Punto Sin Retorno (lgbt)

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Vicios Irascibles: Acedia

Capítulo XIII
Vicios Irascibles:
Acedia


Como lo había esperado, las puertas principales no estaban, así que se adentró en el enorme edificio gris. Entró a la recepción, donde unos sofás raídos y un escritorio viejo parecían mas normales de lo normal. No sabía exactamente donde se encontraba, pero un extraño ruido lejano se reproducía repetidamente, como si empujaran algo, y lo dejaran caer violentamente. Sabía que pronto descubriría lo que era aquel ruido particular. Había dos entradas, dos caminos a donde ir, pero Alex decidió ir por la derecha, lo que le pareció más conveniente.
Había varias habitaciones en las que no había absolutamente nada fuera de lo común, pero conforme se adentraba en el complejo, las cosas comenzaban a tornarse familiarmente raras. Echó un vistazo dentro de una de las habitaciones, y vio con claridad que fungían como oficinas. Esa en especial tenía un enorme escritorio frente a un librero de madera, que parecía tratar de esconder la ventana, obstruyendo su vista. En el escritorio se encontraban papeles y portalápices, todos vacíos. También había una radio antigua. Entró en la oficina, y revisó los papeles, que parecían manchados de cenizas. Todo estaba lleno de ceniza. Levantó el montón de hojas, y las hojeó una por una, hasta encontrar una con un mensaje escrito con hollín. Él observa todo, lo escucha todo, lo sabe todo. Le pareció muy raro.
Cuándo se disponía a salir de la oficina, la radio empezó a transmitir estática. Alex dio un salto de sorpresa. Realmente no lo esperaba. Regresó cautelosamente hacia el escritorio, como si esperase que un monstruo saliera de la radio. Extendió una mano hacia el botón de apagado.
“¡Ayuda!, Alex, por favor, haz que de detengan”, la voz era de Fern, Alex dio un brinco hacia la radio.
“Fern, ¿me escuchas?, Fern”, estaba agarrando el aparato con las dos manos, hablándole. No hubo ninguna respuesta, lo único que se escuchaba era estática. Fern estaba en ese lugar también, y parecía que estuviese pasándola mal. ¿Cómo es que terminó ahí?. Apagando la radio, salió de la oficina, mas confundido de lo que ha estaba.
Siguió recorriendo los pasillos, hasta ese momento, parecía que estuviese perdido. Ya había dado varias vueltas en círculo, o al menos eso creyó él. El sonido repetitivo y estridente le hacía tener escalofríos. Era la manera en la que se escuchaba, constante y frío. Pero extrañamente, estaba yendo hacia ese sonido, como una polilla a una linterna. De alguna manera tenía que averiguar que era lo que pasaba ahí.
Cinco minutos después de caminar y buscar pistas, entró en un pasillo amplio. El sonido extraño era cada vez más alto, poniendo su piel de gallina. Al final del pasillo había una gran entrada, la cual resplandecía. Pareciese que había una fogata adentro. ¿Qué tipo de fuego produce ese sonido?.
La luz le cegó los ojos por un instante, y con una mano cubriendo su cara, entró a un amplio salón. A primera vista, pareciese que estaba lleno de personas, pero mientras sus ojos se acostumbraban a la luz, se detuvo en seco. No eran personas, parecían personas. Estaban paradas una al lado de la otra, frente a extensas bandas transportadoras con lo que parecía ser basura. Usaban unos aparatos del techo, haciéndolos bajar con sus garras en forma de manos, para aplastar la materia prima. Eso era lo que producía ese ruido característico.
Se acercó cautelosamente a las criaturas. Tenían la piel muy dañada, de color marrón. Habían sido víctimas del fuego. Parecía que no notasen su presencia, ya que Alex estaba caminando entre ellas, pero no le prestaban atención. Mientras trataba de averiguar qué era lo que hacían, divisó una puerta elevada, por la que llegaban unas escaleras de metal. Todo parecía lleno de hollín, a cualquier parte que miraba, una fina capa de hollín lo cubría todo. Se dirigió a la puerta.
Mientras se abría paso entre las criaturas, tropezó torpemente, y empujó a una de ellas, sacándole de su alineación perfecta. Alex pudo imaginarle golpeándole hasta la muerte, pero en vez de ello, se sentó y comenzó a sollozar. Parecía terriblemente asustada.
