Prohibido el amor

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Capítulo 13

Cuando me fui a reunir a la sala con Esteban, ya arreglada como toda una diosa a lo natural, estaba todo organizado y en una mesa había varias bolsas. Él estaba acostado boca arriba en un sofá, tenía su brazo sobre su cara.

Tenia puesto un estilo parecido a la camisa que me había prestado, pero de color negro al igual que su pantalón; parecía como si fuera para un funeral—No muy lejos estaba de la realidad—, pero se veía muy bien.

Silbé.

—Como que te ha sobrado tiempo, eh—Dije, parándome a su lado con los brazos cruzados.

—Como que te has demorado— Contraataca.

—Y eso que no me maquille.

—Ya tenía el presentimiento de que sería mi día de suerte—Dice dando un corto bostezo y se sienta—¿Lista?

—Cuando quieras, la cuestión es si tú lo estas—Le guiñé un ojo.

Rodea los ojos y se levanta haciendo que tenga que alzar la cabeza para mirarlo a los ojos.

—Pisando terreno peligroso desde tiempos remotos... ya te lo he dicho, sólo hay una forma de saberlo—hace una pausa y me queda mirando fijamente—Pongámonos en marcha.

Recoge las bolsas y mi tula y avanza hacía la salida y yo, como toda una perrita, voy siguiéndole el paso... admirando la buena vista.

Luego de poner las bolsas en el maletero, Esteban, como todo un caballero, me abre la puerta del copiloto, pero yo le hago ademán para que entre. Rodeé el auto y me introduje en el asiento del piloto.

—Mi turno de conducir—Dije, él todavía no había entrado, quizás sopesando las posibilidades de salir con vida.

Se inclinó—¿Tienes licencia? —Hizo una mueca—Déjame hacer una llamada, tenía pensado dejarle la herencia a mis hijos y una parte a donación. Al parecer, voy a tener que dotarlo todo.

—¡No seas dramático! Como mucho, tendrás unos que otros rasguños.

—Mejor que sean dos llamadas, tendré que advertir a mi médico—Hace una pausa mientras busca en sus bolsillos y saca un bolígrafo—¿Tienes un papel?

—Y ahora, ¿Para qué? —Respondí irritada.

—Para dejar una nota por si llego a morir y tu quedas con vida, que es lo más probable porque siempre a los buenos nos terminan enterrando y, ustedes los malos, quedan vivitos y coleando—Se sentó a mi lado con fingido recelo—. Entonces, si llego a cruzar al otro lado y a ti te dejan tras las rejas. Por lo menos estaría en paz a sabiendas de que nadie más sufriría. 

—¿Ya terminaste? Si vas a morir, deja de lloriquear tanto.

—Soy un hombre de plan...

—Si, bien. Enhorabuena—Lo interrumpo —Ahora, abróchate el cinturón, mira que está en juego algo muy importante y no voy a llegar tarde.

—Mi vida, claro.

—Emm, no. Me refería a la torta de café.

Esteban había estirado el brazo para cerrar la puerta—Si le dejas un solo rasguño a mi auto, te lo descuento del suel...

No dejé que terminará. Pise el acelerador y salimos volando, literal; me gustaba el sonido del motor.

Le había advertido que se colocará el cinturón; su cuerpo se inclinó pero él fue más rápido y puso la mano que tenía libre en el  tablero, impidiendo que se golpeara la frente. Por fin se había cerrado la puerta de un portazo.

Se acomodó y se puso rápidamente el cinturón.

—No eres nada una broma.

—Tómame en serio y verás cuánto vives—. Lo mire y le sonreí.

—No, no. ¡No me mires, mujer! Mira hacia el frente.

Me costó unos minutos llegar a la carretera, me alegraba ver a los autos circular; sentía que había pasado mucho tiempo de que vi a muchas almas fingiendo que son felices.

—La vista que tenía estaba mucho mejor—Susurre, no podía dejar su comentario en el aire.

Lo miré.

Él intercalaba la vista entre la carretera y yo. En una de esas, agarra el volante y lo gira hacia la derecha, por poco y chocamos contra un carro.

Me miró con advertencia.

—Esta bien, está bien—Me rendí alzando las dos manos, lo que hizo que, por acto reflejo, Esteban volviera a tomar el volante.

—Por el amor que le tengas a la vida, concéntrate.

—Ya, ya. Pero tranquilizate, ¿Quieres?

Retome el control del volante y me concentre en lo que tenía al frente.

—Entonces... ¿Qué me cuentas de tu familia?

—¿Familia? Eso ni tu te lo crees, ya vas a comenzar a sonsacar información de mis hermanos...

—Bien, mejor cuéntame sobre la pelirroja.

—Mejor hablemos sobre el problema que tienes con tu parejita. Eres buena actuando, por cierto. Por poco y hasta me convences.

—¿Sabías que? Es de muy mala educación espiar a los demás y luego salir corriendo a tu despacho y terminar haciéndote el dormido.

—¿Por qué tendría que salir corriendo? Todo lo que pisabas, cada centímetro, me pertenece; bueno, ahora mismo más a mi padre que a mi, pero no pasará mucho para que sea completamente mía.



Laury M. S.

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En el texto hay: desamor, desafios, amor en el trabajo

Editado: 10.02.2019

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