Prohibido el amor

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Capítulo 22

ESTEBAN

Desde pequeños, mi madre se tomaba muy en serio nuestra educación. Todo tenía que ser perfecto y así era, pero las cosas cambiaron en la secundaria, bueno, el que cambió fue Richard ya que tampoco era que se alejara demasiado de su forma de ser, pero había algo diferente y ni siquiera estábamos seguros de que él mismo supiera lo que era. Mi madre se desquitaba con nosotros—No era broma que las personas tranquilas son las más peligrosas… Las apariencias engañan. Lo he dicho, no te fíes de Raquel—, mi padre decía que era por la etapa de la adolescencia y que pronto se le pasaría y por supuesto que no fue así.

Paso sin más, de la noche a la mañana; era hora y seguíamos sin saber la razón. Hubo un tiempo donde Devorah, su melliza, adoptó el mismo comportamiento, ella decía que era por la dichosa conexión que compartían—¡Ja! Más bien aprovecho la oportunidad—; se sentía impotente y vacía, creía que le hacía falta algo, no, lo que había dicho fue que le habían robado algo —de seguro fue lo que le logró sonsacar a Richard y ya salía con que ella también lo sentía y bla bla bla—.

—A la mierda todos y su estúpida cortesía—. Escupió Richard, fue una tarde lluviosa y estábamos reunidos en el gran salón. Mientras se dirigiría a la salida, fue tirando todo a su paso y cerró de un portazo la puerta tras de sí.

Él era todo un misterio; no supimos adónde fue, sólo mantuvo contacto con Devorah y luego regresó para ocupar su lugar.

Llegó como si nada y dijo que se haría cargo de la sede que se encontraba en Medellín y no espero ninguna respuesta, con las misma dio media vuelta y se fue.

En fin, ya me estaba desviando del tema. Nunca había querido ser un hijo de puta—igual que Richard— hasta ese día. Un día que se suponía y debía haber sido lleno de felicidad; por fin iba hacer lo que mi padre nos imponía y de la manera que yo quería. Ni siquiera podía estar furioso, no en su totalidad y menos después de lo sucedido…

Había logrado serlo y vaya que si, pero por alguna extraña razón, con ella no podía. Si, me sacaba de quicio y me daban ganas de dejarla abandona en medio del desierto, pero qué podía hacer si ni yo mismo me entendía últimamente.

Me di cuenta demasiado tarde que caí en su maldita trampa —o tal vez pude haber estado fingiendo… Quizás quería llegar hasta el final para ver qué pasaba. Lo sé, yo tampoco creo que haya sido eso—¿Acaso no podía haber dado media vuelta y subido en el auto? ¿Por qué…? Era mejor no saber la respuesta; quién sabe y termine con una conclusión disparatada y todavía quería creer que me quedaba una pizca de cordura.

Esa mujer me estaba sacando de mis casillas y lo que no cuadraba en absoluto, era que una parte de mi lo disfrutaba y estaba haciendo lo posible por ser la dominante. ¿Qué era lo peor de todo? Que lo estaba permitiendo era como si la hubiera estado esperando todo este tiempo y necesitará de ella, si, obvio me resistía—mucho al principio y ahora era mejor no saberlo—.

Y no, no iba a decir que con ella me sentía vivo, eso nunca pasará. Al igual que mi padre dijo de Richard: es algo pasajero; pero esta vez será cierto. Es simplemente un capricho… Todo pasará y seguirá su rumbo, nada de desvíos.

Bien, ahora sigo sin entender en qué momento me deje ‘dominar'… Al estar con ella era fácil dejarse llevar por la corriente y sin saber que al final nos podría esperar una cascada; o tal vez era consiente de ello, pero con el simple hecho de que ella estuviera ahí, conmigo, hacía que todo fuese perfecto. Ella era lo único que bastaba, era lo único que necesitaba.

No era que me sintiera así solo era una hipótesis y ya estaba pensando como Alexander ¡Por supuesto que esas palabras no habían salido de lo más profundo de mi ser! Si no fue de mi hermano, lo habré leído por ahí, deja de mirarme así, no daré más explicaciones que me voy por otro sendero.

Necesitaba darle forma a todo esto—que fue muy absurdo, por cierto—. Si eso no te basta, lo siento mucho pero es lo único que obtendrás de mi.

Lo dicho, ella era un peligro andante. Al final siempre habrá muerte en su camino—pero eso no impor…—

¿Quieres callarte? Sé racional. Ya mejor deja de pensar y lárgate de una vez por todas. Ve a recorrer el mundo como Devorah y no mires atrás, hazlo sin que importe nada. Olvídalo todo. ¿A qué esperas? ¿Qué te retiene?

Regresando a la realidad, ya se me estaba acalambrando la comisura de los labios; estaba en modo automático—gracias a mi madre—, ella era la causante de que la cortesía se volviera como mi propia sombra ¡Por supuesto que nada ni nadie me podía controlar! Esta bien, dejaré de echarle las culpa a mi madre—sólo por esta vez—. Quizás haya sido activado por mi subconsciente, ¿Vale?

Vaya yo a saber por qué  y tampoco le iría a preguntar que de seguro lo había hasta perdido.



Laury M. S.

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En el texto hay: desamor, desafios, amor en el trabajo

Editado: 10.02.2019

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