Preámbulo (a retirar para correcciones 25/02)

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Capítulo Extra

La luz se colaba entre las sábanas, debajo una chica sostenía una linterna mientras leía un libro. La puerta se abrió e ingresó un hombre de menos de cuarenta y cinco años.

—Te he encontrado —exclamó él señalando al bulto que se removía, apareciendo el rostro de una joven.

Ella debía tener unos dieciocho años, sus ojos verdes le miraban de forma expresiva y suplicante mientras su cabello negro se extendía por su espalda blanca, con una mancha en forma de círculo perfecto en su hombro derecho. La joven bajó el libro que había tenido entre sus manos antes de la interrupción.

—Por favor, papá, sólo un rato más.

—No quiero que te quedes leyendo hasta tarde, dame ese libro —ordenó él en tono autoritario.

Ella extendió una mano para entregárselo y él lo tomó, acercándose y sentándose en la cama.

—¿Por qué me obligas a ser malo contigo? —le gruñó suavemente.

—Es que ya estoy grande, papá —argumentó ella con cierto fastidio.

—Eso no es verdad —negó él— siempre serás mi niñita —comentó dulcemente.

—Oh, papá —se derritió ella y le abrazó.

Él restregó su rostro contra su cuello cubierto de mechones negros y ella se apartó.

—Papá, ¿cuántas veces te he dicho que no soy una niña para que me pongas tu olor? —le espetó la muchacha.

—Te protejo de los hombres malvados, eres muy pequeña para tener novio —contestó clavando sus ojos negros en ella.

—Ya voy a ir a la universidad y sé cuidarme sola —le discutió.

—Eres mi princesa y te voy a proteger contra viento y marea —rugió con orgullo el hombre fornido.

Ella no pudo evitar reír ante la actitud sobreprotectora de su progenitor.

—Vamos, papá, dejame leer un poquito más, sólo por esta noche —le rogó.

—No, se terminó y ya no quiero que leas más este libro —manifestó él.

—Pero ¿por qué? —se sorprendió ella.

—Porque salen cosas con doble sentido que no me gustan y porque en los otros tomos se pone más —calló bajando la mirada.

—Me creas o no estoy grande, además, es una bonita historia de amor —resaltó la joven.

—A la cual le faltan muchísimos detalles y otros tantos son inventados —reclamó él al aire.

—¿Qué es inventado? —le preguntó.

—Todo lo que sale en los siguientes tomos, por eso, no deberías leerlos —aseguró él mientras asentía con la cabeza—. Yo le dije a tu madre que no escribiera esas cosas, pero para variar no me hizo caso —dijo poniendo los ojos en blanco—.

—Creo que mamá sólo quiso ceñirse a la verdad —auguró.

—Y yo le dije que un día nuestros hijos podrían terminar leyendo sus libros, pero no me hizo caso y dejó algunas cosas bastante explícitas que te repito que no son verdad —dictaminó.

—Oh, pero es tan tierno, papá, saber que querías tanto a mamá y ella, al principio, casi parecía odiarte —comentó.

—Ella me amaba, pero trataba de resguardar sus sentimientos con una capa de enfado, se decía que me quería matar a toda costa porque en realidad me quería hacer otras cosas que ahí no salen —repitió él.

—Entonces ¿le faltan detallitos? —sonrió con picardía.

—Es que ese libro está mal escrito, sólo tiene en cuenta la perspectiva muy parcial y muy sesgada que le dio tu madre con todo ese misterio —dijo levantando las manos mientras hablaba.

—¿Y cómo debería ser entonces? —preguntó con interés la muchacha.

—Te aseguro que la historia no es así, te lo juro.

—Cuéntame, quiero saber tu versión —exclamó con curiosidad acercándose a su padre.

—Bueno, todo empezó un día en que yo, un inocente lobo correteaba por los bosques como un día normal, sin saber que allí me encontraría con la criatura más aterradora sobre la tierra.

—¿Una criatura aterradora? ¿Un orco? ¿Un elfo de la oscuridad? ¿Un trol? —intentó adivinar en vano.



Brenda Rivera

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En el texto hay: hombre lobo, matrimonio, amor

Editado: 26.01.2019

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