Proyecto Auge

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Capítulo 1. Valeria

La mañana transcurría fría y silenciosa en las cercanías de la casa de Valeria; Aquél barrio se destacaba por ser estrictamente residencial, posibilitando dedicar parte de su mañana en la lectura, en disfrute de los primeros rayos del sol y aquel jugo de naranja, su único compañero en aquella terraza.

Desde aquél sitio, la mujer había visto unos momentos antes el paso del chiquillo de los diarios, un adolescente delgado con cabello rojo que se dedicaba a repartirlos por todo el vecindario. A propósito del periódico, era solo cosa de tiempo el encuentro entre la actualidad matutina y la mirada crítica de Valeria. Su joven hermana, de nombre Emma, apareció por su espalda a través del ventanal con la intención de saludar a su hermana mayor.

Hola, Vale, buenos días —pronunció la joven delgada, frotando sus brazos para crear calor—. Tanto frio que hace y tú tomando jugo de naranja acá afuera comentó la joven muchacha. Valeria levantó la mirada, en frente de ella se posicionó Emma, esta bostezaba con lentitud, para luego cerrar su bata cuidándose del frio.

—Buen día, Emmy. Tú sabes que siempre he sido algo rebelde, además el sol en estos días me parece agradable, es como la luz del refrigerador afirmó la mujer de más edad, despegando brevemente los ojos de su lectura y sonriendo mientras le hablaba a su hermana.

Es cierto, es luminoso como la luz del refrigerador y no calienta nada —replicó Emma.

Así es —. La psicóloga miró la hora en su teléfono tras el comentario de su hermana, cuestionando mentalmente por qué aún Aidan, su amigo desde la universidad no pasaba aún por ella.

—¿A qué hora volverás hoy? —cuestionó Emma —. Lo que pasa es que hoy quedé de ir a comer con Tomás.

Mmm, no sé, yo creo que a la misma hora de siempre, en todo caso salgo con llave así que no te preocupes, ve tranquila pero no vuelvas tan tarde, los papás podrían llamar y si no estás aquí a esa hora me va a llegar un reto tremendo —afirmó Valeria sonriendo. En el fondo confiaba mucho en su hermana.

—Sí, no te preocupes, sólo iremos a comer pizza —contestó su hermana de forma confiada. El carácter dócil y educado de Emma siempre había sido la debilidad de Valeria, estas eran totalmente diferentes pero siempre se habían llevado bien, mejor que con su otro hermano, Constantín, quien era un investigador político pero que residía en Emilenium, una Megalópolis ubicada hacia el oriente.

La mujer entonces continuó leyendo la penúltima página que hablaba sobre política, justamente cuando Valeria se dispuso a cambiar de hoja, un claxon de automóvil se escuchó afuera dando aviso a la mujer para marcharse.

Valeria trabajaba en un hospital comunitario, especializado en atender casos de drogadicción y otras conductas de riesgo. El principal objetivo del programa, era proporcionar atención integral a los usuarios.

Durante el día, la coordinadora del proyecto en Adrussia, se iba a presentar en el hospital, para conocer las instalaciones, evaluar ciertos puntos y atender los problemas que solían presentarse en estos lugares, en esta oportunidad el problema parecía ser entre compañeros de trabajo. Es por esto que Valeria, como directora del hospital comunitario debía pasar al aeropuerto por la coordinadora nacional programática, la doctora Maureen Reeves.

En el exterior de la casa de Valeria, se encontraba el automóvil de Aidan esperando por la aparición de la psicóloga, ambos iban a pasar por la doctora, se les daba bien trabajar en equipo.

Aidan y Valeria se conocieron en la Universidad, su amistad dio pie para que se gestara el proyecto del hospital con la ayuda de ambos, desarrollando con los años la estructura política que terminó creando la red de hospitales comunitarios.

Valeria al escuchar el claxon de su amigo afuera de la casa por segunda vez, se levantó del asiento y dejó ahí el diario sin terminar de leer, sin percatarse que más adelante podría encontrarse con otras noticias lo suficientemente escabrosas como para cambiar el juego en todos sus niveles. Sin embargo, la única explicación como para que algo tan delicado sea publicado en una zona poco privilegiada del papel, era tratar de minimizar los alcances. Al parecer los problemas eran para las personas como un asteroide, algo así como un gran objeto el cual no era visible hasta que estuviese lo suficientemente cerca.

La mujer caminó a la calle con su cartera y otro bolso en la mano, de impecable gris Valeria se trasladó hasta el vehículo de su amigo hasta donde subió con calma. Una vez adentro, el también psicólogo la saludó, notando en la mujer una actitud extraña que indicaba su molestia.



Adrián Valenzuela

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En el texto hay: infectados, caos, guerra

Editado: 26.12.2018

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