Princesa Juliana - Libro 1

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Capítulo 2

―¡Mamá! ¡Papá! ¡Ayúdenme!

Con sus gritos, la niña demuestra su total desesperación. Al llegar a la ventana se percata de que se halla cerrada y que obviamente no puede escapar a través de ella por situarse en un segundo piso. La única puerta de la oficina está custodiada por los hombres y aunque su vista está nublada debido a la falta de sus lentes, vislumbra las siluetas de los individuos y la puerta. Sabiendo que tiene todo en su contra, decide correr hacia su única salida para huir.

Su cuerpo tiembla debido al miedo y en ese estado, sus piernas tropiezan entre sí y cae en el piso. Las lágrimas ruedan por sus mejillas sonrosadas. Su respiración se acelera como también los latidos de su corazón. Con desconfianza de lo que puedan hacerle los desconocidos y la falsa madre que se ha presentado delante de sus ojos, entra en pánico y se coloca en posición fetal.

Repentinamente, Julia siente un calor insoportable que envuelve su pequeño cuerpo. La niña se lleva ambas manos a su cabeza para mitigar el dolor punzante que también ha aparecido en esa parte de su organismo. Ella no se percata de la luz de color azul que la rodea y que está a la vista de los demás.

La persona que figura ser la madre de la niña se acerca despacio a ella en un intento por tranquilizarla pero, antes de que pueda tocarla, la energía que rodea a la menor es expulsada por toda la habitación como si fuese una ventisca. Sin dar lugar a una reacción, la supuesta madre es arrojada contra una de las paredes.

Por otra parte, en un esfuerzo para no ser también arrojados, la señorita Carroll y Leonti tratan con todas sus fuerzas de estar firmes mientras se sostienen de los objetos más cercanos. Finalmente, su intento es vano pues al igual que los papeles, las sillas, las masetas con flores, los libros, el escritorio, los estantes y demás cosas, son lanzados con ímpetu en el aire.

Al expulsar su poder, Julia se siente un poco más liberada de sus síntomas pero a la vez siente su cuerpo agotado. La pequeña abre sus ojos y bate sus largas pestañas tratando de tener un mejor panorama de lo sucedido a su alrededor. Tras unos segundos, dirige su mirada de un lado a otro y observa a las personas que estaban con ella en el suelo. Además, aprecia que quien pretendía ser su madre ha desaparecido y en el lugar donde debía estar, se encuentra John sangrando. Despacio gatea hacia él para cerciorarse de que su poca visión no la engañe, y es ahí, cuando observa algo más impresionante: John tiene los ojos abiertos y éstos ya no son azules sino que se han vuelto dorados.

Lo presenciado hace que la niña retroceda. De improviso, la extenuación de su cuerpo cobra fuerzas, siente que todo en torno a ella da vueltas y nuevamente se hace presente el terrible dolor en su cabeza. En cuestión de segundos, Julia se desmaya.

Mientras tanto, en el centro educativo, los maestros evacúan a los niños lo más rápido que les es posible; niños y adultos empiezan a correr hacia las inmediaciones del lugar en un acto por salvaguardar sus vidas.

La conmoción, sin lugar a dudas, ha sido producida como resultado del actuar de Julia quien al romper los vidrios de la ventana y al ser los pedazos lanzados por todas direcciones, sumado a los objetos que también fueron lanzadas en el aire y el sonido del impacto de éstas, causaron alarma en las autoridades del colegio.

El ruido de los gritos de las personas y el sonido de los autos, hacen despertar a la señorita de su estado de inconsciencia. Lo que sus ojos le revelan la deja atónita; cualquiera diría que aquella oficina fue abatida por un ciclón y aunque parezca exagerado, esta aseveración no es tan distante a lo percibido por los evaluadores al momento de ser ejecutado el ataque.

Al ser la prioridad número uno de la joven proteger a quien ahora ha descubierto es la princesa Juliana, hace un intento por levantarse del piso. Cuando logra sostenerse sobre sus pies, observa que algunas partes de su saco negro fueron rasgadas. Afortunadamente para ella, los vidrios no alcanzaron a producirle más que un corte ligero en su sien y el máximo daño obtenido fueron un par de golpes en su cuerpo.

Con delicadeza, la señorita Carroll se acerca a la menor y coloca sus manos en su cuello para medir su pulso. Posteriormente, al cerciorarse que Julia tan sólo está dormida y no parece estar lesionada, dirige su atención a sus compañeros que siguen desmayados. Ante los ojos de la joven, John es el que se aprecia más afectado al estar cubierto de sangre y tener un par de vidrios incrustados. En este momento, lo primordial para ella es despertar a Leonti para que como médico pueda encargarse de John y puedan salir con la niña antes que llegue la policía.

Sus pensamientos son detenidos rápidamente cuando la puerta de la oficina es abierta y entra una mujer cuya edad aparenta rondar los sesenta años; ésta parece estar ansiosa y nerviosa.

―¿Qué sucedió? ―Pregunta alarmada―. Se supone que sólo le haría una prueba a esa niña… ¿Qué es esta catástrofe? ¿Cómo explicaré esto?



Julissa Snchez Arias

Editado: 31.07.2018

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