Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo 64: Con el corazón

Adam y papá salieron temprano mientras desayunábamos aún dormidas por haber trasnochado. Se podría decir que fue una mañana de café y aún así, tengo recuerdos un poco borrosos sobre cómo llegué a sentarme en la mesa o cuando me peiné, suponiendo que lo haya hecho y no haya quedado así del día anterior.

Antes del mediodía había empezado a sentir la hiperactividad propia de la ingesta indiscriminada del oro negro, lo cual me sirvió para salir a recibir a Hunter con toda la vivacidad que se podía esperar sin detenerme a meditar en las circunstancias. Me abalancé a sus brazos abiertos, sintiéndome segura mientras él me levantaba unos centímetros antes de volver a bajarme.

—Anne, para ser mi amante me tienes muy abandonado —reprochó bromeando.

—Es que después de seis años de mantener en vilo al pueblo, ya me acostumbré a guardar las apariencias. —Me encogí de hombros—. Sospechan demasiado —argumenté fingiendo preocupación.

—Claro y aquí el pobre Hunter que se pudra en la ilegalidad —dijo al tiempo que agitaba sus manos levantadas en tono cómico.

Ambos estallamos en risas intentando a duras penas tener una charla seria.

—Ahora me tienes que contar qué pasó con eso de dejar al imbécil —ordenó intentando mantener la compostura a la vez que se le salía alguna risita.

—Creo que te vas a tener que quedar en la ilegalidad —repliqué mordiéndome el labio esperando su reacción.

Hunter se puso serio y se irguió mientras me miraba desde su alta estatura como a un bicho.

—Te sedujo —lanzó.

—Sí —acepté.

—Anne, pero ¿qué te he enseñado? —recriminó— ¡Es que le hablo a una pared! —exclamó ofuscado.

—Nada de eso ha pasado —atajé.

—No me mientas, Anne —advirtió—, porque soy hombre y sé qué es lo que los hombres quieren —afirmó.

—Já, já, ¡qué divertido! —Le tomé el pelo sarcásticamente—. Que no, que eso no ha pasado. —negué deshaciéndome al mover la cabeza como loca y añadí— ¡Claro que te he escuchado!

Él me lanzó una mirada fulminante, pero al ver que no me alteraba se relajó.

—Bueno, supongamos que te creo —cedió él— pero eso no significa que bajes la guardia, si intenta algo lo tomas del brazo y lo tiras al suelo como te enseñé.

—Sí, no te preocupes, nunca una pulga fue más mortífera contra un tigre —le espeté riendo al imaginarme la escena hipotética donde intentaba tumbar a Adam.

Hunter se llevó una mano a la cara, tapándose los ojos por unos instantes.

—No me digas que estas desprotegida contra ese... o peor, que le gustan las cosas raras —contestó en un tono de preocupación.

—Peor, Hunter, le dejé que me enseñara a usar un arma para que pudiera protegerme yo sola —le conté.

Él se llevó las manos a la cabeza y giró para caminar unos pasos antes de regresar al sitio.

—Y a mí nada, años tratando de convencerte que me dejaras enseñarte, Anne —regañó—. ¡Años! —Repitió—. Eso sí que es una infidelidad —declaró sin poder ocultar el asomo de una sonrisa—. Pobre de mí cuando se enteren en el pueblo que me estas siendo infiel con tu marido de la peor forma posible —dramatizó.

—Pasó lo que tenía que pasar —atestigüé echando más leña al fuego.

—Ay, ya me puedo imaginar esto corriendo como la pólvora entre en el pueblo —exageró mostrando un anuncio imaginario— Hunter, el cazador, deja que su amante le toque el arma al príncipe encantador —rió por lo bajo mientras mantenía la figura—. ¿Qué va a decir mi padre, el señor cazador? ¿Y mi madre? Ay, no, ¿con qué cara me voy a presentar a las prácticas de tiro? Ya casi los puedo oír gritando a todos los otros tiradores —dijo antes de juntar sus manos como un megáfono para empezar a imitar diferentes voces con cada frase— ¿No te da vergüenza, Hunter? ¿Te parece bien que tu amante haga esas cosas por ahí? ¿A ellos no le bastaba con besuquearse por el bosque como animales salvajes? Seguro que le movió toda la corredera hasta abrirle la nueve milímetros y poder toquetearlo por dentro. Te apuesto a que se le debe haber salido el seguro de trasporte con tanta fricción de la ropa. Te juego lo que quieras a que debe ser una de esas loquitas que va con una munición en la recámara siempre lista para disparar.



Brenda Rivera

Editado: 26.01.2019

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