Protectora Celestial

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CAPITULO DOS

Cierro los ojos ante la brillante luz blanca y siento que estoy flotando. No hay suelo que me sostenga y tampoco existe un objeto que me eleva, solamente me levanto en el aire. Después de unos segundos caigo abruptamente contra el suelo y abro los ojos para saber dónde estamos. Mis ojos captan una nube esponjosa y blanca. Frunzo el ceño confundida ante lo que veo, ¿Dónde estamos?

Agatha se mueve inquita encima de mí y la suelto. Se pone de pie y me incorporo dándome cuenta de que estoy en un suelo firme y dorado como el oro. Paso mis manos por él y puedo apreciar su reflejo. Parece un espejo hecho de oro puro.

— ¡Agatha! —grita una mujer preocupada.

Me giro hacia el origen de esa voz y me encuentro a una mujer abrazando a la niña. Su cabello es tan negro como la noche y su piel es tan hermosa que parece de porcelana. Noto que lleva puesto una túnica blanca y un cinturón dorado rodea su cintura, al igual que el de Agatha. Detrás de su espalda salen unas enormes alas llenas de plumas rosadas y me doy cuenta de que es un ángel al sentir su aura majestuosa. Abraza con fuerza a Agatha mientras cae de rodillas para estar a su altura y ella acepta el abrazo. Sus pequeños hombros se mueven ante un sollozo y la mujer le acaricia el cabello reconfortándola.

—Ella está muerta —susurra la pequeña entre sollozos.

—Lo sé —contesta el ángel y le besa el cabello—. Sentí su partida al igual que todas.

La mujer abre los ojos y su mirada azulada se encuentra con la mía. Rápidamente veo su miedo y preocupación. Se levanta y empuja a Agatha detrás de ella. Estira sus alas rosadas protegiéndola y la mujer toma una de sus plumas que en un destello se convierte en una espada. Me apunta con ella y toma una posición de ataque. Cree que soy su enemiga.

Bajo su atenta mirada me pongo de pie y dirige la espada en mi dirección a cada movimiento que hago, lista para atacarme si hago un movimiento en falso. Levanto las manos en frente de mí para indicarle que no haré nada malo pero sus ojos me dicen que no confía en mí y lo entiendo. Ella no me conoce y, por lo tanto, tampoco conoce mis intenciones.

— ¿Quién eres? —pregunta con gesto serio. Sin embargo, en sus ojos se observa el miedo.

—Me llamo Ava —contesto dando un paso enfrente.

— ¡No te acerques! —grita y me detengo al querer dar otro paso.

Puedo ver su nerviosismo cuando la espada tiembla ligeramente entre sus manos, pero también noto determinación en su rostro. Está dispuesta a proteger a la niña al igual que yo de salvarlos a todos. Analizo un poco la situación. Estamos a dos metros de distancia en un lugar que no conozco y el ángel me apunta con una espada para lastimarme, en caso de que trate de hacer algo para herirlas. Pero no haré tal cosa y ella no lo sabe por lo que esa falta de información ocasionaría una pelea o algo peor. Tengo que explicarle.

—Yo no pienso dañarlas —empiezo a explicar—. Mi...

—No te creo —me interrumpe— ¿Por qué estabas con Agatha? Puedo notar que no eres humana y tampoco una de nosotros por lo que creo que tratabas de matarla igual que mataste a su madre.

La miro impresionada, ¿Por qué cree que he hecho eso? Estoy confundida ante lo que dice, pero inmediatamente comprendo por qué. Al aparecer con la niña puede imaginar que soy la responsable de matar a su madre y de tratar de hacer lo mismo con ella. Soy consciente que al no conocer mis intenciones llega a esa conclusión tan errónea. Si tan sólo me escuchara entendería que no quiero hacerle daño a Agatha y que nunca lo haría. Pero, al parecer, no quiere hacerlo.

—Ella no mato a mamá —interviene Agatha saliendo detrás de ella y poniéndose enfrente de mí.

—Agatha cariño, ven aquí —pide preocupada—. Ella puede lastimarte...

—Tía Althea, ella me salvó de un monstruo y evitó que saliera lastimada —se gira hacia mí—. Ella me protegió del asesino de mamá.

Le sonrío agradecida por haberle explicado y miro hacia la mujer. Sus ojos azules miran a la pequeña debatiéndose si es cierto lo que dice o no y analiza lo que ha dicho. Agatha la mira a los ojos y la mujer baja lentamente la espada. Su rostro refleja confusión, pero también confianza ante sus palabras y sé que la niña nunca mentiría en algo tan grave como eso.

— ¿Eso es cierto? —pregunta mirándome y asiento.

—Llegue tarde para proteger a su madre, pero no para evitar que asesinaran a Agatha —contesto y su espada en un destello se vuelve una pluma rosada.

— ¿Por qué? —deja caer la pluma al suelo e inmediatamente desaparece en una estela de humo blanco.



Mariana Grey

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En el texto hay: aventura, mistica, angelesydemoios

Editado: 16.02.2018

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