Punto Sin Retorno (lgbt)

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A Las Puertas Del Infierno

Capítulo X

A las puertas del infierno

 

“Y, oh, ¿Cómo pudiste hacerlo?,

Oh, yo, nunca lo vi venir,

No, oh, necesito un final,

Entonces, ¿Por qué no puedes quedarte

Lo suficiente para explicarte?”- When it rains // Paramore

 

 

 

Alex se despertó al no sentir movimiento del auto. Erick seguía profundamente dormido. Levantó un poco la cabeza para ver en donde estaban. Era un paisaje árido, lleno de colinas y arena. Alex pensó que las botas de trabajo que no había cargado antes de salir de casa, le vendrían bien en ese momento. Observó que traía un suéter que no era suyo, era largo y con un gorro grande, todo de color gris. Se acercó al oído de Erick y le acarició la mejilla.

“Erick, creo que debes despertar, nos hemos detenido”, le susurró en el oído, y Erick abrió los ojos perezosamente.

“Espera aquí, iré a ver qué sucede”, dijo Erick, incorporándose lentamente, tratando de dejar el sueño atrás. Alex asintió con la cabeza, tratando de sacudir el sueño de sus ojos. “Por cierto, me gusta como cantas, Alex”, agregó Erick, mientras abría la puerta de la camioneta, haciendo que Alex se ruborizara un poco.

Alex se dio cuenta que sus armas se habían quedado en la casa, y maldijo en su cabeza. Cinco minutos después, Erick y Herald aparecieron en la puerta, cargando una mochila en sus hombros. Alex bajó de la camioneta, y Erick le extendió su mochila.

“No podemos continuar en auto desde aquí, tendremos que caminar hasta la entrada”, dijo Herald.

“Tus armas están en la mochila, de hecho, he puesto dentro todas tus cosas”.

“Gracias Erick, pensé por un momento que las había perdido”, dijo Alex, aliviado. Agarró la mochila y la puso en sus hombros. Era más pesada de lo que solía recordar.

“Puse dentro algunas cosas de utilidad, por cualquier cosa”, dijo Herald, y Erick le volteó a ver, contrariado.

“Te conozco, sé que no es verdad”, dijo Erick a Herald. “Lo hiciste, porque no sabes dónde está la entrada, ¿verdad?”.

“Bueno, la última vez que la busqué, era solo yo”. Los dos chicos le miraron, confundidos. “Ahora somos tres, esa es la diferencia”, argumentó Herald.

“Creo que alguien está empezando a confiar en ti, Alex”, dijo Erick, con una sonrisa en los labios. El padre de Erick se volteó inmediatamente para empezar a caminar.

Los chicos siguieron a Herald, desde un camino lleno de arbustos espinosos, hasta pasar por entre las grietas de un cañón y llegar hasta una entrada después de cuarenta minutos de caminata.

La cueva no era demasiado grande, pero era muy oscura. No se podía ver el interior. Antes de entrar a la cueva, el padre de Erick se detuvo en seco, y volteó a ver a los muchachos.

“Recuerden, no se separen por ningún motivo de mi… y en sus mochilas hay bengalas, por si la luz de las linternas se apaga”, les ordenó. Erick puso cara de duda.

“Pero, las linternas se apagan si no tienen batería, así que debemos ir muy profundo para que suceda”, dijo Erick, tratando de tranquilizarse a la idea de estar allá abajo sin luz.

“Créeme, las linternas no durarán”, respondió Herald, con aire de sabiduría. Se volteó hacia donde la cueva estaba, y encendió la linterna en su mano, para entrar en ella. Alex y Erick le siguieron, hasta llegar a una parte donde la luz de las linternas no era suficiente para iluminar el camino.

Alex permaneció agarrado de la mano de Erick, mientras caminaban entre rocas de sombras alargadas, y la total oscuridad invadida por el silencio.

Lo único que Alex podía escuchar, eran los pasos firmes en la roca, que los tres emitían. Siguió caminando, pero su linterna se apagó de repente. Alex se aferró de la mano de Erick, y siguió caminando en la oscuridad. El túnel por el que caminaban, parecía ser recto, sin curvas u otros túneles. Además, parecía interminable. La linterna de Erick comenzó a apagarse, hasta quedarse totalmente oscura. Erick la arrojó a un lado, y jaló a Alex hacia él, abrazándole con una mano.

“Demonios, no hemos bajado lo suficiente y ya empieza a hacer frio”, le dijo Erick, y Alex no pudo estar más de acuerdo. La temperatura había disminuido en los últimos treinta minutos. En ese momento, el frio les congelaba la sangre. Siguieron caminando, hasta que la linterna de Herald también se apagó, dejándolos a oscuras. Una leve brisa pasó a través del túnel, era helada, y parecía traer consigo susurros, voces que decían muchas cosas, pero al mismo tiempo, no significaban nada.

Una luz roja se encendió tras un chasquido. Era Herald, que sostenía una bengala en la mano. Volteó hacia donde los chicos, y les indicó que siguieran con la cabeza. Los tres continuaron caminando, hasta que una luz tenue apareció en el fondo. Parecía ser del exterior, pero cuando llegaron, se dieron cuenta que era una grieta en el techo de una caverna que dejaba pasar la luz, iluminando un gran agujero en el suelo.



Albert

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En el texto hay: amorjuvenil, lgbt, amor maldito

Editado: 15.07.2018

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