Prohibido el amor

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Capítulo 5

Expulse el aire que, sin darme cuenta, había estado reteniendo en mis pulmones.

Di algo, estúpida.

—Este… ¿Podrías volver a dormir? Estaba en medio de algo—. Dije, tocando el lóbulo de mi oreja.

Para la próxima, mejor quédate con la boca cerrada.

Esteban, todavía sentado en el sillón, arquea las cejas—. ¿Acaso pensabas violarme? ¿Tan desesperada estas? — Pregunta en tono burlón.

Podía jurar que mi mandíbula llegó hasta el piso. Pero si eso pensaba…

—Ya te dije que te deseo y está mañana me dejaste hirviendo, ¿Qué esperabas? Quería venganza, nada más —. Termine sentándome en sus piernas; me iba a acercar para besarle el cuello e ir subiendo hasta sus labios, pero de una forma muy rápida, se levanta todavía conmigo encima y me deposita en el sillón; apoyando sus manos en los brazos de este y se inclina hacia mi.

Pero en ese movimiento, se cae una fotografía que tenía en su pantalón; él ni se había percatado.

—Usted, señorita Wilde, necesita ser castigada.

¡911!

Carraspeé—Por favor, evitese la molestia, ya mucho hizo la otra vez—Dije mostrando indiferencia.

—¿Evitarme la molestia? ¿Por qué vienes a mi y luego quieres huir como una cobarde? — Pregunta y se va acercando más. ¡Ja! Esa táctica ya la conozco.

Él ya se había quitado muy fácilmente la cuerda y eso que creía haberla atado bien. Sin quitarme un ojo de encima, une mis manos y va enrollado la cuerda, cada vez aprieta más haciendo que se me salga un gemido. Estaba atento de cada mínima reacción.

—Así era como tenías que hacer lo—. Termina alzando mis brazos; por suerte, me quedaban las piernas libres así que le propiné una patada en su entre pierna, haciendo que este caiga en la mesita y gima del dolor.

—Con que te gusta a lo rudo ¿eh?—Hizo el intento de levantarse con una mueca de dolor, pero la puerta se abre de golpe.

¡Por Dios! ¿Pueden dejar de interrumpir?

Eso no era lo que tenía que haber pensado.

¡Gracias a Dios!

—Señor Hoult, ¿Qué pasa aquí? —Pobre hombre, de seguro pensó que habían entrado a robar; entró con su arma apuntando en todas las direcciones en busca del intruso.

—Más bien, debería darme una explicación  —Dice señalando en mi dirección, pero sin mirarme.

Aproveche ese pequeño momento de distracción para recoger rápidamente la fotografía y la guarde en mi tula.

—E-esto… señor…—tartamudea y se revuelve el poco cabello que tiene.

—Lo que pasa—dije levantándome — es que quería despejar mi mente y no tenía donde más ir. En Rafa fue el único en quien pensé…—hago una pausa —¿Me desatas?
Hizo caso omiso a mi último comentario.

—Ah, cierto. Ya se me olvidaba porqué estabas aquí —dice y se acerca a Rafa y le pone la mano en su hombro—. Encontré a la señorita Wilde, en el pasillo llorando y, me ha comentado el problema con su pareja—Dice negando con la cabeza—Entonces…—Avanzó hasta donde estaba— opte por enseñarle una técnica muy útil en caso de emergencia.

Espera, ¿Cómo es que...?

—¿Cómo lo sabes? — Le susurre una vez que se encontraba cerca.

—Tengo mis métodos—. Dice guiñándome un ojo.

¿Será que puede leer la mente?
Te. Quiero. Encima. Mío.

—Y No, no puedo leerte la mente— rodea los ojos —Aunque no hace falta hacerlo para saber lo que piensas.

Si mañana llueve , se arruinaria mi maquillaje.
Los peces nadan.
Las aves vuelan.
No pensar en nada salvaje.

Habíamos olvidado la presencia del vigilante— Señorita, a usted la hacía en la planta baja…

—Y lo estaba, pero no quería preocuparle con mi llanto, Rafita.

—Bueno, mucho drama— agarra mi muñeca y me hala— nos vam…

No dejo que termine y me suelto de agarre y, por cierto, tenía la mano cálida; iba a protestar, pero me interrumpió.

—A menos que quieras quedarte con Rafita —Dijo haciendo una mueca.

—Me parece muy bien, ¿Cierto, Rafa? — Dije mirándolo con súplica, pero él estaba viendo al lado mío donde se encontraba Esteban, tragó con dificultad.

Volteó para ver a Esteban y este se puso serio al instante y se pasa la mano por el pelo mirando en otra dirección; podía jurar que estaba haciendo muecas a mis espalda. Lo miro con los ojos entrecerrados.

—En realidad, no se puede quedar aquí, señorita— Dijo Rafael. Esto me huele a traición—. Lo lamento…

Puse las dos manos en el pecho, fingiendo estar dolida. Esteban agarra la cuerda y la Hala, llevándome arrastrada.

—Te llevaré a un lugar perfecto para bajarte esa calentura, mujer —. Dijo con una sonrisa ladeada y mirándome de reojo.

¡Haberlo dicho antes!



Laury M. S.

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En el texto hay: desamor, desafios, amor en el trabajo

Editado: 10.02.2019

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