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Capitulo 21

Acelera a una velocidad impensable. Los fuerte rayos del sol caen sobre nuestros cuerpos por segundos a medida que el aire nos refresca. La música sigue sonando a buen volumen como si el ruido ambiental no afectara ahora la voz de Ryan Tedder en lo mínimo.

Esa canción por un tiempo fue una de mis favoritas. Recuerdo tenerla de tono de llamada por meses hasta que el fastidio de Kay la sustituyó por un simple sonido de campanas. Sin darme cuenta, mi pie comienza a moverse al ritmo de la canción y comienzo a cantar.

—Con que Ryan Tedder, eh.

—Ese hombre es un dios en lo que hace. –Digo sin represión a equivocarme.

—Y yo que creí que era el único —Cambia de velocidad por medio de unos botones en el volante —… en tu vida. El nombre lo tiene horrible. —Suelto una carcajada al escuchar su falsa depresión.

—Claro que eres el único dios en mi vida. –Aseguro recargando mi cabeza en su hombro —A Ryan aún no lo conozco.

Su sonrisa incrédula me regala un beso en la frente.

Recorremos un pequeño camino empedrado situado en el campo rodeado de naturaleza. Chris comienza a bajar la velocidad y el volumen de la música.

El despejado cielo azul se posa sobre una casa de cristal de un solo piso. Aparca el auto en las afueras de la pecera. La siguiente casa está por lo menos a unos cien metros de nosotros.

Sin esfuerzo alguno baja las dos maletas, saca uno de los brazaletes, lo desfila sobre el censor de la manija y la puerta se abre.

Cede el paso. La barra de la cocina integral está a mi lado izquierdo completando un pequeño comedor para cuatro personas y una sala lounge igualmente básica. El pasillo dirige a tres habitaciones con sólo camas matrimoniales. El espacio se expande camino hacia la terraza con una sala un poco más grande, un jacuzzi y una piscina no demasiado grande. El pasto es el que ocupa la mayor parte del terreno al fusionarse con el resto del campo.

—¿Qué quieres desayunar? – me saca de mis pensamientos en cuanto llega a la terraza conmigo.

—No puedo creer que vengas cada año a esta “mansión”. ¿No es muy poco para ti?

—Es parte de la experiencia. Vienen los amantes de la música no de la comodidad y este festival vale más la pena que todas las maravillas de un hotel de lujo. Además nada es poco estando contigo. —Sus brazos enroscan y juntos admiramos el boscoso paisaje.

—Todo es increíble. El clima, el paisaje, tú. —estiro los brazos hacia su cabeza y mis dedos se entrelazan con su cabello.

Coloca las manos en los bolsillos de mi short y me besa tiernamente.

—Es tu cumpleaños, yo cocino. —camino de nuevo al interior de la casa, a la cocina. Abro la nevera y la alacena. Nuestras opciones son bastas: huevos, leche, tocino, ingredientes para panqueques y pan francés, jugo y un poco de carne.

Pongo uno de los sartenes de teflón más extensos que encuentro. Enciendo la hornilla, con un poco de dificultad pero nada que no pueda solucionar. Desvanezco la mantequilla y dejo que tome temperatura. Mientas bato en un cazo los huevos y agrego sal y pimienta.

Cuando el sartén está caliente coloco mi mezcla y revuelvo hasta que se cocinen. Estoy atenta porque se hacen en menos de un par de minutos y normalmente consigo más huevos quemados que otra cosa. No me puedo dar el lujo con Chris McCoutey.

Agrego un poco de queso parmesano. En un segundo sartén caliento los trozos de tocino hasta alcanzar una dorada y crujiente superficie. Los sirvo a un costado de los huevos en los platos.

En un cazo mezclo leche, esencia de vainilla, canela, sal y la pimienta. Remojo las rebanadas de pan en esta mezcla. Con cuidado de no deshacerlas. Caliento en una sartén un poco de mantequilla, coloco el pan y comienzo a cocinarlo hasta que está bien dorado. Lo sirvo para completar los alimentos. Saco el jugo de naranja de la nevera.

—¿Necesitas ayuda? —Mi sous chef ha llegado un poco tarde después de no tener idea de que lo tenía tan ocupado.

—No ‘cariño’. —sonríe en negación ante mi imitación —Todo listo. Gracias.

Acerco su plato a la barra, con el vaso de vidrio de jugo de naranja y me siento frente a él. Saborea el platillo y comienza a devorar velozmente.

—Nada mal para un desayuno americano. ¿Dónde aprendiste a cocinar?

—Los viajes al extranjero me obligaron un poco. Soy experta en este tipo de desayunos. Estando en diferente países es lo más fácil y rápido que se puede hacer. Aunque también soy muy buena comprando comida hecha.

Su sonrisa me conquista como cada vez que muestra sus perfectos brillantes dientes. Su mano alcanza la mía y acaricia mis dedos.



Silye Filan

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En el texto hay: triangulo amoroso, fama, moda

Editado: 20.05.2019

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