Alex trató de hacerla levantar, apenado. La criatura rechazaba su ayuda a zarpazos, chillando desde el suelo, como si su contacto le doliera. Entonces le vio a los ojos. Los ojos más raros que había visto jamás. Era como si la oscuridad dentro de ellos reflejara una galaxia dentro, como una ilusión o espejismo.
Decidió dejarlo en paz. Aunque el se preocupara, parecía que todos estaban muy ocupados para hacer caso.
“ ¿No van a hacer nada por él?”, las criaturas ni le escucharon. 
El suelo comenzó a temblar ligeramente, como si sus adentros latieran, cada vez más fuerte. Algo se acercaba. Alex corrió a esconderse instintivamente, ocultándose detrás de una de las bandas transportadoras. No era como si fuera a esperar a lo que venía, conocía ese tipo de lugares, y no sería nada bueno.
Agachado detrás de una de las criaturas, pudo ver con horror como un hombre alto se acercaba. Era corpulento y enorme, se movía con dificultad entre las criaturas, empujándolas y haciéndolas caer. Cuando llegó cerca de la criatura que estaba en posición fetal tirada en el piso, la miró detenidamente, dando un bufido de animal. Estaba furioso. Entonces la agarró con una mano por el cuello, y comenzó a desgarrar su carne con la otra, salpicando sangre y tejidos por doquier, mientras la criatura solo producía sonidos ahogados y trataba de liberarse. 
Con un gesto de horror, Alex retrocedió, escondiéndose de la vista tan visceral que observaba. Cuando el ruido de carne cesó, los pasos de la criatura enorme se dirigieron hacia una de las salidas. Alex alzó la cabeza, y cautelosamente se dio cuenta que se había ido. La criatura pequeña estaba descuartizada en el piso, dentro de un enorme charco de sangre y tripas. Alex se dirigió a las escaleras metálicas, tratando de rodear el desastre. La criatura no estaba totalmente muerta. Sus extremidades se retorcían por el suelo, buscando el tronco de su cuerpo entre la sangre. Volvió a ver la criatura a los ojos. Mala idea. Ya no eran negros, eran de un color lechoso, como la niebla. Desenfundó su pistola, y apuntó a la frente de la criatura, o lo que quedaba de ella. Un solo disparo bastó para hacerla desaparecer por completo, transformándola en humo. El disparo sonó en todo el recinto, haciendo eco sonoro en las paredes.
Alex recordó a la criatura enorme, y un escalofrío recorrió su espalda.
“ ¡Alex!, ¡Ayuda, aquí arriba!”. Los gritos parecían venir de arriba, por donde las escaleras estaban. Esa voz, era familiar. Fern, ¿Qué está haciendo aquí?. Se dirigió trotando hacia el comienzo de las escaleras, con la pistola entre las manos. Podía ser una especie de trampa, y no podía arriesgarse, pero, ¿Qué si era verdad?.
Se posó junto a la entrada del cuarto al final de las escaleras, preparándose para lo que fuera que estuviese adentro. Los gritos seguían llamándole por su nombre. Dio un profundo suspiro, reuniendo sus fuerzas, y entró con el arma en el aire frente a él. En el cuarto había solo una silla en el medio, fijada con cadenas oxidadas que se sostenían de las paredes vacías. En la silla había alguien sentado, Alex solo podía ver su nuca. Rodeó lentamente la silla, pasando entre la red de cadenas, tratando de verle la cara. Había un cuchillo enorme tirado en el suelo, lo que le dio un mal presentimiento. Era una trampa.
El cabello de la persona que estaba sentada le caía en la cara, y su cabeza estaba fijada para estar inclinada por unos grilletes en su cuello. Acercó una mano lentamente a su rostro y apartó un mechón de cabello. El suelo estaba temblando de nuevo. La criatura enorme estaba cerca, y parecía avanzar hacia ellos cada vez más. Apartó una cantidad grande de cabello y vio su rostro. Parecía una extraña broma sádica. Era el rostro de Fern. Guardó su pistola, y desenfundó su espada.
“ Alex, que bueno que estás aquí, estaba aterrada”. Cortando los grilletes de su cuello con la espada, retrocedió unos pasos para observarle mejor. Quién fuera que fuese, se parecía terriblemente a su amiga. Le apuntó con la espada. Ella le vio exasperada.
