Prohibido Enamorarse

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Capitulo Veinticinco

Doce días...

 

Entre las paredes del Bridge cuando corría un rumor de algo, siempre se escuchaban los murmullos retumbando en los pasillos. Caminaba sola e iba siendo observada por cada uno de los ojos curiosos.

Son como buitres observando al animal herido a punto de abalanzarse sobre él y comerlo sin piedad.

Gwen se acercó a mí con sigilo.

— ¿Por qué demonios me miran todos? —la arrastré fuera del pasillo.

Ella me miraba y luego miraba alrededor.

—Es que. —ella mordisqueó su labio inferior notándose nerviosa—, se supone que todos estamos acostumbrados a que llegues al instituto con Jared de la mano como todos los días.

Me quedé a la expectativa cuando ella señaló hacia las pesadas  puertas de cedro que cedían ante los brazos de Jared. El pasaba con una mirada un poco ida a través.

El sostuvo su mirada hacia mi solo por un segundo mientras pasaba a toda velocidad dando largas zancadas. Tragué saliva.

¿Realmente a esto hemos llegado?

La primera clase estuvo intensificada por un silencio casi sepulcral. Geografía era una de las materias que todos nos tomábamos enserio, después del accidente el semestre pasado, todos se habían tomado las medidas necesarias para no reprobar. Subí hacia la azotea en mi hora libre.

Se sentía desolada, al igual que yo en este momento. Seis noches sin poder dormir con la calidez de su piel en la mía, sin probar un solo bocado de sus labios al poseerme como si fuera realmente suya. Pero ese era el problema. Yo había dejado de su posesión llegase más lejos y lo admito. Era mi culpa desde un principio pero, ¿qué puedo decir? Esto es lo que necesitaba para darme cuenta de que la realidad es así, te pone estos raros imprevistos que hacen que pienses más en ello con el tiempo.

Respiro del aire que revolvía mi cabello con furia y ululaba a mi alrededor como si cantase una canción para calmar a quien necesitaba. Me levanté al escuchar pasos detrás y ahí estaba. Su uniforme muy rara vez está totalmente ordenado y hoy estaba perfecto desde la punta de sus zapatos italianos hasta la punta de su cabello dorado como el mismo oro, que caía por sobre su frente todo alborotado.

—Se supone que deberías estar en clases. —dijo pero sus palabras eran cortadas por el viento. Preferí no responder.

Se quedó a mi lado.

—Yo de verdad... Sé que fui un idiota. Pero es que no me gusta que nadie más te mire. —Noté esa sinceridad que ya conocía— Lo siento si soy demasiado posesivo, pero trato de ser mejor.

Me iba a voltear para irme cuando su  mano me atacó el brazo y quedé presa en cómo se sentía. Miles y millones de llamas ardiendo en mi vientre y de un momento a otro sus labios en los míos devorando con ansiedad y yo le seguí. Lo necesitaba, como el mismísimo aire que estaba respirando en este momento, me provocaba terminar a horcajadas sobre él con sus manos recorriendo cada centímetro de piel desnuda. Volví a poner mis pies sobre la tierra.

Lo miraba. El solía ser ese enigma que en este poco tiempo no lograría descifrar. Como podría yo caer en estos momentos de rabia y enojo dentro de mí, es un golpe muy bajo el que me está dando.

—Esto no cambia nada Jared, por más que te desee —cosa que es cierto y lo admito mil veces— no puedo aceptar que hicieras esa mala jugada. Y si no sabes cómo controlarte.

Suspiré, las palabras no me salían bien.

—Lo mejor sería que este juego acabara —dios. Esas palabras eran difíciles y cuando las pensé creí que era fácil sacarlas. Me suelto y me sigue, sus pasos resuenan en un ruido seco por las piedrecillas en el suelo. Pude notarlo, el estaba abatido y yo lo estaba aun mas.

Yo disparé y lo herí.

—No lo hagas Crissa. —murmuró. Cuando se acerca hasta estar frente a mí me mira con sus ojos totalmente suaves— No quiero que esto termine de esta forma.

Tomó mis manos y se las llevó a los labios, una rara sensación de tranquilidad recorrió mis dedos y me solté para poder acariciarle el mentón con mis dedos dejaba que toda esa energía se liberara en su piel.

— ¿Cómo quieres que termine realmente? Igual terminaremos separados —dije con nostalgia.

—Entonces déjame una sola oportunidad para la despedida, no quiero que me olvides así de fácil. —me mostró una sonrisa ladina toda picara.

Me dio un beso.

Quise no sonreír también, pero es difícil cuando el cosquilleo en mis labios se hace intenso. Negué con la cabeza.

Otro beso más.

—Una sola oportunidad. —esta vez era yo la que hablaba de oportunidades cuando sabía que había más oportunidad de yo quedarme y ser posiblemente feliz a su lado.

Pero las decisiones que tomé ya estaban marcadas con un sello de garantía y esa misma garantía se estaba agotando a medida que pasa el tiempo.

El reloj suena y no deja de parar, sus manecillas hacen un tic tac ruidoso que deja mis oídos agotados, cansados de escuchar al tiempo decir sus palabras finales.



Danuby Blanco

Editado: 07.09.2018

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