lugar donde Adam trabajaba, acaricié la mesa pensando en todos los días que él había estado en aquel lugar mucho antes de conocernos. Había tanto que me hubiera gustado saber del señor dos metros y una escalera, pensé riendo nerviosa. Pude ver un libro con cuentas abierto por la mitad. Parecía uno de contaduría, me senté para leerlo. Sí, definitivamente se trataba de los asientos financieros de algún tipo de empresa. Noté un cajón entreabierto y no pude contenerme de mirar, pero no hallé nada interesante, sólo papeles. Una mala curiosidad me había embargado, así que abrí el último.

Saqué un ejemplar y lo desplegué para hojearlo rápidamente antes de ir hasta la primera hoja donde rezaba "Biblioteca Urbana Pública", por un momento sonreí. Quise matar a Adam como en los viejos tiempos, pero terminó por ganar otro sentimiento mientras acariciaba aquel tomo. Realmente era un imbécil, me dije, mientras me abrazaba a aquel compendio de hojas que supo acompañarme cuando no había nadie más que lo hiciera.

—¿Hace cuánto, Adam? —dije tratando de encontrar el coraje para pronunciar las palabras— ¿Hace cuánto que me amas?

Maldije mi suerte por encontrar al hombre más increíble, dulce y amable cuyo encanto me había hecho caer enamorada irremediablemente, para luego, darme cuenta que ambos no solamente no estábamos en la misma página sino que pertenecíamos a historias distintas.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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