“ Vamos, idiota, soy yo, Fern”. Dijo ella. Alex no bajó la espada.
“ ¿Cómo puedo saber eso?”. Ella giró los ojos, como si la respuesta fuera más obvia que una operación matemática.
“ Porque soy yo, tremendo asno”. Definitivamente era ella. Los pasos del monstruo eran cada vez más audibles. Un extraño rugido hizo que las cadenas tintinearan, paralizando a Alex. No por miedo, sino por el tremendo sonido que producía. Rápidamente comenzó a cortar las cadenas con su espada, hasta dejarla libre. Ella se levantó y corrió directamente al cuchillo. De un salto, Alex lo alcanzó antes que ella lo hiciera. Ella le miró enojada.
“ ¿Aún no crees en mí?”.
“ ¿Para qué querrías un cuchillo?”.
“ Para defenderme, tarado”.
La criatura enorme entró por la entrada, mirándolos detenidamente se detuvo en el umbral. Tenía una cara pequeña y sin mandíbula, pero parecía particularmente agraciado. Alex se petrificó. Tal vez se vaya si no nos detecta, tal vez es tonto.
La criatura cargó contra ellos. No era para nada estúpida. Alex trató de esquivar su ataque, pero un ligero golpe le hizo caer de espalda contra la pared, causándole un golpe en la nuca y un gran dolor que le recorrió hasta los tobillos. Vio que Fern había tomado el cuchillo, que Alex había tirado accidentalmente, y se dirigía a la salida, cuando la criatura volteó y la agarró de una pierna, alcanzándola en su carrera a la libertad. Alex se incorporó, sintiendo que el mundo era irreal a su alrededor, comenzó a caminar hacia la criatura. Fern estaba colgando de cabeza frente al monstruo, que le olfateaba curioso. La acercó a su cara desfigurada para verle mejor, pero Fern le atacó con el cuchillo en la cara, causando que la liberara. 
Mientras Fern estaba en el piso, viendo a la criatura cubrir su cara con sus manos, Alex se recuperaba. Desenfundó su pistola y comenzó a disparar. Las balas rebotaban en la pared de atrás, y muy pocas en el cuerpo de la criatura. Dio gracias a dios por que Fern estaba en el suelo a cubierto. Cuando la pistola dejó de escupir, aún cuando Alex seguía presionando el gatillo, y la criatura parecía no haber sufrido ningún daño, Fern se levantó del suelo y comenzó a correr hacia donde Alex estaba, colocándose detrás de él. 
La criatura apartó sus manos de la cara, y los vio. Su mirada era más profunda y furiosa que antes, y ellos estaban en un callejón sin salida.
“ ¿Y ahora qué, Alex?”, preguntó Fern, que parecía más asustada que nunca. De hecho, Alex jamás la había visto en ese estado. Tenía una mano en su hombro, y estaba temblando como nunca. Claro, incluso él estaba asustado.
El monstruo se acercó lentamente a ellos, como una pantera con la certeza de haber acorralado a su presa. Una gran explosión se escuchó afuera, como si el fuego hubiera inundado la sala, un resplandor amarillo lo cubrió todo, llenando a la habitación de un gran estruendo. La criatura se detuvo, y Alex la miró algo cegado por la explosión. Entonces, dio la vuelta y salió apresurado por la salida. No lo acababa de entender. Casi los había matado, y en el último momento, corría. ¿Qué extraño?. 
Los dos chicos se dirigieron a la salida. Fern se cubría tras de Alex, con el cuchillo en la mano. Afuera se escuchaba un alboroto, como si un desfile estuviera pasando fuera. Un desfile de elefantes. Otra explosión cimbró el aire de tensión, y por poco y los hace retroceder un paso. Cuando llegaron al umbral de la puerta, pudieron ver de que se trataba. Afuera, bajando las escaleras, las criaturas que habían estado en líneas perfectas, ahora estaban regadas por todos lados, golpeando y destrozando todo.
“ Tenemos que salir de aquí, rápido”, dijo Fern, haciendo más notable lo obvio.
Alex barrió la sala, pero no podía ver nada más que cientos de criaturas luchando.
