Prohibido Enamorarse

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Capitulo Veintitres

Al otro día, cuando despierto me encuentro enredada entre las sabanas. Una pequeña nota en mi almohada. Se me había olvidado negarle el paso hacia mi cuarto. Leí con cuidado la nota pues solo era de disculpas. No iba a ceder así de fácil.

No cuando me ha hecho elegir entre creer que puedo perdonar todo lo que haga. Pero lo que no sabe es que desconfío en lo que el logra hacer en mí; esa sinfonía perfecta que hace cuando me toca como si mi cuerpo fuera las teclas de un piano clásico,

Todo es tan... confuso. Yo no había pedido esto, pero aparte de estar enojada con el de nuevo, también estaba enojada conmigo misma porque yo me había metido en esto sola. Solo por escuchar a mi mente decir una y otra vez que necesitaba más experiencias en mi vida.

Que no tenía suficiente con lo que tenia. Es decir, Trent había sido una parte muy poco esencial en mi vida y Nick solo fue un tropiezo. Pero Jared? El se volvió más parte de mí que mi propio cuerpo y mente.

Cuando bajé hacia la cocina, ya lista y muy renovada para ir al Bridge. Mi madre no despegaba su vista de mí. No estaba de buenas para empezar con sus locuras, por lo que la dejé de un lado.

— ¿Mamá puedes llevarme a la escuela? —le pregunté mientras engullía un yogurt.

Ella asintió.

— ¿Que sucede con Jared?

—No es importante. —bajé la vista a mis zapatillas negras.

Ella suspiró. Extrañaba poder contarle todo, confiar en ella, pero desde que me negó las cosas con Jared he dejado de lado nuestra relación. Sé que tengo que retomarla, en algún momento pasará.  Pero ella no puede ponerse paranoica cada vez que trato de hacer mi futuro. Mi padre ha querido separarse de ella y no los culpo, mi madre tiene un tornillo suelto. Pero seguirá siendo mi madre pase lo que pase.

Le di una abrazó de forma desapercibida.

—Lamento haber sido una pésima hija. —dije haciendo un puchero con mis labios. Ella se limpió una lagrima que corría por su mejilla— He estado pasando por mis propias etapas, sabes que todo lo que he dicho no es cierto y te quiero muchísimo.

—Lo sé, tranquila. Te mereces un espacio más. —Ella me apretó un poco más en sus brazos—, te quiero muchísimo más, mi pequeña.

Nos sonreímos un poco con nerviosismo. A veces está bien tratar de liberarse, dejar todo atrás, esas tensiones que cubren el cuerpo y la mente. Nunca está de más querer olvidar las cosas que nos hacen mal con una sonrisa.

 

En el Bridge por un lado las cosas estaban demasiado tranquilas. Los chicos del equipo de futbol estaban en prácticas. El campeonato se iba acercando poco a poco. Los exámenes finales comenzaban en una semana y los profesores estaban de la hostia por tantos chicos estudiando en los pasillos. Jared se cruzó en mi camino.

Me le quedé mirando un segundo y luego me giré. Cuando el toma mi mano es cuando siento todo arder, mis manos sudan y realmente mi cuerpo es traicionero. Es un juego de manos a lo que llegamos, pues me coge y yo me suelto.

Me mira y asi estamos los dos sin decir nada.

— ¿No me quieres hablar?

—No.

— ¿Y si te digo que puedo ir contigo a donde sea?

Un escalofrió se ha apoderado de mi cuerpo pero no lo demuestro.

—Es tarde. —el baja la cabeza. Mira sus zapatos deportivos, su cabello estaba desordenado y no llevaba su uniforme. Se miraba casual.

Me retiré, ya no había más nada que decir.

Por ahora las cosas estaban revueltas.

En clase de inglés me senté junto a Jane. Me comportaba como una niña llorona y caprichosa, pero cualquier cosa era mejor que estar al lado de él. Garabateé cosas en mi libreta. No sabía cómo hacer esta tarde en los ensayos, si no quería mirarle. Pero no es justo que juegue con mi corazón, pude darle paso a todo de mí, hasta que me tomó como su muñeca.

En el almuerzo me senté sola, quería dejar mis cosas claras.

Mike se me acercó y tomó mi mano.

— ¿Que ocurre Criss? —Seguía en silencio.

—Vamos.

Mike insistía. Como cuando yo necesitaba a mi mejor amigo en los momentos difíciles, Mike siempre estaría allí. No importa si el tiempo que se acorta, ni la distancia que separa miles de veces. Esta amistad jamás se acabaría.

Así hablemos solo unos minutos por un solo día a la semana, yo siempre sentiría ese afecto, esa confianza que desde hace años crece.

—No quiero hablar de esto.

—Pero al menos solo dime una pequeñísima parte de ello. Anda.

Negué con la cabeza. Mike arrastró su silla hacia mi lado y me abrazó.

No hay nada como un reconfortante abrazo, de esos que te reparan el ánimo y te llenan de algo más.

—Eres una mocosa. —susurró a mi oído. Me eché a reír.

No es posible jugar cuando los años se echan un largo viaje, cuando los recuerdos se hacen visibles en tu cabeza. Cuando realmente te das cuenta que has crecido y ves todo diferente. El amor es solo uno de esos casos extraños pero admito que sin él no habría podido encontrar mi propio camino dividido. Y debo decir que es interesante tener que elegir uno de los dos.



Danuby Blanco

Editado: 07.09.2018

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