Protocolo Lilian

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Capitulo Dos

― En los seres humanos, el encéfalo o cerebro es la parte del Sistema Nervioso Central que está ubicada al final de la médula espinal, dentro del cráneo. Es, en definitiva, el órgano gracias al cual podemos realizar las operaciones mentales más complejas y tener consciencia, es decir, sentido del yo. Justamente por eso dentro del encéfalo hay una gran cantidad de estructuras trabajando conjuntamente a una gran velocidad ― repite mientras recoge mi cabello en una coleta alta y pasea por la habitación sintiendo los nervios de la ocasión. ― Esto… esto… ¡¿Esto?! ¡No, lo olvidé!

― ¿Quieres calmarte? Escucho tus gritos desde mi cuarto Lilian ― el muchacho asoma la cabeza riendo.

― Olvidé el último párrafo… ― responde viéndolo.

― Tranquila, vas a poder con esto, solo cálmate. Llevas casi tres meses estudiando ― le sonríe.

― Es importante para mí y lo sabes, si obtengo una buena calificación en este último examen, tendré la posibilidad de entrar en el mejor de los laboratorios del mundo ― suelta entusiasmada y esperanzada.

― Y me sentiré orgulloso de ti, pecas ― le guiña un ojo.

― No tengo pecas, lo sabes ― ríe.

― Lo sé, pero que seas pelirroja y no tengas ni una sola peca es… extraño ― se encoje de hombros.

― No lo es, deberías estudiar un poco hermano ― pasa por su lado dirigiéndose  a la cocina dispuesta  a preparar un buen desayuno.

La despensa luce llena de cereales, galletas y demás bocadillos para agasajar el paladar, dudando un poco toma el primer paquete de diversos cereales para servir un vaso generoso con licuado de frutilla y cual niña tomar asiento sobre las sillas que rodean la isla de la cocina mientras balancea las piernas repasando mentalmente todo de nuevo. La puerta de entrada a la vivienda es tocada tres veces seguidas, escucha como Adam se encamina a la misma y al recibir al recién llegado nota el saludo de ambos, un peculiar choque de palmas que la hace sonreír de oreja a oreja; sabe perfectamente quién es y no puede evitar ponerse así cuando está con él.

Voltea lentamente, entrando en la cocina su hermano y su novio juguetean entre ellos como si tuvieran ocho años, ríe, esos dos han sido así desde el primer día en que se conocieron a pesar de la diferencia de edades; su hermano no suele ser muy sobreprotector, más que darle una advertencia o su punto de vista en cuanto a las situaciones y muchachos nunca ha pasado la línea, no es su estilo, si ella debe llevarse la pared por delante para aprender pues que así sea –o al menos eso piensa él-.

― Mírala, se pone así cada vez que estás cerca, ya ni siquiera sé si está respirando ― bromea Adam

― ¡Cállate! ― lo ve indignada, pero sonríe al final, ya se cobrará ella el favor.

― Lo sé, mi belleza ha de tenerla obnubilada ― finge dramatismo.

― Oh, señor de la conquista, patrón de los piropos gana corazones ― ríe el muchacho a más no poder.

― Ya, ¿Quieren terminar su teatro? Son dos infantiles ― rueda los ojos.

― No te enojes amor, sabes que el que está perdido por ti soy yo ― abraza a la joven con cariño.

― Me largo, no pretendo verlos intercambiar fluidos salivales ― hace un ademan con las manos y se marcha.

― Bruce, te he echado de menos ― suspira, el fin de semana lo pasó internada en su habitación y en los libros, hoy, por fin terminaba toda esa etapa… estaba a horas de graduarse.

El muchacho le sonríe atrayéndola hasta él, los labios hacen contacto, se besan con lentitud, con cariño y sin prisa… Llevan siendo pareja más de cuatro años, prácticamente desde que ingresaron a la universidad y son más que compañeros en ese duro camino que ha representado estudiar medicina y cualquier otra carrera; Lilian suspira encantada, juguetea con los rizos pelinegros del muchacho para abrir sus ojos y quedársele viendo como si no hubiera nada más importante, el chico le sonríe y acomoda algunos mechones pelirrojos que han escapado de su coleta.

― ¿Quieres desayunar? ― pregunta separándose de él finalmente.

― No, gracias, ya he desayunado ― niega tomando algunos cereales por pura gula. ― Vine a llevarte hasta la universidad.

― Gracias, en verdad me has salvado, el autobús no es de lo más puntual ―  comenta. ― Por cierto, ¿Dónde has desayunado? Pensé que estabas trabajando en las pasantías nocturnas.

― Oh, sí… ― asiente como recordando algo ―  Pasé por una cafetería de camino aquí, ya sabes, no aguanté. ― carraspea un poco mientras guarda su móvil en el bolsillo.

― ¿Está todo bien? ― Frunce el ceño ― Te ves nervioso, ¿Ha pasado algo?



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Editado: 06.12.2019

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