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Capítulo V: Situación incómoda

Cortaron sin más que añadir, guardé mi celular mientras mi mano temblaba. Tenía que irme del hospital, es peligroso para mí y más para mi hermano. Justo cuando tengo un momento de tranquilidad —por así decirlo—. Busque mi ropa con algunas manchas de sangre y solo lo voltee, disimulaba un poco al menos. Era este momento donde agradecía tener ropa oscura. 
 


Salí cuidadosamente sin encontrarme con el médico pues aún debía revisarme bien, pregunté a una enfermera que pasaba dónde quedaba el cuarto de mi hermano, ella señaló la habitación con una sonrisa y siguió su camino. Al entrar odié verlo con un tubo en la boca. Un ardor en el estómago se apoderó, quería vomitar —aunque no haya comido nada— una sensación que conocía perfectamente: ardía, quemaba; tenía muchas ganas de que alguien me diera un buen golpe para sentir si así el dolor se me iba. Me acerqué a él removiendo su cabello, no era momento de sentimentalismos; tenía que irme. Le di un beso casto en la frente y una última mirada prometiendo que regresara y sin más salí. Visualicé que no haya policías ya que era lo más lógico por el accidente de ayer, más mi sorpresa todo era muy tranquilo. Ni siquiera había rastro del médico que me atendió. Bajé las escaleras yendo a la puerta principal. Una vez afuera emprendí mi huida.

Corría por las calles con el celular en la mano; las personas me observaban con desconfianza y algunos volteaban asustados.

Llegué a casa muy agitada: abrí la puerta y la cerré fuerte; sentía el corazón latir frenéticamente. Me saqué la polera sucia y lo tire al sillón, me recosté sobre el suelo para recobrar el aliento.

—Desde aquí la altura del techo es enorme y tan vacío —fijé la hora en el celular, aún era temprano.

La cabeza dolía y mi respiración empezó a tranquilizarse, ¿fue buena idea dejar a mi hermano? La idea de llamar a mis tíos pasó por mi mente, él corría peligro estando allí sin que nadie lo vigile.

Todo esto se volvió una novela.

—Si esto fuese un sueño me gustaría despertar —hablé a la nada. El silencio hizo que resonará mi voz.

El timbre de la casa sonó sacándome de mis pensamientos, la llamada pasó por mi mente. Una sensación amarga inundó por completo, sentía un nudo en la garganta y mis piernas temblar, ¿cómo se supone que debería reaccionar? La otra vez sobreviví de pura suerte.

Busqué a mí alrededor algún material que fuese útil si intentaban atacarme, no obstante había más que cuadros. El timbre sonó una vez más resonando por toda la casa.

—Maldita sea aún no recupero fuerzas —hablé casi susurrando yendo hacia la ventana cerciorándome la procedencia que tocaba de manera insistente el timbre. Mi sorpresa fue encontrarme con una sonrisa tranquila adivinando que estaría ahí.

Esto es tan desagradable e incómodo por donde lo veas.

— ¿Abrirás la puerta o solo contemplarás mi presencia a través del cristal? —gritó coqueto —Necesito entregarte algo y me cansé de seguirte.

Fui a la puerta incomoda por la situación, ¿en serio pensé que si fuese el procedente de la llamada se tomaría la molestia de tocar el timbre? Guardé el celular antes de abrir la puerta, tranquilizando aún mi respiración agitada. Lo que menos quería era parecer una chica paranoica, pero creo que ya era demasiado tarde.

Escondí la polera debajo del sillón, tomé una bocanada de aire y acto seguido abrí la puerta.
 


—Hey, ¿cómo estás? Pensé que vendrías a estudiar.

—Un pequeño inconveniente. No sé cuándo iré —respondí sin ganas.

— ¿Qué? Pensé que- —dejé de oírlo, mi atención se posó en aquél carro que conocía perfectamente bien y la adrenalina empezó cuando recibí un mensaje, saqué el celular del bolsillo; bastó solo ver el incompleto mensaje del celular para jalar inmediatamente del brazo a Matthew y cerrar con fuerza la puerta.

— ¡¿Fiorella?! ¡Qué pasa!

—Cállate —respondí subiendo rápido las escaleras. Sabía que esto pasaría, sabía que llamarían a mi tío por más que la desconocida haya dicho que no lo harían. Ahora me obligarán a ir con ellos.

No debí huir del hospital.
 


—Te quedarás acá. Por favor avisa a tu mamá que llegarás tarde, todo saldrá bien si no haces ningún ruido —salí del cuarto dejándolo solo y sin escuchar el reclamo —. Espero que no hayan llegado a verlo —hablé bajando inmediatamente las escaleras.

Espere cerca de la puerta, ellos llegarían en cualquier momento y debía de prepararme. Ellos tratarían de llevarse a mi hermano usando la fuerza.

Maldita herencia. Maldita potestad.

El timbre sonó acompañado de varios golpes en la puerta, respiré y me tranquilice lo más que pude; debía enfrentarlo. Al abrir la puerta me encontré con mi tía furiosa, mi corazón empezó a latir más rápido.

— ¡¿Dónde está tu hermano?! —gritó exaltada— Ya está mucho tiempo, debe regresar a casa —entro empujando y gritado su nombre.

—Salió —respondí cerrando la puerta.

— ¿¡Cómo que salió!? ¿A la casa? —habló más tranquila y jalando a su esposo que recién había entrado.

—Pasará la noche en casa de su amigo —mentí esperando a su reacción de siempre.

— ¿Amigo? ¡Qué asco! Así que prefiere a los hombres que a las mujeres —escupió repugnancia.

—Cariño, por favor, es normal que vayan a jugar. Son amigos.

—Muy diferente es pasar el rato que pasar la noche con un amigo —contraatacó.

—Y si fuera así, ¿qué hay de malo? —respondí cansada. La cabeza empezaba a doler— Es su vida. Solo finges que te preocupa por la herencia —reí—. Ni siquiera vendrían a cuidarnos si no tendríamos la herencia. Ustedes solo quieren nuestro dinero.

Una cachetada resonó en la sala. Había llegado a su límite, estuve a punto de recibir una cachetada más si no fuera por la mano de su marido.

— ¡Tatiana! ¿Qué quedamos? —alzó la voz irritado— Sin golpes.

—No, déjala. Que siga haciéndolo para denunciarla y así tal vez por fin mi hermano podrá vivir conmigo —saque el celular fijándome la fecha e inmediatamente guardándolo.



Soluna~

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En el texto hay: suspenso, accion, proteccion hacia el hermano

Editado: 05.08.2019

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