Prohibido Enamorarse

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Capitulo Siete

Cuando iba llegando a casa noté que el auto de Jared estaba estacionado por lo que me dio a entender que el estaba aquí. Abrí la puerta principal con mis llaves y si era cierto. Mi madre estaba con él hablando y mostrando fotos.

En seguida me palidecí ya que eran las fotos de cuando era niña. Me acerqué corriendo y le quité las cosas a Jared quien se reía frenéticamente.

— ¡Mamá! —dije reprochando a mi madre. Ella me miró frunciendo las cejas.

—Solo le mostraba las fotos tuyas de cuando ibas a ballet a los cuatro años. —dijo ella quitándome de nuevo las fotos.

Jared aun se reía.

— ¡Deja de reírte! —le dije a él fulminándole con la mirada, me sentía furiosa y además avergonzada por su culpa.

—Bueno es imposible no reírse, te veías demasiado graciosa. —repuso volviendo a mirar el álbum que mi madre volvió a entregarle.

Mi madre nos miraba a los dos luego se levantó del sofá para recoger los álbumes y salir.

— ¿Qué haces aquí? —le pregunté susurrando después de que mi madre saliera de la sala.

—Te dije que saldríamos y tú no estás lista. —dijo el señalando hacia mi vestuario que consistía en un enterizo negro de algodón y las zapatillas blancas.

—Tuve práctica hasta tarde y estoy cansada Jared. —Le dije dejándome caer sobre el sofá— Además pensé que bromeabas.

—Nunca bromeo. —me miró serio.

—Vamos Jared, enserio estoy cansada.

Mi madre entró de nuevo y tuve la leve curiosidad de porque estaba aquí cuando se suponía que debía estar de viaje por la agencia.

—Mamá, ¿no tienes que ir a trabajar? —le pregunté. Ella asintió

—Sí, Carla me vendrá a buscar en dos horas y ya tengo listo todo.

Curiosidad resuelta. Ahora solo me preocupaba que mi tía viniera y se quedara. Jared me miró un segundo y luego enfocó su vista en un retrato colgado sobre la chimenea a gas.

— ¿Vendrá alguien a cuidarme? —le pregunte a ella de nuevo.

Ella negó con la cabeza.

—No, tu tía está enferma y confió que puedes cuidarte sola. —La pillé mirando de reojo a Jared, casi queriendo decir que no lo quería aquí— La cena está lista. ¿Jared gustas cenar con nosotras?

—Si claro. —dijo el sonriendo.

Yo me levanté para irme a mi cuarto y darme una ducha antes de cenar por lo que dejé a ambos abajo. Treinta minutos después bajé usando un vestido holgado color gris con unas sandalias negras. Percibí por unos instantes antes de sentarme la mirada de mi madre quien sorbía de su vino.

Los tres comimos un asado con una ensalada de brócoli y espárragos, el silencio era un poco incomodo por lo que tuve que carraspear varias veces hasta dispersar el silencio desértico. Me levanté al terminar yendo hasta la cocina. Jared me siguió haciendo lo mismo.

—Bueno, ¿irás conmigo a un paseo a lo que tu mamá se vaya? —me preguntó, yo negué con la cabeza mientras lavaba los platos que usamos. Mi madre estaba arriba arreglándose para irse.

— ¿No podemos ver una película? —le dije terminando de secar y guardar. Me giré a verle.

—No. —Dijo tranquilamente— Será divertido.

El teléfono de la entrada sonó por lo que ese era el timbre de la entrada. Yo dejé a jared en la cocina y me dirige a la puerta principal. Cuando la abrí Carla; compañera de trabajo de mi madre estaba frente a mí con una sonrisa y me abrazó.

—Hola Crissa. —dijo ella alegremente.

—Hola. —Respondí cerrando la puerta detrás de mí — ¡Mamá! ¡Carla llegó! —continué gritando lo suficientemente fuerte para que ella me escuchara.

Mi madre bajó a toda prisa con su pequeña maleta y besando mi frente murmurando un “Cuídate” cargado de doble sentido. Después de que ella se fue Jared quedó en la sala esperando que le diera una respuesta. Apenas lo conocía y ya me estresaba.

Suspiré pesadamente y luego le dije que sí, que iríamos a donde me había dicho.

—Arregla las cosas que tienes que arreglar y luego vámonos. —Murmuró saliendo por la puerta principal— Sal a lo que estés lista, ¿vale?

Yo asentí, por un momento me sentí nerviosa. No me gustaba estar sola con él cuando sabia que podría perder el control conmigo en cualquier momento. Jared emanaba un aire peligroso, casi obsesivo. Como cuando pruebas una droga y te vuelves adicto a ella sin poder dejar de consumirla.

Salí de casa hasta encontrarme con él, cosa que me sorprendí al verlo apoyado en una moto, ya su auto no estaba ahí. Su bolso colgaba de su hombro. No era que le tenía miedo a las motocicletas, si no que le tenía miedo a morir en manos de un conductor tan pésimo como él.

— ¿Te gusta? —me preguntó, yo definitivamente negué con la cabeza.



Danuby Blanco

Editado: 07.09.2018

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