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Capitulo 3

Maldigo una y otra vez a Clay. Prometió traerme al aeropuerto con tiempo perfecto para tomar el vuelo que acabo de perder, pero una conferencia en línea con directivos de Europa se atravesó por la zona horaria y ahora estoy en la sala de espera intentando no morir de aburrimiento durante cuatro horas. Grandioso, llegaré a Nueva York a las 8 de la mañana si corro con la suerte suficiente de encontrar un lugar disponible en el siguiente vuelo. Sólo podre dormir cinco horas y tal vez no lucir como zombi durante la gala del museo de arte metropolitano. Los preparativos de mi vestuario comenzaran al medio día de mañana.

Me recuesto en el asiento observando que todo continúa sin cambio alguno.

«Maldito seas Clay»

Nuevamente consigo tranquilizarme recorriendo una de mis cuentas en redes sociales en busca de una distracción.

Veo las fotografías de Kay en su viaje a Praga, tuvo una semana intensa de trabajo entre campañas y eventos a los que asistir. Nicole se ha encargando de la mudanza de Kay en la ciudad de las estrellas, por ello la razón de que esté aquí. Me imploró ayudarle un poco mientras Kay permanece fuera. Jamás puedo decirles no a ese par, y todo salió mal gracias a mi novio. El enojo reaparece sin esfuerzo alguno. ¿Qué más puedo hacer? molesta o no, esto no adelantara mi posible vuelo.

La pantalla blanca de mi celular se enciende al recibir un nuevo correo. Es la confirmación de Christina, mi estilista de moda del día de mañana. Doce del día en el hotel Bowery. Adelanto mis posibles elecciones de vestidos con una serie de fotografías que ha enviado, Dior, Givenchy… Versace me encanta, pero es un Alexandre Vauthier de abertura hasta el muslo que me roba un suspiro.

El volumen de voces provenientes del pasillo terminan con la tranquilidad de la sala. Destellos de luces comienzan a aumentar la iluminación de cualquiera que venga frente al sequito de paparazis que camina hacia atrás por conseguir la mayor cantidad de fotos posibles. Chris McCoutey camina de la mano de una joven de piel blanca y cabello negro con guardias de seguridad a su alrededor. En segundos aparece una rubia de mediana estatura, usa lentes, lleva un vestido azul y el cabello más lacio que haya visto. Lo detiene por segundos informando algo que parece no agradarle.

Después de la primera y última vez que lo vi no sabría que decir. Decido no averiguarlo y me encamino en busca de la primera cafetería que encuentre. Necesito mantenerme despierta para asegurar mi viaje de regreso a Nueva York.

 

—Descansaste lo suficiente en Bali y aún así te enojas porque el auto no ha llegado. —Una aguda voz femenina atraviesa la puerta de la cafetería hablando fuerte y claro.

—Lo que me molesta es eso. —señala a los fotógrafos que aún continúan capturando cada uno de sus movimientos.

Regreso la mirada al mostrador al escuchar mi nombre, mi café está listo y también yo para regresar a la sala de espera. Será imposible evitarlo, la entrada es la misma que la salida y ellos no se han movido de ahí.

—Alexz.

—Chris. —muestro la sonrisa más nerviosa que jamás haya brindado.

—¿Alexz? —La chica de ahora grandes y luminosos ojos azules repite nombre. —Oh Alexz —Esta vez lo dice como si me conociera.

—Mi hermana, Andrea.

Esta chica luce totalmente diferente a la pequeña de 14 años que encontré en la red. Lo admito, después de conocer a Chris McCoutey mi necia curiosidad por averiguar un poco más de él me llevó a navegar por la red durante un par de horas. Andrea es alta, de piernas largas y bronceadas, un cuerpo curvilíneo y una sonrisa que contagia a cualquiera.

—Hola soy…

—Alexz Shaffer… lo sé. De hecho creo que ya te conozco, es como si fuera una experta en ti.—Chris la mira con ironía.

—Espero no hayas encontrado mi oscuro pasado. —bromeo un poco tratando de aligerar su extraña confesión.

—¿Qué haces aquí? —pregunta él.

—Qué mas que tomar un vuelo. —La sarcástica confirmación de Andrea me hace reír y a él mirarla con desaire.

—Sí, así es. Nueva York espera por mí.

—Amo Nueva York, la capital del mundo. El próximo mes iniciaré en NYU. —anuncia Andrea con gran emoción —¿Irás a hacer alguna campaña?

—No, la gala del museo espera por mí.

—Oh por dios, Anna Wintour, Sarah Jessica Parker... —nuevamente me hace reír. Parece toda una amante de la moda al mencionar un buen número de diseñadores y por supuesto a la emperatriz de la industria.



Silye Filan

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En el texto hay: triangulo amoroso, fama, moda

Editado: 20.05.2019

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