Protectora Celestial

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CAPITULO DOCE

Cierro los ojos y dejo que la brisa de la mañana sacuda mi cabello. El sol se encuentra en su punto más alto y su calor toca mi piel. Agudizo mi oído y escucho la respiración calmada de Agatha. Intento detectar si Lucifer está dormido al igual que la pequeña pero no es así. Escucho el movimiento de una hoja y el de un bolígrafo escribiendo.

Abro los ojos y alzo la vista hacia el sol. No me ha sido desapercibido el hecho de que el demonio no ha dormido nada durante la noche y que la tristeza lo ha hecho llorar. Está dolido por las palabras de Althea y no puedo hacer nada para que ese dolor desaparezca. Estaba segura de que él había comprendido que el cambio puede realizarse, pero me equivoque. El dolor del rechazo ha hecho que desapareciera todo rastro de determinación en Lucifer y ahora las cosas siguen igual que antes. Sin embargo, no es motivo para rendirse. Ayer logre convencerlo de que las cosas pueden cambiar y a pesar de que ese empeño por cumplir con ello haya desaparecido en cuestión de horas, volveré a hacerlo. Volveré a convencerlo cuantas veces sean necesarias hasta que él mismo mire el cambio. Ya ha sido suficiente de tantas lágrimas. Es momento de vivir.

Me pongo de pie y me alejo del borde de la nube. Escucho que la puerta se cierra y camino hacia la habitación donde se encuentra Lucifer. Me detengo enfrente de la puerta dorada y golpeo dos veces con mi puño.

—Lucifer, ¿puedo pasar?—pregunto y escucho que suspira.

—Puedes hacerlo —responde y abro la puerta.

Observo el interior del cuarto y entro. Hay una cama de cuatro postes con dosel en el centro de la habitación y un candelabro de cristal en el techo. Un escritorio de madera se encuentra enfrente de la cama y es ahí donde se encuentra sentado el demonio. Veo que su saco se encuentra colgado en el respaldo de la silla donde está sentado y que ha doblado las mangas de su camisa hasta los codos. Cierro la puerta detrás de mí y ladeo la cabeza al ver que hay un libro de color rojo sobre el escritorio.

— ¿Qué es eso?—pregunto y diviso un bolígrafo en su mano.

Mira por unos segundos el libro y posa sus ojos azules en mí.

—Es un libro —contesta con obviedad y asiento.

—Lo sé —sonrío—. Pero, ¿Qué estás escribiendo en él?

— ¿Conoces el significado de la privacidad? —interroga un poco molesto dejando el bolígrafo sobre el libro.

—La conozco y te aseguro que no estoy invadiendo la tuya.

—Has escuchado una conversación ajena y me acabas de preguntar qué es lo que estoy escribiendo en este libro, ¿no son suficientes pruebas para asegurarte que lo estás haciendo?

—Después de todo lo que sé sobre ti, de lo que hemos hablado y comentado, ¿no te has dado cuenta de que soy más que una conocida? —camino hacia la cama y me siento enfrente de él.

Entrecierra los ojos ante mis palabras y asiente.

—Entonces, ¿Qué eres?

—Tú amiga.

—Amiga —susurra saboreando la palabra y me mira intensamente—. Yo no tengo amigas.

Sólo amantes, ¿no es así Lucifer?

—Pues ahora tienes una —le sonrío.

— ¿Quién dijo que tenías ese título?

— ¿A qué estás jugando? —pregunto ante la contrariedad.

—Seré directo —afirma y se remueve en su asiento—. No sé lo que me ha pasado durante estos días, ¿está bien? No acostumbro a demostrar como soy realmente y mucho menos mis sentimientos. Pero entonces llegas tú y haces que saque a relucir todo lo que siento. Haz descubierto cosas que ningún otro sabe y me has visto llorar en momentos de impotencia y… dolor. No tengo la menor idea de que es lo que estás haciendo conmigo —se pone de pie furioso y me da la espalda—, pero sé que con sólo mirarte a los ojos hace que mi mascara se destruya en millones de pedazos dejándome…

—Expuesto —termino su frase y me mira.

— ¿Cómo lo haces? ¿Cómo logras hacer que me veas tal y como soy?

—Yo… —frunzo el ceño— no lo sé.

Suspira y pasa sus manos por su cabello oscuro. No había pensado antes lo que me ha dicho, pero es cierto. ¿Cómo es que he hecho que él me muestre su verdadero ser? La primera vez que lo vi sus ojos me llamaron la atención y desde entonces han pasado cosas que me llegaron a descubrir información que nadie sabe con tan sólo mirar sus irises azules, ¿Cómo es que he hecho eso? Pensándolo mejor me doy cuenta de que antes de descubrir algo nuevo sobre Lucifer divagaba sobre el tema y luego me llegaba la información. Es como si esos datos ya los sabía desde antes pero mi mente los ocultaba hasta sacarlos a relucir en el momento exacto. Sin embargo, eso es imposible. ¿O tal vez no?



Mariana Grey

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En el texto hay: aventura, mistica, angelesydemoios

Editado: 16.02.2018

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