Príncipe Oscuro

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Capítulo VIII

   Hola, se que ya me ha cogido algo tarde y que probablemente algunos pensaron que hoy ya no iba a publicar, pues no, lo prmetido es deuda y aqui esta el cap de cada domingo, tarde pero seguro como dicen por ahi.

   Se que normalmente estan acostumbrados a mis notas al final pero hoy dado las fechas decidí variar un poco y decirles de ante mano que les dejo un capítulo especial en conmemoración a esta fecha tan importante que se estará celebrando pronto, 14 de febrero, día del amor y la amistad.

     Digo que es especial  porque seguramente  e el más largo que van a ver ya que lo he hecho doble a si que espero que les guste.

    Un gran beso a todos y les deseo que pasen una muy feliz semana junto a sus seres queridos. 

Y ahora si, disfruten del cap, dejenme en los comentarios que les pareció, día loco ¿eh?

 

 

 

-¡Papá! ¡Mamá! ¡Ya llegué! -grito a penas traspaso la puerta principal de mi casa y como otras tantas veces el silencio es el único que me recibe.

     Con un encogimiento de hombros al saberme sola prendo las luces y tiro mi bolso en un rincón mientras yo me dejo caer como peso muerto sobre el mullido sofa de la sala. Sonrio para mis adentros al pensar que diría mamá si me viera desparramada en estas condiciones sobre sus caros muebles, seguro le daría un infarto.

      Con gesto cansado observo la hora en el reloj sobre la chimenea y mis ojos se abren como platos de la impresión.

¡11 de la noche!

    No puedo creer que haya tardado tanto. Como si de una película se tratase las imagenes de todo el día se suceden una detrás de otra en mi mente y juro que pensé que era muchísimo más temprano. En otros tiempos llegar a esta hora a casa no hubiese sido una opción. Seguramente papá y mamá se encontrarían esperandome en la puerta con cara de circunstancias y me aguardaría un seguro regaño. Papá me pediría explicaciones de donde y con quien había estado a pesar de que ya se lo hubiera dicho y mamá lo apoyaría en todo aparentemente para luego preguntarme en secreto que tal me había ido.

Como extrañaba esa vieja época....

    Tan solo de recordar esas pequeñas escenas que en su momento nunca supe apreciar mis ojos se humedecen, pero no me permito llorar. No gano nada con lamentarme, el llanto no va a resolverme los problemas, no puedo solo quedarme haciendome la víctima eternamente.

     Con un ánimo que en estos momentos estoy lejos de sentir me levanto del sofa y me dirijo a la cocina por algo de comer. Quizás pueda hacerme un sándwich o... no, solo un sándwich,  debo recordar que no se cocinar nada más y no quiero provocar un incendio ¡Como extraño a Martha! Su comida si era deliciosa.

       Después de casi tres horas de ardua cocina al fin veo ante mi el maravilloso fruto de mi trabajo y tengo que contenerme lo indecible para no vomitar alli mismo. Dos cosas no identificadas, completamente achicharradas y con una extraña masa por encima que en un pasado fue queso parecían burlarse de mi desde el plato. Y lo peor no había sido el desperdicio de mi cena, no, lo verdaderamente preocupante era el estado deplorable en que había quedado la cocina. Con el ceño fruncido dirigí nuevamente mi vista al micro quemado tratando de pensar en algún modo de arreglarlo antes de que lo viera mamá, iba a matarme... aunque en mi defensa diré que esa cosa del demonio no venía con instrucciones y nadie se tomó la molestia de explicarme que si le dabas una hora a un sándwich de queso terminaría averiado.

         Con resignación al saber que ya me había quedado sin cenar y para colmo me había anexado un posible castigo intento limpiar todo lo mejor que puedo y me voy a dormir finalmente. El día de hoy ha sido extremadamente largo y necesito descansar como es debido al menos unas horas.

Tengo mucho en lo que pensar.

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    Los primeros rayos del sol se filtran por la ventana y hacen todo el camino hasta mi rostro, provocando que habra los ojos con molestia. Odio despertarme tan temprano en especial un domingo, sumándole a eso que ayer me acoste tardísimo, pero la culpa es mía por haber olvidado cerrar debidamente las ventanas ayer.

     De un brinco me levanto de la cama y con un gran vostezo me dirijo al baño. A pesar de que sé que podría regresar a la cama y seguir durmiendo no lo hago, es inútil, una vez que despierto por mucho empeño que le ponga ya no puedo volver a dormir. Con una sonrisa divertida me percato recién ahora de que ayer ni siquiera me quite la ropa que traia, debería haber estado en serio agotada.



Mary

Editado: 13.10.2019

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