Protectora Celestial

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CAPITULO NUEVE

Poso mi mirada en Agatha y veo que está tranquilamente dormida sobre su cama. Tomo el pomo de la puerta y la cierro en silencio. Sólo faltan unos minutos para el amanecer y hoy, sin falta, apreciaré su belleza mientras pienso más a fondo todo lo que he descubierto. Necesito tener en claro cada uno de los puntos informativos que he obtenido para poder organizarme con las cosas que haré desde éste día. Es mejor tener en claro que es lo que haré que hacerlo en el momento y equivocarme.

No hay errores en ésta situación. Si te equivocas es porque quieres la derrota y no quiero eso. Ninguno de los ángeles y demonios lo quiere y por esa razón tengo que analizar a fondo lo que he descubierto por si esas criaturas vuelven a aparecer o por si el equipo de búsqueda falla. No me pasó desapercibido, el día de ayer, el hecho de que Lucifer sabe el dolor que le causa a su hermana Althea. Sin embargo, no hace nada para acabar con su sufrimiento. Puede que no me lo haya dicho con palabras, pero su mirada no mintió cuando me lo mostro y eso podría ser una pista clara sobre la posibilidad de que Rafael y Azrael no cumplan con el trato que han hecho, ocasionando el fracaso total de la misión que le hemos encomendado. Tengo que creer en su palabra y no garantizar nada, pero si fallan tengo que tener un plan listo para poder conseguir el mapa.

Doy un paso atrás y me doy la vuelta alejándome de la habitación de Agatha. Camino hacia el otro extremo de la nube y noto que se abre una puerta. Me detengo al lado del sofá y veo como aterriza Althea dentro de la nube. Sus alas rosadas se unen detrás de su espalda y su mirada se encuentra con la mía. Observo detenidamente que sus ojos transmiten agotamiento y suspira cansada mientras camina lentamente en mi dirección.

— ¿Cómo está Agatha? —pregunta.

—Está bien. No ha tenido ninguna pesadilla y en estos momentos está tranquilamente dormida —contesto y asiente.

Se sienta en el sofá y me alejo unos pasos para que tenga el suficiente espacio para relajarse. Althea se recuesta sobre el respaldo y cierra los ojos por unos segundos. Sin embargo, los vuelve a abrir y mueve la cabeza en un intento de no quedarse dormida.

Es evidente de que necesita recobrar fuerzas.

—Descansa un poco —le sonrío—. Lo necesitas.

—No puedo hacerlo. Los ángeles a mi cargo han tenido problemas durante estos días y no quiero estar dormida si me necesitan.

—Hazlo. Si alguien viene a buscarte te despertaré —propongo y me mira con duda, pero después de pensarlo un momento asiente.

Se pone de pie y me sonríe levemente antes de caminar hacia la habitación que está ubicada al lado de la de Agatha. La puerta se cierra y Althea desaparece de mi vista. Me doy la vuelta y camino hacia el lugar donde entro el ángel. Veo que el cielo empieza a dar signos del amanecer y me siento en el borde de la nube. Poso mis manos sobre mis muslos y observo con atención como el sol se asoma en el horizonte.

Los rayos de luz iluminan el cielo haciendo que la oscuridad se transforme en una combinación de colores extraordinaria y llena de magia. Para los humanos existen muchas definiciones para la magia, como el don de poder desaparecer y aparecer cosas al igual que la magia que existe aquí. Pero para mí es diferente. La magia son las maravillas que nos muestran el Universo y el mundo, como los colores de las estrellas cuando la luna nos da la bienvenida o como cuando los rayos de sol tocan las flores del mundo haciendo que reaccionen ante su toque. Son momentos donde se aprecia la belleza que oculta nuestro hogar y poco a poco eso va desapareciendo. La humanidad evoluciona cada día y dentro de unos años ellos lograrán crear la tecnología necesaria para que las cosas se vuelvan más fáciles para ellos. Pero también le darán comienzo al deterioro ambiental cambiando completamente la vida de la naturaleza y del planeta.

Una ráfaga de viento sacude mi cabello y unos cuantos mechones obstruyen mi vista. Bajo la mirada hacia mis pies dejando que mis mechas se sacudan con libertad junto con el viento y en ese instante viene a mi mente todo lo que han pasado los seres celestiales desde hace siglos. La revelación de Lucifer ante los ideales de los ángeles marco el cambio necesario para que la vida siguiera su curso y con ello el principio del sufrimiento de los ángeles y demonios. Unos guardaron en su corazón la traición mientras que otros el rechazo. Ambos guardan ese dolor en el pecho y gracias a eso ha nacido su rivalidad. No hay que ser muy inteligente para saber que cada palabra hiriente que le dicen al bando contrario es una manera de protección ante el dolor que sienten y ambos lo saben. ¿Por qué no detienen ese impulso de protegerse ante el dolor? ¿Por qué no lo eliminan? ¿Qué es lo que les impide dejar que el dolor desaparezca? Tanto los ángeles como los demonios son conscientes de que están entre la tormenta y, gracias a Lucifer, sé que ninguno está dispuesto a dar el primer paso para que eso llegue a su fin. Me confunde completamente la razón de sus decisiones y, a pesar de tener un intelecto muy alto, no son capaces de dejar el pasado atrás y ver hacia el futuro.



Mariana Grey

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En el texto hay: aventura, mistica, angelesydemoios

Editado: 16.02.2018

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