“ Allá, tal vez sea por ahí”, Fern señalaba un pasillo. Increíble. Llegar a ese pasillo significaba pasar por entre esas cosas. Por entre docenas de esas criaturas. 
Como si los hubieran olido, las criaturas voltearon a ver hacia arriba. Hacia donde estaban ellos. Dejaron a un lado lo que hacían, y comenzaron a aglutinarse en la escalera, queriendo alcanzarlos. Alex sostuvo la mano de Fern, y desenfundó su pistola, dando tres disparos hacia donde las criaturas, sin un objetivo específico. Se concentró y subió rápido al barandal de las escaleras. Fern intentó protestar, pero Alex la jaló firmemente. No es como si quisiera saltar tres metros hacia una multitud de monstruos. Cuando los dos saltaron, Fern sintió morir. Cerró los ojos, pero no sintió el suelo. Cuando los abrió, se dio cuenta que estaban flotando sobre las criaturas, que trataban de estirarse y alcanzarlos. Usando toda la concentración que podía, Alex los hizo dirigirse a donde estaba la entrada.
Una de las criaturas le alcanzó el tobillo cuando descendían, haciéndolos caer al suelo con un golpe sordo. Alex ayudó a Fern a incorporarse, y con el arma en mano, disparó a las criaturas, que se amontonaban para alcanzarlos. Algunas de ellas caían y se hacían humo, las otras seguían insistiendo. Sin mirar atrás, los dos se apresuraron a alcanzar el fondo del pasillo, que no podían divisar del todo. Siguieron corriendo, perseguidos por el montón de monstruos que no se acercaban con buenas intenciones.
Al regresar la mirada, Fern vio al monstruo más grande, luchando fieramente con los más pequeños, que le atacaban de todas direcciones. Esa distracción les dio unos preciosos segundos para llegar a la puerta al final del pasillo. Y en efecto, ahí estaba su escape.
“ Vamos, Fern, ya falta poco”, gritó Alex, al sentir que Fern disminuía su marcha. Pero Fern se detuvo.
“ No puedo, Alex”. El le miró desconcertado. “ Tú ya encontraste tu batalla, pero creo esta es la mía”.
“ ¿De qué estás hablando?”. Le dijo el, soltando su mano y deteniendo su carrera para mirarle a la cara.
“ De alguna forma, siento que este es mi deber… tengo que quedarme a liberar estas almas”, dijo Fern, y Alex vio la determinación en sus ojos que tanto le caracterizaba.
“ No te voy a dejar, Fern, no de nuevo”.
“ Vete, tu eres quién debe encontrarle, ve y búscalo, yo podré encontrar mi camino de regreso”.
“ No”, Alex sentía un nudo en la garganta. Podía ver al monstruo grande aún luchando, y algunas criaturas pequeñas la pasaban de largo, dirigiéndose a donde ellos estaban.
“ No tienes tiempo, Alex, Vete ahora mismo… por favor”, Alex no lo entendía. “ Vamos, Alex, vete, estaré bien, te lo prometo”. Pudo ver algo en su mirada, algo que le hacía sentir seguro. Era esa la mirada que el había tenido cuando le dijo a ella que lucharía por Erick.
“ Júrame que regresarás, que estarás bien”.
“ Te lo juro, estaré bien… ahora vete”. Tras dudarlo, Alex comenzó a caminar hacia la puerta, sin dejar de verle.
“ Te amo, Alex”, dijo ella.
“ Yo también te amo, Fern, ten mucho cuidado”.
“ Nos vemos cuando lo hayas encontrado, ¿ok?”.
Alex asintió, y se dio la vuelta. Sentía que sus lágrimas comenzaban a querer salir, pero las contuvo. Otra vez perdería a su mejor amiga. Pero estaba seguro que estaría bien, algo se lo decía en sus adentros. Comenzó a correr mas rápido, ya solo era cuestión de metros para alcanzar la puerta.
Cuando giró el pomo de la puerta, escuchó a Fern gritar. Abrió la puerta, y antes de cerrar, divisó a Fern con el cuchillo en la mano, cortando a una de las criaturas. Definitivamente, ella estaría bien. En la vida real nadie era fuerte, pero en ese lugar, dependía de ti mismo serlo. Y ella lo era.
La puerta se cerró, y volvió destruirse, dejándolo paralizado frente a ella.



Albert

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Editado: 15.07.2018

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