Prohibido Amarte

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Capítulo 24

Cuando entraron al avión y vio los asientos de los otros, se quedé sorprendida ya que pensaba que aquello era un lujo que jamás en la vida se habría podido permitir.

Solamente los ricos podían acceder a esa clase de privilegios. Se pasaron todo el vuelo viendo películas y durmiendo a ratos. A veces ella tenía que ir al aseo a descargar, pero su estómago y sus intestinos estuvieron a la altura de las circunstancias.

Charlaron en varias ocasiones sobre las películas que habían acabado de ver, un pequeño intercambio de opiniones. A veces tenía la sensación de encontrar en algunas de sus intervenciones al Max que la hechizaba, pero enseguida volvía a ponerse serio y a distanciarse un poco, queriendo mostrarle que era un jefe, dominador y egocéntrico.

Salieron directamente hacia fuera de la terminal. Era muy extraño que no cogiéran las maletas pero Layla solo se limito a seguirlo. Después vio a un señor con un cartel con el nombre Sr Zimmermann. Al llegar se presentó. Les dijo que le acompañáran hasta el coche pues enseguida traerían sus equipajes.

Estaba embelesada por los taxis que habían aparcados en esa terminal ya que todos eran de colores llamativos. El naranja fuerte era el más repetido. Lo que si le impactó era que todos los brasileros tenían una sonrisa en los labios y se notaba que eran muy respetuosos.

Pasado varios minutos aparecio otro chico con el equipaje. Lo colocó en el maletero.

–Quiero que vayas al hotel con el chofer –hablo sujetándole de la mano.

–¿Y tu a donde iras? –lo miro de manera preocupada.

–Ira a solucionar un asunto, pero no te preocupes regresare rápidamente –y sin más subio a uno de los autos que los esperaban. Al parecer algo raro ocurria ya que no se iria dejándole sola asi sin más. Decidida a disfrutar su estancia, subio al auto y se dirigio al hotel. Le impresionaba todo lo que veía por el camino. Ese país era otro mundo, el paraíso en la tierra. Por primera vez entendío lo que era el exotismo: sus gentes, su fragancia, su clima, sus colores le emocionaron.

Cuando llego al hotel se quedé más impresionada aún. El complejo estaba en una villa, una antigua residencia real junto al río. Todo estaba hecho con el estilo brasileño. La piscina era paisajista y desde las ventanas tenías las impresionantes vistas al mar en Rio.

La acompañaron hasta la preciosa villa suite. Se quedo atonita al comprobar que dormiría junto a Max. No era la primera vez que compartirían  una cama juntos, pero esa situación al parecer la inquietaba un poco y más con su comportamiento reciente. Le enseñaron atentamente toda aquella preciosa suite y luego la dejaron sola. Sin animos de ver la villa se acomodo en el sofá y penso en lo que estaría haciendo Max.

Sentía que era levantada en los aires, poco a poco le llego un aroma único que conocía perfectamente y al abrir lentamente los ojos vio a Max cargándola en brazos.

–Como pudiste dormirte en el sofá –la acomodo lentamente y sujetando una manta le cubrió el cuerpo –cuando llegue pensé que te habias ido a conocer lugares.

Se quito los zapatos y se acosto a su lado.

–¿Qué hora es? –pregunto mientras se acurrucaba en sus brazos.

–Son las 2 de la tarde –le beso la frente.

–Dormi demasiado tiempo –con una mano sujeto su rostro y le dio un beso –¿ya almorzaste?

–Aun no amor, pedi que trajeran comida –empezó a besarle el cuello –a menos que quieras otro tipo de comida.

Al escucharlo hablar asi lo único que hizo fue reirse por el comentario.

–Si me gustaría, pero primero quiero saber a donde fuiste –le pregunto mientras se incorporaba en la cama y lo miraba directo a los ojos.

–Layla no me gustaría hablar de eso –sujeto su rostro y dándole un beso delicado, se levanto de la cama y se dirigio al baño.

Escucho correr el agua y sin más se recostó en la cama mirando algo en el televisor, al pasar unos minutos, el celular de Max empezó a sonar y sin pensarlo dos veces contesto la llamada.

–Hola amor –escucho al otro lado –supe que estas en Rio, te gustaría que te visitara en la noche.

–Buenas tardes –hablo Layla.

–¿Quién eres tu? ¿Y donde está Maxi? –hablo con su voz chillona.

–Soy su secretaria, el señor ahora se encuentra en la ducha.

–¿En la ducha?, ¿están durmiendo en la misma habitación?

–¿Qué haces Layla? –hablo Max mientras salía con una toalla alrededor de su cintura.

–Tienes una llamada –le entrego el teléfono –perdón por contestar –y diciendo esto último se dirigio al baño, dejándolo solo.

Sin pensarlo se quito la ropa y entro a la tina llena de agua, estaba pensando en las palabras de la mujer con la que aun hablaba Max. Pasados varios minutos salio de la tina y cuando sujeto la toalla para cubrirse el cuerpo desnudo, por la puerta entro Max rápidamente y al verle a Layla.

–¿Te encuentras bien? –hablo mientras la veía pasar por su lado sin recibir respuesta alguna y al no querer que las cosas continúen la abrazo por la espalda –amor no quiero que estes asi por esa llamada.

–Y como quieres que actue –hablo mientras apartaba las manos de su cuerpo –se que no tenemos nada y todo eso pero estar en está situación no me gusta, creo que lo mejor seria que ya no pasara nada entre nosotros, hagamos como si nada de esto paso. Tu sigue con tu vida rodeado de mujeres y yo seguire con la mia.

Y diciendo se fue rápidamente hasta el armario y sujetando su ropa volvió a entrar al baño, dejando a un Max muy molesto y furioso, ya que no le daba la oportunidad de explicarle. Cuando la vio salir le prohibio el paso y al final pudo hablar.

–Max déjame pasar –hablo mirándolo fijamente a los ojos.

–No me moveré hasta que me escuches –hablo mientras colocaba ambas manos en el marco de la puerta.

–No tengo nada que escucharte, asi que será mejor que te muevas, si no deseas que te mueva –hablo sujetando su brazo –y creo que ya sabes como puedo moverte.



Susy Davalos

Editado: 13.09.2019

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