Prohibido Enamorarse

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Capitulo Once

Observo el folleto impreso a color para entrar en el Picasso Gallery Art, me encontraba totalmente curiosa por saber que íbamos a hacer realmente. Me miro mis vaqueros y acomodo mi camiseta lisa bajo una cazadora de cuero marrón, tomo aire y lo exhalo con notoria pesadez.

Todo lo hago con una pausa y concentración infinita.

Las puertas eran de cristal, por lo que podía ver que las personas que se encontraban allí solo hablaban, caminaban y tomaban champagne. Me miro por decima vez y no me conformo, y estaba segura de que si no fuese por ese remordimiento y las aun muy ardientes huellas de él en mi piel, no me habría dado cuenta de que no podía solo dejar esto e ir a mi casa caminando con un peso en mi estomago. Y es obvio, esta era mi maldición y bendición a la vez.

Odio ser así. —me dije a mi misma.

Al entrar el lugar me era familiar, sus colores, los detalles. Simplemente hacia que mi campo de visión de artista se acelerara, quería capturar cada una de esas hermosas pinturas en uno de mis block de dibujo. Caminé dudosa, mirando a través de las personas que no me miraban más de un segundo y lo agradecía porque así me sentiría menos incomoda de lo que ya estaba.

La sala era preciosa con sus paredes en blanco y cuadros coloridos. Era ese tipo de belleza que deseas ver todos los días en la vida, yo quería tener un pequeño espacio con estos colores, son esos los que iluminan siempre el alma.

 —Y ella es Crissa Moon. —escuché a Jared decir detrás de mí. Yo me giré y lo observé yendo del brazo de una mujer de no más de treintaicuatro años.

Ella era de ojos verdes, cabello rubio natural y llevaba un vestido largo de fiesta. Me sentía pequeña estando frente a tal obra maestra por así decirlo. Yo miré mis pies con mis converse negras algo demacradas y luego vi a Jared.

No me habló nada de etiqueta o solo no me di cuenta por culpa de mi perdida en sus ojos.

—Así que eres quien hizo un magnifico boceto de mi pequeño sobrino. —dijo con un tono suave alejándose de Jared y mirándome fijamente.

Yo asentí estirando mi mano derecha.

La mujer me sonrió ampliamente y me abrazó, por supuesto yo no sabía cómo reaccionar realmente, por lo que me tensé un poco. ¿Realmente es hereditario que abracen de la nada? No es normal que una persona haga este tipo de cosa.

—Soy Miriam Ford. —dijo ella luego de abrazarme, me tomó por uno de mis brazos y me guió por la sala entera explicándome cada una de las pinturas que se exhibían en este lugar.

Jared y yo lográbamos cruzar miradas de vez en cuando, ¿era normal que me causara ese intenso sentimiento con solo el mirarme? Porque eso era lo que me sucedía en este momento, siento como si mi cuerpo empezara a arder desde mis pies yendo lentamente hacia arriba.

Y me gustaba, esta nueva sensación me gustaba porque era como conocer una parte nueva de mí que jamás había salido. Cuando pones toda tu personalidad en alguien que apenas conoces, realmente te sorprende cuanto puede hacer por ti.

Cuanto cambias sin darte cuenta de que lo haces.

Cuando ya era tarde, y habíamos estado sentados los tres en la sala de prensa las personas ya estaban yéndose, Miriam le dejó las llaves del local a Jared y nos quedamos allí solos en un lugar repleto de oleos con diferentes colores y formas. Dimos un paseo hasta llegar a una pared cubierta por un gran cuadro con marcos dorados y su relleno totalmente en blanco.

—Esta parte la guardé. —dijo él observándome a mí. No me había dado cuenta que mi compañero llevaba un traje notablemente costoso. Se quitó el saco y quedó con su camisa de vestir blanca y los pantalones de vestir negros.

De un cajón en la esquina sacó botes de pintura mixta, colores y colores brillantes.

—Haremos arte. —dijo entregándome uno de esos.

Él entró en un cuarto que estaba a la esquina muy lejos de mí para después salir con unos jeans azules desgastados y una camiseta simple que llevaba un escrito “Hot” rodeado de flameantes llamas en naranja y rojo. Yo me reí.

— ¿Enserio? —Señalé su camiseta negra— ¿Hot?

El se rió igual mirando su camiseta.

¡Dios santo! Espero no quemarme en el infierno por amar algo imposible.

—Era de mi tía. —Volvió a situarse en un extremo para sacar más cosas, mientras que yo por otro lado destapaba las pinturas sin dejar de mirarlo.

—Si claro. —dije cínica tratando a duras penas no reír.

Se acercó a mí y me indicó que me quitara la cazadora marrón, cosa que obedecí enseguida.

— ¿Que haremos? —le pregunté curiosa dejándola en una esquina lejana.

—Es un juego. —tomó un pincel y embarrándolo de pintura hasta la mitad.

Trazó una gruesa línea y regándolo después con las manos. Yo comencé a hacer lo mismo, y para cuando terminamos de pintar Jared me lanzó un poco de pintura a mi ropa y otro poco más en mis brazos. Y de pronto el juego se había convertido en una guerra cruel de pintura, sentía mi cabello pegajoso por las motas de pintura.



Danuby Blanco

Editado: 07.09.2018

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