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Capítulo III: Tragedia

—Mi peluche... maldición, ¡Isaac, ven aquí ahora mismo! —lo llamé molesta.

—Lo lamento... lo rompí de casualidad —respondió en la puerta de mi habitación.

— ¡Te dije que no agarres mis cosas! ¿¡Cómo se supone que arregle esto!? —grité tirando el peluche al suelo.

–Yo lo haré, pero no te molestes —respondió inmediatamente con algunas lágrimas en la comisura de sus ojos.

Recordé que siempre solía desquitar mi cólera con él: siempre rompía mis cosas, pero sabía que no lo hacía de mala manera ya que era solo un niño. A pesar de todo, buscaba la manera de desquitarme con él si el día me iba mal.

Al final siempre él terminaba llorando... prometí que no le iba hacer llorar, ni que se preocupe por mí; pero siempre lo hacía, no pude cumplir una de las promesas que hice. Al menos no quiero que llore ahora.

—Descuida, ya pasó... yo lo arreglaré —respondí resignándome a la única opción que tenía —. Puedes retirarte de mi cuarto.

Él sólo era un niño, pero siempre buscaba la manera de que yo no renegara con él ni que esté triste. Siempre lo hacía.

****
 


Desperté con un dolor de cabeza. Al abrir mis ojos lo primero que vi fue una foto de mi familia en mi techo, extendí mi mano, quería tocar esa imagen... no lo logré, está muy lejos de mi alcance. Solo lo podía si me paraba. Al voltear, vi a Isaac dormido en una silla, su cabeza la apoyaba en la cama, noté que había llorado porque sus párpados estaban hinchados.

Volví hacer que llore. Soy un asco, pensé al verlo así. Traté de levantarme sin que él se despertara. No podía dejarlo así, se podría enfermar si duerme todo la noche en una silla así que tenía que llevarlo a su cama. Sentí algo que apretaba mi cabeza, cuando toqué había una venda.

—Entonces sí me había caído de la escalera —hablé bajo. Sin darme cuenta, había despertado a Isaac.

— ¿Eh? —habló soñoliento — ¿Fiorella?

—Hola...

— ¡Estás viva! —algún modo eso último que dijo me molesto un poco —. Me... me alegro mucho. Has estado inconsciente por más de cinco horas.

— ¿Cinco? ¿Qué hora es? –pregunté confundida.

—11:16 p. m.

—No puede ser.

—Estás gorda, deberías bajar de peso un poco. Me costó subir la escalera...

Esas palabras... por primera vez me habían lastimado. Lo miré molesta y él inmediatamente empezó a disculparse. En ese momento me di cuenta que él siempre decía las cosas sin importar qué, al igual que Scarlett. Aunque ella solía escoger las palabras correctas, mientras que él lo dice sin pensar.

—Por eso morirás solo y virgen. Ninguna mujer te hará caso –respondí molesta.

—Golpe bajo... lastimas mi orgullo varonil –se levantó de la silla con la cabeza baja—. En fin, me iré a dormir. Cualquier cosa me llamas.

Tenía que hacer algo, creo que de verdad lo lastimé. Trate de detenerlo con la mano izquierda, pero al agarrar su polera me di cuenta que me dolía la muñeca izquierda. Un quejido se escapó de mis labios lo cual no pasó desapercibidos de Isaac e inmediatamente se volteó y me dijo que al caer me había torcido la muñeca; le pregunté si había llamado a mis tíos pero él dijo que no era necesario si lo hubiera hecho capaz me obligaban a ir con ellos sin ninguna excusas. Obviamente él sabe que no me gusta vivir con ellos porque son una familia escandalosa y tienen creencias absurdas.

—Es hora de dormir, hermana. Mañana tienes clases y no puedes faltar.

—Parece como si tú fueras el hermano mayor –alegué –. Sabes que no faltaré, ni enferma he faltado.

—Lo sé. Tal vez deberías faltar mañana ya que estas un débil.

—No quiero faltar –respondí decaída —. Además, tengo algo que hacer.

—Entiendo. Me quedaré esta semana aquí, luego regresare con mis tíos –dicho eso salió de mi cuarto.

Me quedé mirando la puerta por un rato, al final no pude disculparme por lo que había dicho. Pensé que siempre era muy cruel y siempre le decía cosas hirientes sin importarme lo que sintiera.

—Debí disculparme... –hablé casi un susurro apretando la sábana.

Me recosté en la cama y mi vista se desvío a mi ventana. Observé una luna llena, era muy hermosa: muy resplandeciente. Decidí tomarle una foto, no todos los días se ve una luna llena así.

Después de un rato me quedé dormida.

****
 


Estaba en el aeropuerto agarrada de la mano con un chico (éramos niños, al parecer). Él volteaba en ratos y me dedicaba una angelical sonrisa, por alguna razón no podía ver sus ojos, apenas podía ver su sonrisa.
De repente, cuando soltó mi mano empecé a sentir nostalgia, esa ganas de volver agarrar su mano, sentir esa cálida sonrisa. Pero no fue así. Cuando volteó a mirarme se despidió con la mano con una sonrisa y se fue.

Vi su espalda yéndose de mi vida en ese tren.

Sentí que alguien me movía, al despertar, Isaac estaba temblando y muy asustado.

—Fiorella, ¡despierta! –gritó bajo con una expresión que antes no había visto.

— ¿¡Qué quieres!?

—Tengo miedo. Escuché que alguien entró a la casa. Bajé las escaleras y alguien estaba alumbrando con una linterna la sala; vine lo más rápido que pude sin hacer ruido. Cerré tu habitación con llave, creo que son ladrones —habló rápidamente, pude sentir su miedo.

— ¿Pudiste ver cuántos eran? —pregunté buscando el celular.

—Uno.

—Enfrentémoslo, solo es uno. No pasará nada.

— ¡No! ¿Y si te lastima? O aun peor, ¿¡te mata!? –respondió asustado.

— ¿Crees que le tengo miedo a la muerte? Además, hace tiempo junto con Scarlett enfrentamos a uno, las dos solas. O bueno, prácticamente yo más que nada –tuve que mentir, era la única opción que tenía.

—No quiero que mueras. No quiero que te haga daño.

—Descuida, no pasará nada. La cocina está bajando las escaleras, a su costado el baño; la sala está al otro lado. Tenemos que ir directo a la cocina; cogemos un cuchillo, por si nos trata de atacar. Nos vamos directo al baño y nos quedamos ahí. Después de eso, él entrará al cuarto por el dinero. En ese momento subimos y lo atacamos.



Soluna~

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En el texto hay: suspenso, accion, proteccion hacia el hermano

Editado: 05.08.2019

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