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Capítulo II: Ese niño

La lluvia aún no se detenía, cada vez era más fuerte. Me encontraba muy lejos de casa y no tenía ganas de ir con carro. Cuando era niña y regresaba de la escuela me gustaba caminar cuando llovía, ver como las gotas resbalaban en mi paraguas, como una gota cae al suelo y luego desaparece o se une con la tierra. Me hacía sentir bien escuchar el sonido que producía al chocar el paraguas, me hacía feliz.

Pero hoy no estoy feliz... tengo los párpados algo hinchado, están cansado; mi cabello está húmedo y algo desordenado por la lluvia, mis zapatos están sucios por el charco de agua. Hoy a pesar que es un día con algunos rayos de sol, llueve.

Es como si el clima expresara cómo me siento en este momento.

Cuando pasaba por una tienda vi en la televisión una noticia sobre una persona que había matado a alguien porque se quería quedar con la herencia de un familiar, ¿a tal extremo llegamos para matar por el dinero? Me parece absurdo e ilógico.

—Humano codicioso, ¿por qué las personas buenas y amables se van antes que los demás? En este mundo solo quedan personas perversas y avariciosas que solo buscan su bienestar para sí mismos, siempre fue así. Este mundo lleno de maldad; qué se le va hacer, la vida es así hasta que llega el fin de todo —hablé para mí aun mirando la televisión. Suspire cansada y seguí mi andar.

No muy lejos de donde estaba vi a una antigua amiga, antigua porque ella se fue por algunos problemas; en este momento ella se encuentra fuera de una tienda. Empecé a caminar más rápido, quería hablar con ella; no la había visto por más de un año, por lo tanto, no sabía nada de ella. Quisiera contarle y preguntarle cómo le fue con su familia y muchas cosas más.

Pero, lamentablemente, no pude alcanzarla.

Cuando estaba solo unos metros para llegar donde ella se encontraba, un grupo de chicas que salían de aquella tienda se acercaron a ella y la abrazaron. Pude notar que ella al estar junto a ellas es feliz así que sentí que si iría saldría sobrando o la incomodaría y es lo menos que quería hacer en ese momento. Tal vez ya se olvidó de mí.

Retrocedí unos pasos aún sosteniendo el paraguas, vi como ella se iba con las demás chicas con algunas bolsas en la mano izquierda; la noté feliz y de algún modo yo sonreí al ver que ella era feliz. Sin darme cuenta una pequeña lágrima salía de mis párpados, ¿por qué? Es lo que me pregunté al sentir caer por mis mejillas lo cual limpié inmediatamente.

Solo me quedé ahí mirando como ella se iba junto con el grupo de chicas.

Poco a poco la lluvia empezaba a parar, ya no llovía como hace algunas horas. Decidí guardar el paraguas y caminar así. Quería mojarme, aunque sea solo poco. El semáforo que se encontraba cerca de una pista estaba en rojo y era hora de cruzar, estuve a punto de hacerlo si no fuera porque me di cuenta que cerca de ahí había una persona mayor, era un invidente tratando de cruzar la pista, pedía ayuda pero todos los que se encontraba ahí la ignoraban; me quedé observándolo un rato mientras las personas cruzaban de una pista a otra, solo faltaba unos segundos para que el tiempo de cruzar acabara. Avancé unos cuantos pasos y me di cuenta de otra cosa, había una señora con un niño vendiendo dulces; la muchedumbre que se encontraban cerca de ella la ignoraban como aquel invidente que trataba de cruzar la pista. Para mi mala suerte no traía dinero así que no podría ayudarla, fui donde se encontraba la invidente y le ayudé a cruzar la pista, algunas personas me miraban con una cara de sorpresa y de molestia; pero no le di importancia porque no debía de importar lo que un completo desconocido piense de mí.

—Gracias, jovencita, de verdad, muchas gracias. Estoy buen rato tratando de que alguien me ayude a cruzar la pista, eres la primera. Te estaré muy agradecida.

—Descuide, no fue nada —respondí amablemente.

—Puedo oír tu voz muy cansada, ¿estás deprimida? —preguntó mientras cruzábamos la pista.

—Supongo que sí. Acabo de regresar del entierro de mi mejor amiga —eran detalles que no eran necesarios decir, pero de alguna manera mi voz lo expresaba.

—Oh, lo lamento... pero la vida sigue, no te quedes allí estancada —arguyó tratando de hablar hacía donde yo estaba.

"La vida sigue, no te quedes allí estancada".

La misma oración que le dije una vez a Scarlet cuando estuvo triste.

— ¿Sabe, señora? Me dijeron hace algunos años atrás que mientras viva, después de lo malo vendrá lo bueno. No es tan sencillo, lo más difícil es vivir.

—Y, ¿quién dijo que vivir sería fácil? No es fácil, en la vida siempre hay obstáculos y debes superarlos. Así como esto —terminó subiendo un escalón a la vereda.

—Lo sé, pero es duro —respondí sin ganas de seguir hablando acerca de esto, era doloroso, de verdad lo era.

Cada vez se hacía más oscuro, por lo tanto, debía llegar a mi casa. Me despedí de la señora y me fui caminando rápido sin mirar atrás. En vez de ayudar a la señora, ella terminó ayudándome a mí de algún modo.

Después de una hora, aproximadamente, llegué a mi casa; lo sentía muy tranquilo. Era una tranquilidad que desde hace tiempo deseaba, pero ahora ya no; ya no quiero que haya ese silencio tan sepulcral, quiero que haya algún ruido como la música que escuchaban mis padres, como cuando mi hermano me daba la bienvenida y eso. Mi hermano (Isaac) se fue a vivir con mi tía; trataron de llevarme pero les fue imposible. Después de una dura pelea y trampas decidieron que ya no iban a obligarme si yo no quería ir con ellos.

Isaac viene cada fin de semana, ese niño no puede vivir sin su hermana. Él está en el mismo colegio, pero diferente grado ya que soy su mayor por dos años. A veces me iba con él a la casa, pero esas veces yo siempre terminaba renegando porque quería convencerme que fuera a vivir con mis tíos: me necesitaba como hermana mayor.

Al abrir la puerta de mi cuarto me encontré con Isaac durmiendo en el piso, a su alrededor había varias envolturas de chocolate.



Soluna~

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En el texto hay: suspenso, accion, proteccion hacia el hermano

Editado: 05.08.2019

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