Quédate a mi lado

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♥ Preludio | ¿Te quedarías?

♫ Stay with me - Sam Smith 

Hay ocasiones en que el mundo se detiene abruptamente haciéndonos pensar si todo va bien, si el piso está en el lugar correcto.

Nunca me sentí como ahora, así de inestable y necesitando un poco de oxígeno para afrontar la estúpida idea que pasaba por mi cabeza. ¿De verdad estaba pensando semejante barbarie?

Quiero respirar pero no puedo hacerlo si sigo mirándolo como lo hago, no puedo siquiera moverme porque algo me detiene frente a él. Se ve... simplemente no lo reconozco.

Ese es Daniel Kasell, el hombre que siempre fue mi mejor amigo y que ahora está a punto de casarse con Renata Dost. 

¿Qué me está ocurriendo?

Desde hace unas semanas estuve dudando de querer ser madrina de una boda, no me gustaban ese tipo de cosas pero cuando él me dio la noticia simplemente sentí un balde de agua fría cayéndome encima. Llevaba tiempo sintiendo cosas diferentes y extrañas, sensaciones inexplicables cuando Daniel se acercaba a mí y, extrañamente, me gustaba.

Ahora tengo miedo, de esos que te erizan la piel y te revuelven el estómago de manera horrorosa. No quiero aceptar lo que todos ya saben, pero es verdad y me es necesario decirle lo que siento. 

Hace cinco minutos estaba detrás de esa puerta esperándolo afuera y tomando las agallas para confesarle que por fin había encontrado al amor de mi vida -después de inmensas citas desastrosas que él conoció-; me es indispensable decirle que mariposas revolotean en mi estómago desde hace tiempo, desde que lo compartíamos todo, aunque solo nos viéramos como mejores amigos.

Sofía, increíblemente, se enamoró de quien juró en algún momento era como su hermano. Sofía está pensando en pedirle al novio que se vaya con ella muy muy lejos para olvidarse de todo y darse una oportunidad. Sofía, esta Sofía que ahora tiembla como jamás lo imaginó porque nunca ha sido buena con las palabras, está perdidamente enamorada... y sé que es muy tarde para aceptarlo.

-Entonces, Sof, ¿me ayudarás con la corbata? Todavía soy muy novato. -Su voz me saca del ensueño; pude ver su sonrisa gracias al reflejo del espejo.

Seguía parada detrás de él, en el umbral de la puerta y sin decir palabra alguna.

Caminé lento, mis piernas pesaban mientras algo golpeaba en mi estómago.

-Sí, bueno, eso creo.

Comencé a enredar la corbata como había aprendido gracias a que he practicado toda la vida con mi padre y hermanos.

-Siempre has sido tan torpe, Dan.

Volví a posar mis ojos sobre los suyos e inevitablemente lo dije, sin filtro que pudiera suavizar las cosas. No dejé de mirarlo porque me perdí en ese café que hacía a sus ojos parecer dos chocolates amargos.

-No -terminé el nudo-, no lo hagas. Por favor.

Su gesto se convirtió en una sonrisa graciosa al no entender mis palabras, y que poco a poco convirtió en seriedad al ver que me quedé callada. Maldije mil veces por decir esto justo ahora. 

No habló y yo moría por dentro; quise llorar pero algo me lo impidió.

-¿De qué hablas?

Callé, no quería amargar su día, ese que sabía era el mejor de su vida.

-Te pregunté algo, Sofía Valent. ¿De qué estás hablando?

»¡Maldita sea, respóndeme! -dijo exaltado mientras yo solo lo miraba.

Y la opresión en el pecho creció más hasta el punto en que comencé a ver borroso; un nudo en la garganta me impidió responderle. 

Lo vi sentarse en una banca cerca de la puerta y dirigir su mirada al suelo, me dolía verlo así y más sabiendo que era mi culpa.

-¿Desde cuándo? -volvió a preguntar más calmado.

Pasé saliva en seco.

-Hace unas semanas o quizás... meses, no tengo idea, solo sé que cuando me contaste respecto al compromiso algo se rompió en mi interior, me dolió como la primera vez que nos molestamos.

Me senté a su lado sin tocarlo ni verlo a los ojos, solo observando sus manos entrelazadas y poniéndose blancas de tanta fuerza que hacía.

-Lo siento Dan, sé que no es el mejor momento pero debía decirlo. Mientras estaba allá afuera pensaba y trataba de resignarme ante la idea, sabía que en cuanto dieras el "sí" la esperanza moriría; luego te vi aquí frente al espejo sonriendo como siempre lo haces y sabía que no podía quedármelo callada.

»Te amo Kasell, te amo sin saber cómo ni cuándo, sin explicaciones y solo sintiendo que me hará falta una parte de mí si hoy te casas. Te amo Dan porque representas todo lo que siempre busqué y, que por algo que hoy comprendo, jamás encontré. Te amo Daniel Kasell aunque exista la posibilidad de que desde hoy deba verme obligada a callarlo y jamás volver a tocar el tema. Pero si sientes lo mismo solo bastará eso para ser feliz y salir de aquí a algún lugar donde podamos empezar de cero para darle la oportunidad a lo que nace, a esto que siento en el corazón.

Sequé mis lágrimas con el dorso de la mano.



Valeria Zúñiga

Editado: 23.01.2019

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