Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 63: Cualidades

Habíamos llegado hasta el pueblo, donde nos hospedamos en el pequeño hotel para luego ir a visitar a mi familia. Evalué la habitación con una simple cama doble, no había ningún sofá. No sabía cómo haríamos para pasar la noche. Habíamos pedido una sola habitación para tapar las apariencias en el pueblo, tenía que pensar en algo luego.

A nuestra arribo a casa, mi madre nos estaba esperando con la cena lista, saliendo de la cocina inmediatamente a nuestro encuentro, luciendo su habitual delantal. Se notaba que había trabajado mucho para hacer algo especial para nosotros.

—Anne, Adam ¡Los extrañé tanto! —dijo mientras nos saludaba a cada uno con afecto— Pasen, por favor, vayan sentándose, tu padre y Kate están de camino, le avisaré a Alison que ya están aquí —explicó mi madre.

—No te preocupes, mamá, puedo ir yo, me muero de ganas de ver a mi hermana, nadie me gruñe como ella —bromeé porque a pesar de ser de moldes dispares, nos queríamos mucho aunque no lo expresáramos.

Me dirigí a mi antigua habitación mientras Adam tomaba asiento en el comedor. Entré y ví a Alison con sus gafas de leer.

—Vaya, vaya, pero mira quién esta leyendo —anuncié conteniendo las carcajadas.

—¿Anne? —Levantó la mirada del libro y se paró para saludarme—. ¡Anne! ¡Llegaste! Oh, lo siento, me perdí leyendo la nueva obra de teatro que vamos a empezar a comenzar este otoño para tenerla lista cuando llegue el invierno —aclaró quitándose las gafas rápidamente y dejándolas sobre el escritorio—. Nunca creí que extrañaría tanto al ratoncito de biblioteca.

—Yo también te he echado de menos; a todos —repliqué—. No puedo esperar a saber qué se cuece en este lugar, tienes que contarme ahora todo lo que ha pasado durante el tiempo que no estuve —le exhorté.

—Tú también tienes que contármelo todo, seguro fue más interesante —contestó—. Aquí no ha pasado gran cosa, a nivel familiar, la prima Bella se ha encargado de ir a visitar al abuelo seguido, porque ya sabes que cada vez está más anciano y todavía cree que puede con todo el universo él solito. Ella insiste con irse a vivir con él para ayudarle, pero ya sabes. —Puso los ojos en blanco antes de continuar—. A papá parece estarle yendo mejor en la venta de las cosechas, a Kate se le ha puesto en la cabeza que quiere aprender sobre hierbas medicinales, una auténtica pérdida de tiempo si me lo preguntas, y mamá sigue cocinando como para un batallón. —Ella bajó sustancialmente el volumen de su voz para agregar— Y esto, no se lo digas a nadie, pero... he conocido a un chico guapísimo en mis clases de teatro, tengo que contártelo todo o explotaré.

Sabíamos que teníamos poco tiempo antes de que llegaran todos, así que hablamos tan apresuradamente que nuestras cabezas terminaron doliendo cuando salimos del cuarto debido a toda la información que teníamos para procesar. Ella me contó todo sobre ese nuevo chico que era de un pueblo próximo y yo le conté muchas cosas sobre Adam, aunque no todo, lo suficiente para que ella estuviera tranquila de que las cosas marchaban bien.

La cena transcurrió con normalidad, papá y Adam se enfrascaron en sus negocios, pactando ir por la mañana temprano a ver unos productos en la ciudad más próxima. En tanto que el resto, todas mujeres, nos moríamos por contarnos todo, nos faltaban gestos y expresiones faciales que pudieran abarcar aquello que queríamos decir pero no podíamos con ellos dos allí. Nos mirábamos entre nosotras sabiendo que el tiempo se nos agotaba, hasta que finalmente la menos esperada reunió el valor.

—Adam —nombró Kate buscando su atención—, sé que es tarde y probablemente será mucho pedir, pero —titubeó— ¿te parecería mal si Anne se quedara a hablar con nosotras? —preguntó y agregó velozmente—. Ella podría quedarse a dormir en nuestro antiguo cuarto y podrías pasar a buscarla por la mañana cuando vinieras por papá —argumentó sagazmente y supe que debía ayudarla.

—Oh, pero ¡qué buena idea! ¿Verdad que sí, mi Tambor? —Acaricié mi rostro con su hombro y él pareció relajarse— Tenemos tanto de qué hablar y el viaje es tan corto —agregué.

Adam evaluó la situación por unos momentos.

—Sólo será un noche —afirmé con un tono de voz suave y sedoso—, después seré toda tuya —le dije con una de mis mejores sonrisas.

Alcancé a notar un breve brillo en sus ojos oscuros antes de que asintiera.

—Por supuesto —concedió él—, podrías quedarte aquí hasta que volviéramos con tu padre, no quisiera arrastrarte a un viaje de negocios tan aburrido y sé que tienen mucho de lo que conversar, mi vida.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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