Punto Sin Retorno (lgbt)

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La Princesa Desdichada Que Murió Por Amor

Capítulo lll

La princesa desdichada que murió por amor

 

Por que me voy más y más profundo,

Más y más difícil,

Me hago más y más oscura,

Buscando por amor

En todos los lugares equivocados” – Lana del rey // The blackest day

 

El viaje en avión tardó mas de lo acostumbrado. Arribaron a su destino con tres horas de retraso. Erick estaba exhausto, solo quería llegar a casa de sus padres y descansar. Parecía cómo si todo lo raro que le había sucedido hubiera desaparecido una vez que puso los pies en la ciudad que lo vio crecer. Le hizo una seña al taxi que estaba por pasar en la calle, éste se detuvo y Erick subió en él.

Una vez le indicó a donde ir, le preguntó por el precio, el cuál, ciertamente, era muy elevado. Pero Erick podía gastar un poco más ésta vez, ya que solo quería llegar a casa.

Tomaron los puentes elevados, hasta terminar en la autopista. Se dio cuenta que tal vez había heredado el gusto de vivir en la lejanía de las urbes, ya que sus padres vivían a cuarenta minutos de la ciudad, en mitad de nada y de nadie.

Se dio cuenta que la noche era más oscura ahí, ya que las estrellas se podían ver en todo el firmamento. De pronto, una bocina de claxon sacó a Erick de sus pensamientos. Era una camioneta azul, con aspecto bastante viejo, que iba a unos metros detrás.

Erick trató de ver quien conducía, pero las luces altas le cegaban completamente. El conductor de la camioneta comenzó a tocar repetidamente la bocina, y el chofer del taxi comenzó a ponerse nervioso. La carretera estaba sola, los únicos dos autos que estaban eran ellos.

Erick notó que el conductor de la camioneta se asomaba por la ventanilla, en su sombra, parecía que llevaba algo en la mano. Vio como hizo el movimiento de lanzamiento, y una gran hacha oxidada se clavó en la parte de atrás del taxi. Los cristales rotos y el sonido de metal rompiéndose, hicieron que instintivamente Erick se cubriera con los brazos. El chofer del taxi dio un grito, y maldijo por la integridad del taxi.

Cuando Erick levantó la mirada, la camioneta se acercaba velozmente, y después vino un estruendo. El taxi giraba sobre la hierba húmeda, iba colina abajo, y Erick maldijo por no haberse abrochado el cinturón de seguridad. Después, todo lo que vio, fue oscuridad.

Cuando despertó estaba en una cama de hospital, con una bata blanca y una mano enyesada. Trató de levantarse, pero su columna crujió como si se la hubiera roto. Se volvió a recostar. Entonces llegó la enfermera.

“Veo que ya estás consciente”, dijo con una sonrisa, mirándolo fijamente. “Eso es muy bueno”.

“¿Qué sucedió?”, preguntó Erick con un hilo de voz.

“Has sufrido un accidente en la autopista, el auto quedó hecho añicos”, respondió la enfermera mientras examinaba los paneles conectados a Erick. “Yo le daría gracias a Dios, el chofer del taxi no tuvo tanta suerte como usted”.

“¿Ha muerto?”, preguntó Erick preocupado.

“Me temo que si, cuando la ayuda llegó, el ya se había ido”, dijo la enfermera, anotando cosas en su tablilla mientras le observaba.

Entonces entró una señora vestida en traje azul, elegante pero no costoso. La enfermera le iba decir algo, pero ella se apartó el chaleco para dejar ver una placa de Policía. Fue entonces cuando la enfermera se fue, dejándolos solos en la habitación.

“Me llamo Eve, soy detective”, dijo la mujer con cabello corto y rubio, se veía años mayor con el maquillaje que llevaba en la cara. “Soy detective, y estoy aquí para hacerte algunas preguntas”.

“Pero, creo que está claro que ha sido un accidente, señorita”, respondió Erick frunciendo el ceño.

“Algunas cosas no nos han quedado claras”, dijo y sacó una pequeña libreta y un bolígrafo. “Comencemos con tu nombre, ¿Cuál es tu nombre?”.

“Me llamo Erick Treelight”, contestó Erick.

“Bien, Erick, necesito que me digas detalladamente lo que sucedió ayer por la noche”, dijo Eve, con tono de exasperación.

“Bueno, llegué al aeropuerto a las siete de la noche, no hice exactamente nada fuera de lo común, solo quería llegar a casa de mis padres”, hizo una pausa, y la detective le hizo una seña para que continuara. “Tomé un taxi frente al aeropuerto, y le indiqué la dirección, tomó la desviación a la autopista, y cuando manejaba por ella, esa camioneta apareció de la nada”.

“¿Cómo era ésta camioneta?”, interrumpió la detective.

“Era un modelo viejo, una camioneta Ford, de color azul, de aspecto viejo y oxidado”, contestó Erick, mientras la detective miraba la libreta.

“¿Qué sucedió después, Erick?”.

“Bueno, todo iba bien, hasta que llegó la camioneta”, hizo una pausa, frunciendo el ceño, como si quisiera recordar lo que había pasado. “Se acercó al taxi a toda velocidad, con las luces altas y sonando la bocina, llamando la atención, nos quería poner nerviosos…



Albert

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En el texto hay: amorjuvenil, lgbt, amor maldito

Editado: 15.07.2018

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