Príncipe Oscuro

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Capítulo XIV

Me siento ligera, como flotando en una espesa bruma, no siento nada a mi alrededor, solo el vacío que me envuelve y consume. Una tan grata sensación de paz que me hace querer sumergirme cada vez mas profundo en el sueño y no despertar jamás.

Pero la tranquilidad dura poco, pues puedo sentir diversos ruidos provenientes de mi alrededor que no me permiten descansar en paz. Al principio solo eran murmullos apagados, pero a medida que pasa el tiempo se van volviendo más potentes, taladreandola la cabeza. Quisiera gritarles que hagan silencio pero de mis labios no brota un solo sonido y, de repente, abro los ojos de golpe.

Pero lejos de encontrarme en el lúgubre castillo de los vampiros, estoy en un gran y lindo jardín, con suave pasto y bellas flores silvestres que se extienden por doquier. Un lugar que no me resulta para nada desconocido, un lugar guardado en lo más hondo de mi mente.

-¿Erika? ¿Que haces ahi quieta? Ven a sentarte conmigo -levanto la cabeza sorprendida ante la suave voz que me llama para encontrarme con el rostro amable de mi madre, pero se ve diferente, esta más ¿joven?

Observo sorprendida como lee atentamente su libro y casi sin precatarme sujeto con fuerza la pelota en mis manos.... espera... ¿pelota? Lentamente bajo la cabeza y es cuando me permito observarme por primera vez. Soy yo, pero soy una yo de hace mucho tiempo, soy una yo de seis años. Y esta escena, este lugar... se comienza a desarrollar de forma precipitada en mi mente.

Sonrio alegremente y, dejando caer el balón al suelo, corro por el pasto y me lanzo al regazo de mi madre en un fuerte abrazo, puedo que esto sea solo un sueño, pero si lo es, deseo disfrutarlo al máximo.

-Vaya pequeña... hoy estas muy cariñosa -me observa con humor -¿A que se debe?

-Nada mami... -contesto sin dejar de apretarme a ella -Solo quiero que sepas que te quiero muchísimo.

-Lo se pequeña, yo también te quiero mucho....

Nos quedamos un rato asi, en silencio, un rato que se me hace el mejor de vida. Cuanto daría por regresar de verdad a esta época donde mi familia y yo éramos tan felices.... De repente, hay algo que me llama la atención. En la parte más alejada del jardín se encuentra la casa que recuerdo bien. Y allí, asomado a la ventana del primer piso, unos ojos iguales a los mios me devuelven una triste mirada que hace que se me encoja el corazón.

-Mamá... ¿por que Erik no puede venir a jugar? -pregunto esperanzada.

-Sabes que no, su salud es muy delicada y no puede salir de casa.

-Pero... -intento replicar.

-Pero nada, he dicho que no -ordena cortante.

Yo, a sabiendas que no ganaré nada, me levanto de  sus piernas y me acerco lentamente a la ventana de la que asoma mi hermano, que se queda observandome con los ojos abiertos a esperas de una buena noticia.

-Lo siento... -digo bajando la cabeza con pena y moviendo mis pies en círculos por sobre la tierra -No pude hacer nada....

Levanto la vista para ser participe de su reacción y lo que veo me deja de piedra. Lejos de observarme triste como hace rato ahora está claramente enojado y lo veo miramerme con tal odio contenido que no puedo más que retroceder asustada. Al momento y casi imperceptiblemente, sus ojos, antes de un azul profundo, se van tornado de un rojo carmesí. Y sin ni siquiera ser consiente de como paso, las barreras que nos separaban ya no están, y nos encontramos frente a frente en uno de los tenebrosos pasillos del castillo, con solo oscuridad a nuestro alrededor e iluminado tenuemente por unas antorchas casi apagadas. Para mi sorpresa, ya no es mi hermano quien me devuelve la mirada sino aquel sanginario vampiro que tantos problemas me ha dado.

Pero hay algo raro, no parece del todo él. Su cara se muestra mucho mas terrorificas de lo que en realidad es. Y los ojos, distorcionados e inyectados en sagre, me observan como si fuera la más jugosa de las presas.

Trago saliva sonoramente y comienzo a buscar vias de escape ante el inminente peligro. Ya no era esa pequeña, ahora estaba otra vez en mi cuerpo de adulta y no me gustaba nada como pintaba la situación. De repente y sin darme tiempo a reaccionar, el vampiro, se lanzó sobre mi cuello desgarrado la sensible piel. 
Intento desesperadamente desprenderme de él, pero mis esfuerzos son inútiles y siento como cada vez ejerce mas presión, creandome un dolor casi agonizante. No puedo pedir ayuda, pues ya no soy capaz ni de controlar mi propio cuerpo. Solo rezo para que el horrible suplicio termine lo antes posible. Es irónico como he acabado nuevamente en sus fauces, pero esta se siente peor, mucho peor....

La sensación de ahogo se hace cada vez mas presente, mis ojos se cierran y solo veo oscuridad, no se como aún no he perdido el conocimiento, pues por toda la sangre que siento resbalar por mi ropa no debe quedarme mucha. Parece que nunca se acaba, parece que la tortura no tendrá fin. Pero estaba tan concentrada en dejar de sentir dolor que ni siquiera fui conciente de cuando los colmillos dejaron de ejercer presión.

-Ya puedes abrir los ojos...

Guiada por la suave voz que me habla obedezco algo renuente la orden, temiendo encontrarme nuevamente con un par de ojos carmesí. Pero para mi sorpresa el lugar en donde estoy es completamente diferente. Un espacio completamente blanco y sin fin me da la bienvenida, a mi alrededor solo se encuntra la nada.

-Estoy aquí detrás.

En un rápido movimiento me volteo y observo fijamente a ese chico con el que no dejo de soñar y que ni siquiera se de donde ha salido. Ni siquiera se su nombre, podría preguntarselo pero estoy casi segura de que no me lo diria. Es una persona demasiado misteriosa, aunque ni siquiera se si deba llamar asi a este producto de mi imaginación.



Mary

Editado: 21.10.2019

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