Prohibido el amor

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Capítulo 18

—¿Dónde está? —Abrí con brusquedad los cajones que tenía utensilios de cocina perfectamente organizados o así se suponía que tenía que estar antes de los tocará.

En la cocina no iba a estar, claro. Ahí sólo había un cuchillo filoso que me podía servir perfectamente, pero eso no era lo que quería, no era lo que necesitaba para asesinar a Lucas como él realmente se merecía.

—Pero mira que desastre—Dijo mi madre en tono dramático. Ella era una obsesiva del orden, pero había parido a un huracán ¡Ella tenía la culpa! Que siguiera sufriendo las consecuencias—. ¿Qué estás buscando? —Se posicionó a mi lado y me giró para que pudiera verla.

—Confíe en ti—Imite un sollozo—Te confíe mi vida y dejaste que te la arrebataran.

—Deja de ser tan dramática—Rodea los ojos—Tu padre me había llamado ya que tuvo un pequeño accidente en el baño y ya luego nos…

Escuche a alguien aclarándose la garganta haciendo llamar nuestra atención. Había sido mi padre que se encontraba en la sala seguido de Estaban y Lucas.

Con eso creía que ya se le podía sacar de la cabeza a Esteban de que podía ser adoptada.

Lucas me miró divertido e hizo una seña hacia su estómago y se lamio los labios. Me troné el cuello.

—No mas espera a que lo encuentre.  Vas a suplicar que te deje vivir.
Iba a correr, pero no tras mi hermano, primero era lo primero. Él no se merecía mis puños, yo lo único que quería era ver muerte. Mi madre me detuvo agarrando mi cabello, haciendo que me quejará del dolor.

—¡Tengo el cuero cabelludo delicado, mujer!

—Ya compórtate, ¿Quieres? —Señaló a Esteban—Tenemos visita.

—Ah, no—Comenzó a decir Lucas— Ellos ya tuvieron que haber llegado lejos…—volteó a ver en dirección a nuestra madre que le dedicaba una morada asesina— En el auto, claro— palmeo el hombro de Esteban que, se encontraba disfrutando de la escena familiar—¿Verdad, hermano? Lo que me sorprende es que todavía sigas con vida. Él otro, ¿Cómo era que se llamaba? Lo tengo en la punta de la lengua—. Se toqueteo la frente—Ri… ¿Ricardo?

—Riordan—Dijo mi padre con desdén.

—Si, maldito ese que…

—Como iba diciendo—Lucas se arriesgó a interrumpir a una mujer peligrosa que tenemos como madre—Se aburrió, por eso la termino dejando; ya la había aguantado mucho.

—Él se me adelantó, yo pensaba hacerlo primero.

—Si, claro—Enarcó las cejas.

—Como sea…

—Ahh, con que fue con él que tuviste el problemita de las apuestas y…

—¿Apuestas? —Dijeron mis padres al unísono, tratando de recordar.

—No, no. Ese fue un sueño.

—¿Sueño? —Ahora era el turno de Esteban para enarcar las cejas.

—Si, me había quedado dormida.. —Fui interrumpida por Lucas.

—No me digas…

Lo ignoré.

—Tuve un sueño muy real y, cuando me levanté, permaneció el sentimiento. Sentía que esa persona llegaría y me haría daño.

—Ya...

—De seguro hizo una de sus actuaciones para salirse con las suyas—¿Quién sigue dejando meter a Lucas en la conversación?

—Te equivocas.

Al parecer era tan obvio que no valía la pena seguir con esa conversión.

—Bueno, respecto a lo anterior; ella ha querido manejarlo, pero no ha podido. Además, cree que el modelo es diferente de lo que ve, no sabe ella del potencial del auto—Miró en mi dirección como si eso simplemente respondiera a mi pregunta.

—¿Qué te está pasando, hermana? —Dijo con decepción—esa no es la Keira que yo conozco.

Entendía que no quería tener nada que ver con el amor, pero ¿Qué tenía que ver eso con lo que le pedía? Vamos, no es como si quisiera algo serio. No estaba buscando romance. Al principio me había acercado a él con la intención de llevarlo a la cama por el reto, ahora se había vuelto algo personal; casi hasta se me había olvidado. 

No podía dejar a mi hermano con esa decepción fingida que, escondía una sonrisa, esa misma que pone Esteban y que tanto había llegado a odiar.

Él era el primer hombre que no había caído. Tenía el presentimiento de que había algo atrás de todo ello para que se esté resistiendo. Tampoco era que se acostara con sus empleadas simplemente, me habían dicho algo diferente de él así que, me hubiera detenido desde el principio y la historia sería diferente. Tampoco era  que me hubiera dado por vencida, lo prohibido era una llama de vida para mi.

Los ignoré. Ya les iba a tocar su turno.

—¿Dónde la guardaste?—Me dirigí hacia mía padre.

Llegué a la sala haciéndome paso entre los que ahora habían formado una alianza. Me dio revolqué todo a mi paso.



Laury M. S.

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En el texto hay: desamor, desafios, amor en el trabajo

Editado: 10.02.2019

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