Prohibido Amarte

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Capítulo 23

Al entrar por la puerta principal, Max no lo penso dos veces y me sujeto entre sus brazos, subio las escaleras y al llegar a su recamara me deposito lentamente en la cama,

–No sabes cuanto me resisti por no hacerte mia en el auto –me beso lentamente en los labios y con sus manos empezó a acariciarme todo el cuerpo –eres solo mia.

–Claro que si Max, soy toda tuya –esas plabras bastaron para que posea mi cuerpo desesperadamente. Me ayudo a ponerme de pie y empezo a depositarme besos calientes desde la boca lentamente bajo por el cuello y mordío aquella oreja.

–Ah Max –salio un pequeño gemido de mis labios y eso lo provoco más, avanzo por los hombros y volteándome lentamente bajo el cierre del vestido, una vez que este cayera al suelo, con movimientos lentos pasos sus dedos desde mi cuello hasta el trasero, provocandome respiraciones aceleradas. Con mano firme sujeto mi redondo trasero y con la otra empezó a acariciar mis pechos que aun estaban ocultos tras la ropa interior sexy que el escogio para esa ocasión. Al verme excitada cada vez más por aquellos movimientos de sus agiles manos, decidio llevar una mano hasta mi entre pierna y empezó a acariciar la entrada a mi vagina –ohh amor –esa única palabra hizo que Max se detuviera –¿Qué paso? ¿Estas bien? –le pregunte mientras me volteaba y lo miraba directamente a los ojos.

–¿Qué fue lo que me dijiste? –sujeto con ambas manos mi rostro.

–Lo siento –agache la mirada –me estoy tomando muchos atributos, no volverá a pasar, será mejor que me retire a otra habitación –hable mientras retiraba sus manos lentamente y camine directo a la puerta y antes de que sujete la manija, sentí sus brazos a mi alrededor. 

–No me molesto lo que me dijiste, solo que… es la primera vez que me dices eso y me sorprendio mucho ya que me acostumbre a que me llames Max o a veces que me trates de usted.

–Dime tú como quieres que te llame –sujete su mano que posaba en mi cintura.

–Dime AMOR –la giro lentamente y sujetando su rostro deposito un beso delicado –vayamos a descansar –espera pensé que tendría sexo alocado toda la noche y sin más me guio hasta la cama y al recostarnos me rodeo con sus brazos y descansamos tranquilamente.

La alarma del despertador anunciando que eran las seis de la mañana me despertó y al abrir los ojos me encontró con la cama vacia, incorporándome lentamente me dirigi hasta el baño y escuche la voz de Max, al parecer estaba teniendo una discusión con alguien.

–Te dije que no te metas en mi vida –grito por el teléfono –ya te dije que no me casare con ella, y puedes ahorrarte todo tu dialogo –hablo mientras abria la puerta y al verlo estaba con él rostro muy molesto –buen día mi amor.

–Hola –respondi a su beso –¿Cómo amaneciste?

–Estoy bien pequeña, será mejor que nos alistemos ya que nuestro vuelo sale a las 8 –sujeto mi mano y me invito a darnos un baño juntos - ya esta mejor tu pie -me levanto entre sus brazos. 

–Max aun me tengo que quitar la ropa –me mire por el espejo.

–Te ves sexy con ese interior –estaba parado detrás de mi y me beso el hombro –ahora a la ducha –y sin más entramos juntos y nos tomamos un delicioso baño, Max me beso lentamente y con movimientos lentos me quito el brasier y al tener a la vista esos senos perfectos sujeto con sus manos y lentamente se introdujo un pezón ya erecto a la boca empezándolo a succionar mientras que de mi garganta solo salieron gemidos provocados por el, empezando a juguetear con ellos, sentía que en cualquier momento llegaría al climax, estaba completamente mojada y no por agua que caia en nuestros cuerpos sino por todo el placer que el provocaba en mi cuerpo.

¡Cómo me ponía decir Sr. Zimmermann! ¡Sr. Zimmermann! ¡Sr. Zimmermann! Pues ahí estaba, fuera del coche charlando con su chófer. Me saludaron correctamente y entre en el sillón de atrás con Max que seguía en una actitud seria, nada que ver con ese otro hombre natural y seductor que me hacía temblar.

¿Preparada para una dura semana de trabajo? –preguntó sujetándome la mano.

Claro, soy muy trabajadora –solté con una risa irónica sin mirarlo a los ojos.

No lo dudo amor.

Tengo la sensación de que estás preocupado – dije con formalidad.

No. No lo estoy …

Pues lo parece. Espero que, por el bien de la empresa, todo vaya sobre ruedas, Sr. Zimmermann – dije secamente como si no nos conociéramos de nada.

Debe salir bien. Este viaje es importante por muchos motivos.

Espero estar a la altura – dije mientras me apoyaba en su hombro.

Me puso a mirar por la ventana. La ciudad despertaba. Un silencio volvió a hacerse presente durante unos minutos.

Llegamos al aeropuerto y el chófer nos acompañó a facturar las maletas y luego nos despedimos de él. Max apenas me miraba. No había nada de cariñoso en su actitud, ni siquiera esa cortesía o caballerosidad que lo definían.

Fueron a pasar el control y se quedaron dentro de la terminal tomando algo hasta el aviso de salida de su vuelo. Entraron en una cafetería que había dentro de la zona VIP y se tomaron un desayuno impresionante, un desayuno inglés con bacon y huevos fritos. Hacía años que no desayunaba así. Aquel desayuno le dio tanta sed que no paro de beber agua hasta embarcar.

¿A quién se le ocurre zamparse las salchichas y las alubias, además del bacon, antes de  despegar? Lo iba a flipar en el vuelo cuando el estómago se pusiera a hacer la digestión en pleno despegue. Pero estaba nerviosa y solo encontro en el acto de comer una forma de disimular su enfado. Porque estaba enfadada. No podía comprender por qué demonios se estaba comportando así aquel dios griego.

Apenas hablaron, pues él estaba todo el tiempo mirando el periódico y Layla con su tablet enganchada al wifi, revisando las redes sociales. A veces le daban ganas de meterle un grito y decirle que hablara pero no estaba en condiciones de hacerlo. Sin embargo, se le ocurrió una genial idea. Como es muy cabezota, sabía que esa idea iba a llevarla hasta el final. Esta vez estaba dispuesta a jugar con él así lo tendría controladito durante toda la semana. Si él estaba en ese plan de jefazo, ella lo iba a tratar como tal. Ya le había terminado de tocar la moral por completo. Ahora le tocaba tomar las riendas de la situación.



Susy Davalos

Editado: 13.09.2019

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