Prototipo M

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Tetraplejía, una sola palabra  a mis ocho años de edad   hizo introducir en mi inmaduro cerebro variedad de términos y significados; médula espinal, vértebras cervicales, rehabilitación, lesión, parálisis total. Todo para poder comprender la irreversible conclusión que habían dictaminado los médicos, mi madre no caminaría más, eso de verla correr detrás mío en juegos de ¨atrápame si puedes¨, jugar a adivina quién soy y reírme hasta más no poder cuando llegase su turno, incluso la posibilidad de sentir sus brazos alrededor de mi cuerpo, o que despeinara mi cabello con sus delicadas manos al llegar de la escuela , eso y mucho más  se había esfumado  con tan sola una palabra. Tetraplejía, puedes llevarte todo, menos los sueños.

Mamá ya no puede servirme cocoa caliente, mamá ni siquiera puede tomar cocoa caliente por su cuenta. Si algo he aprendido seis  años después de la enfermedad de mi madre, es que los superhéroes no siempre lucen fuertes, ni son los más ágiles o los más veloces, no, esa idea cambió a mis ocho años cuando comprendí que los superhéroes vienen en diferentes formas, a veces lucen frágiles e indefensos, pero con su valiente mirada te salvan el mundo, alejan todo mal, protegiéndote donde quiera que estés.

A veces, mi madre se queda con la mirada fija en algún punto, sinceramente pienso que realmente no mira nada, —está en su lucha interna— suele decir la tía Alice, por eso sé que mi madre es una de las mejores guerreras, porque luego de una larga lucha siempre sale victoriosa y sonríe, a veces suele gritar — ¡NO me rindo!— y es cierto, ella nunca se ha rendido y yo tampoco, mamá ya no puede servirme cocoa caliente, pero, ahora puedo hacerlo por ella.

Samuel, mi hermano mayor va en la universidad, él tampoco se ha rendido, al año de haber sido diagnosticada mamá, empezó a hacer cursos sobre tecnología y robótica, actualmente estudia ingeniería biomédica, quisiera ser como él. Su habitación  es como si estuviera tapizada de libros, sobre su mesa de noches, libros, debajo de la cama, libros, no bastó la estantería que hice para el sino que utiliza la ahora vacía estantería de mi padre. Libros y más libros, de todo género y tamaño, desde algebra hasta clásicos literarios, de estos últimos son los que prefiero, soy más del tipo Miguel de cervantes o Allan Poe o leer sobre ciencia naturales o anatómicas,  a Baldor o algo que se titule ¨fundamentos básicos de robótica¨  no es que no me guste, simplemente, tal cual me dice mi hermano, me he quedado atrás en una era de máquinas.

Mi hermano cuando no está en la universidad o en alguna reunión de su grupo investigativo, más bien, cuando tiene la oportunidad de estar en casa, siempre está leyendo o  hablando con mamá, más que todo ocupa su tiempo en lo primero. Samuel dice que para vivir en una era de máquinas estamos bastantes atrasados. También dice que si el ser humano pudo crear una herramienta que nos permite comunicarnos a través de hologramas, si las patinetas se elevan por cierto tiempo mientras son  usadas  y se ha modernizado  y evolucionando la maniobra de ollie, también puede usar la tecnología para mejorar y porque no, sanar las condiciones  de mi madre.  

A veces suelo husmear en el sótano, lugar de las reuniones experimentales de mi hermano con sus compañeros de clase, puedo observar muchos objetos irreconocibles para alguien anti-robótica como lo soy yo, siempre veo un diario sobre el escritorio titulado  ¨prototipo A¨ escrito por mi hermano, justo al frente de la enorme pantalla virtual del ordenador, ocasionalmente leo una que otra página, claramente, sin enterarme de nada. Hoy no encuentro el habitual diario, en su lugar uno muy parecido al anterior descansa sobre el escritorio, solo que esta vez el grabado dice ¨ prototipo B¨ paso página y al principio hay un escrito a manera de informe, ¨prototipo A, fallido¨ y una serie de indicaciones poco entendibles.

—¿Qué haces Dev?—habló  Samuel a mi espalda antes de que pudiera seguir leyendo, había estado tan concentrado observando las imágenes y garabatos del diario que ni siquiera me percaté de la presencia de mi hermano.

— ¿Qué es todo esto Sam?— Me atreví a preguntar, omitiendo el hecho de que había invadido su privacidad.

— Esto es privado, Devin, no puedes andar por ahí hurgando en el trabajo de los demás

— Va, pero ¿de qué se trata?—insistí curioso.

— Puedo ayudar a mamá.



Max Skygge

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Editado: 01.06.2019

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