Príncipe Oscuro

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Capítulo XI

-¡¿Se puede saber que hacen aqui perdiendo el tiempo con tanto trabajo por hacer?!

     El insperado grito nos sobresalta, estabamos tan concentradas en nuestro diálogo que no nos habiamos percatado del singular chirrido de la puerta al ser abierta. Tanto Nathalie como yo nos volteamos sorprendidas, concetrando nuestra atención en la mujer mayor que nos escrutaba con cara de pocos amigos. Observe a mi compañera, buscando algún tipo de reconocimiento por su parte ante la visita inesperada, esperaba que al menos le dijera algo por haber interrumpido de una manera tan maleducada una conversación privada sin ni siquiera haber tocado. Pero eso no paso, al contrario, el rostro de Nathalie estaba tan blanco como el papel, igual que quien acaba de ver un fantasma.

-S-señora Ma -Margaret.... este... yo.... -comenzó a excusarse mi nueva amiga pero fue cortada de malos modos por la anciana.

-¡Ni una palabra Nathalie! -la pobre chica dió un brinco al escuchar la rudeza en la voz de la mujer -Te he pasado muchas y no pienso tolerar una mas, te pasas el bendito día holgazaneando y haces lo que sea por librarte de un poco de trabajo ¡pero hasta aqui! Como esto no mejore pienso tomar medidas realmente serias.

-Juro que esto no es lo que parece -habló rápidamente, debo reconocer que me intrigaba mucho esta mujer que ni siquiera habia reparado en mi presencia -El mismísimo príncipe heredero me encomendó la tarea de atender y asistir a la nueva en lo que pudiera necesitar minetras se acomodaba.

    Abro los ojos como platos ante tal afirmación y me parece mentira que Alistar haya podido ordenar algo como eso, el me odia, no tendría sentido. Además... mi conversación con Nathalie fue tan natural que dudo mucho que hubiese podido preparar algo. No la conozco mucho aún pero no se ve como una chica capaz de hacer eso, parece demasiado transparente.

-¿Es eso cierto? -preguntó nuevamente la mujer, esta vez dirigiendo su inquisidora mirada en mi dirección.

-Este... pues... la verdad es que yo... vera... -comence a tartamudear sin saber muy bien que decir, no tenia ni idea de eso, estaba inconsciente.

-¡Pues claro que es verdad! -se adelantó la chica nerviosa, es increíble que me este utilizando como excusa.

      La observo con el ceño fruncido y no puedo más que negar con la cabeza disimuladamente. Pensandolo bien, ahora que tengo una mejor oportunidad de observarla detenidamente Nathalie no se ve como la tipica sirvienta que sale en las películas. Ella es de aproximadamente mi edad, su cabello es color chocolate largo hasta la cintura y sus ojos de un lindo tono cafe. Sinceramente no parece muy trabajadora, sus manos están demasiado cuidadas, se ve que les dedica tiempo. De todos modos no soy nadie para juzgarla, llevo toda mi vida siendo la hija de un empresario multimillonario, no puedo presumir de haber pasado demasiadas dificultades que digamos.

-Querida niña.... no se que voy a hacer contigo.... -la señora Margaret se pasa la mano por su arrugada frente con gesto cansado -más tarde hablaremos... ahora vete, tengo cosas que arreglar con esta chica.

-Suerte -me susurra Nathalie bajito mientras sale a toda prisa de la habitación dejandome sola con la mujer.

     La señora Margaret me mira fijamente y frunce el ceño. Me hace sentir un poco ofendida la verdad, al parecer no le he caído bien, cosa que es casi imposible teniedo en cuenta que ni siquiera he abierto la boca. Pasan largos segundos que a mi se me hacen horas y siento la imperiosa necesidad de romper el incómodo silencio.

-Señora yo...

-No digas nada -me corta en voz baja pero firme -Antes que nada debo aclarar unas cosas contigo. Desde el principio cuando su majestad me habló de ti tuve mis dudas y esas solo se incrementaron al verte, si fuera por mi ni siquiera estarías aquí, pero órdenes son órdenes y el príncipe te dejó a mi cargo -Increible... hablaba como si a mi me gustara estar aquí -Por consiguiente no me queda más opción que hacerme responsable de ti, pero quiero que te quede claro que no aceptaré a ninguna holgazana, ya Nathalie me da suficientes problemas como para sumar uno más.

-Descuide no pretendo ser una carga -le digo lo más amable que puedo con la intención de tranquilizarla un poco, en el fondo comprendo que dada la experiencia con Nathalie deba desconfiar de mi.

-Mas te vale -me advierte haciendo una mueca ¿es que esta mujer no sonríe nunca? Deberia saber que ser tan amargada no hace bien -De no ser así habrá severas consecuencia para ti, a pesar de todo a Nathalie le tengo aprecio y puedo pasarle una que otra cosa pero contigo no habrá tales concesiones ¿he sido clara?

    Abro los ojos como platos ante sus palabras ¿acaso he escuchado bien? ¿Dice que estará pendiente de mi más mínimo error mientras que con los de mi compañera hara de la vista gorda? Lo que más quiero en este momento es decirle unas cuantas verdades, solo no lo hago porque ya me odia lo suficiente como para empeorarlo pero mi cara debe reflejar claramente lo que pieso de ella, aunque como ya dije, ni siquiera se que he podido hacer mal.

-Perfectamente.... -digo apretando los dientes.

-Bien -asiente satisfecha -ahora hablaremos de cuales serán tus obligaciones a partir de ahora, obligaciones que el príncipe me ha ordenado personalmente, no aceptando que te encomiende ningua otra. A partir de este minuto pasas a ser su sirvienta personal, te encargaras de todo lo referente a él, remendarás su ropa, le servirás las comidas, preparás su baño y cualquier otra cosa que te ordene, sea cual sea, pero lo más importante es que siempre debes estar disponible para él....



Mary

Editado: 13.10.2019

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