Príncipe Oscuro

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Capítulo XIIl

Me reacomodo en el mullido asiento de piel y apuro mi copa de vino tinto, bueno.... al menos eso es lo que parece... De ser un humano normal ya me dolería la espalda ¿Cuantas horas llevo aquí? ¿Cuatro? ¿Cinco? ¿Toda la noche? Que mas da, de todos modos nunca entendí esa necesidad de los vampiros por dormir, yo nunca lo he necesitado, al menos no en exceso. Cuando duermes sueñas y hace varios siglos que mis sueños se convirtieron en pesadillas.
Dirijo la vista hacia mi cama para comprobar si ha habido algún cambio. Totalmente inútil. Sigue durmiendo tan tranquilamente como la última vez que miré, hace unos diez segundos. Ni siquiera se por que la traje de todos modos, no es la primera vez que yo, o alguno de los miembros de mi familia, matamos a los humanos dejandonos llevar por la sed, de hecho, es algo hasta normal. Pero por alguna extraña razón cuando sentí su cuerpo inerte caer en mis brazos me embargo un sentimiento que me juré nunca volver a sentir y que creía enterrado para siempre en lo más hondo de mi ser.

Miedo

Cierro los ojos desechando esos absurdos pensamientos. Yo soy Alistar Shreveport, príncipe y futuro rey de Agrane. Yo no siento miedo, yo no puedo sentir miedo, y menos por una humana ni venida al caso. No se que diablos me sucede con esa chica, pero sea lo que sea no puede seguir así. Me estoy empezando a arrepentir de haberla traído conmigo ¿En que estaba pensando? Yo, que siempre me he caracterizado por ser un ser frío y calculador, estoy perdiendo el autocontro que tanto me ha costado conseguir  y no me gusta nada.

Cansado de estar sentado me pongo en pie y me acerco al fuego que crepita en el hogar. Necesito hacer algo para matar el aburrimiento. Observo como las llamas danzan hermosas y a la vez letales, y un recuerdo invade mi mente. Antes, hace muchísimo tiempo, yo solia amar el fuego. Era mi único amigo en las largas noches de soledad, en parte me recordaba a mi, tan fuerte y poderoso, pero atrapado, tan fácil de apagar de ser el deseo de cualquiera. Irónico que ese fuego que tanto me atraía sea ahora el causante de mis pesadillas. Pero se siente bien, creo que es la primera vez en 200 años que siento su calor tan cerca. Eso también debo agradecérselo a Erika, de no haber sido por ella, jamas lo hubiese vuelto a enceder y menos en mi habitación, pero lejos esta de mi deseo que se congele, yo no lo necesito pero algo me hace pensar que ella si.

Levanto una de mis manos enguantadas y la acerco lo mas que puedo a la llama, sintiendo su calor. Como imaginé, este material tan grueso es impenetrable. Suspiro y la retiro rápidamente. Pienso en quitarmelos y dejar mis dedos libres despues de tanto tiempo pero me contengo. Llegara el día en que no necesite esos malditos guantes pero no es hoy, aún después de 200 años me siento vulnerable si no los llevo y me hacen recordar a ese pequeño niño que fui, a ese pequeño niño que solo quiero olvidar.

-Alteza...

Levantó la cabeza y dirijo una mirada asesina al guardia que acaba de entrar en mis aposentos sin siquiera haberse dignado a tocar. Di órdenes explícitas de que no se me molestara y aún asi el esta aquí. Se que tiene que ser algo verdaderamente importante, no cualquiera tiene el valor suficiente de pasar por alto mis órdenes.

-Habla -ordeno con desgano -y por tu bien más vale que sea importante.

-Vera... alteza... e-el caso es... -lo observó tartamudear y sonrio divertido, no hay un solo ser en este palacio que no me tema, no hay uno solo que no se sienta intimidado con mi presencia -Perdon por haberlo molestado... pero su majestad la reina solicita su presencia.

-¿La reina? -alzo las cejas incredulo y le doy otro sorbo a la copa, esto es inusual, antes me llamaba mucho pero hace años que dejó de intentar establecer contacto conmigo -¿Y que es lo que su majestad desea de mi?

-Ella me pidió que os dijera que se reuniera con ella en el jardín, al parecer tiene un comunicado importante que haceros.

-Ya veo... bien, puedes retírate -le despido con un sutil gesto de la mano.

-Pero alteza verá... ella dice...

-He dicho que puedes retirarte -repito tajante y esta vez el soldado sale disparado hacia el pasillo.

Me acerco a la cama y observo como su pecho sube y baja, eso es buena señal. Debo intentar controlarme más en un futuro. Se que no debo involucrarme tanto pero una fuerza inexplicable me mantiene en mi sitio y me impide moverme. Quiero quedarme con ella. ¿El por que? Ni yo mismo lo se. Probablemente no quiero que muera porque he descubierto que su sangre sabe malditamente bien y no quisiera dejar de probarla. Exacto. Por fin encuentro el motivo de mi interés, su sangre, es solo eso. Lastima que no pueda quedarme a degustarla, el deber me llama, debo saber que desea ahora nuestra querida majestad.

Salgo del cuarto de malhumorado y me dirijo al jardín. Ya que voy a verla al menos que no piense que lo hago por lo mucho que la aprecio. Al contrario, la odio, a ella y al resto de mi familia. Mi único objetivo en la vida es verlos destruidos a todos, mi único objetivo es cumplir el tan anhelado sueño de mi madre y castigar a aquellos que produjeron su muerte. Pero sigue siendo la reina y debo al menos intentar ser cordial... por ahora.

-Alistar cariño, que bueno que estas aquí -me saluda la reina Amberley una vez llego a la mesa del jardín donde esta cómodamente sentada y, tal y como pensé no se encuentra sola. Alli también hay otras dos personas, Claus, ese detestable vampiro del consejo al que le tengo ganas desde hace muchísimo tiempo y Stacia, mi queridamente odiada media hermana.

-Al parecer tendremos compañía... -comento con sarcasmo mientras tomo asiento.

Amberley pasa por alto la insinuación y solo me observa sonriente. Me fastidia que la tercera esposa de mi padre sea tan horrorosamente amable. Cuando era pequeño siempre estaba intentando acercarse a mi, según ella un niño no deberia estar tan solo. Craso error. Yo no era un niño, yo era un poderoso príncipe, alguien con un gran destino a cuestas. No podía darme el mismo lujo que mis hermanos y eso fue algo que ella nunca entendío. Aunque al final si logró cumplir con su objetivo de actuar como una madre, primero con Jordan y Stacia y luego, años después, con su propio hijo.



Mary

Editado: 21.10.2019

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