Quédate a mi lado

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01 ♥

♫ The scientist - Coldplay 

"Todos tenemos algo que nos hace especiales."

Lo conocí cuando teníamos seis años. Mi mamá dice que siempre me he caracterizado por ser un poco agresiva; cuando él quiso jugar conmigo no fue la excepción: lo golpeé. Él solo sonrió.

♥♥♥♥

Él era nuevo en el salón; recuerdo cuando la profesora lo presentó y señaló su lugar en la fila a lado de la mía.

Nunca fui de tener muchos amigos, pocos a los que les hablaba y, por alguna extraña e inevitable razón, solo convivía con los chicos. Era como sentirme protegida porque las niñas eran demasiado tiernas y cursis, muy empalagosas para mí; en cambio, los niños tenían costumbres raras como ver películas de acción o jugar luchas, eso sí que me gustaba.

Ese día estábamos jugando fuerzas, iba ganando —a veces creía que los niños me dejaban ganar—; Daniel se acercó y, temeroso, preguntó si podría jugar. Todos nos miramos y al final aceptamos.

—De acuerdo, Kastell, solo te advertimos que ella —señalaron hacia mí— es bastante ruda.

Daniel sonrió y se sentó frente a mí. Una sonrisa tan tierna y brillante que no desee otra cosa más que quitársela.

Colocamos las manos en posición y Derek dio la salida—. No me dejes ganar, pastel.

Dicho eso él empleó más fuerza y sentí como si me estuviera ganando, él no sería tan fácil como los demás.

Unos minutos después mi brazo tocó el suelo donde nos recargábamos, me miró de una forma extraña, se levantó cuando la chicharra sonó y justo cuando pensé que alardearía de ganador solo me dedicó unas palabras—, soy Kastell, no pastel.

Por alguna razón me enojé y le di un golpe en el brazo. Paró en seco y me miró, pensé que me devolvería el golpe pero no, todo lo contrario.

—Dan —extendió su mano.

Lo miré extrañada, nunca antes nadie me había hablado tan tranquilo como él.

Con recelo le tendí la mía—. Sofía —sonreí tímida y Dan hizo lo mismo pero con una seguridad que me causaba gracia.

Bien, ahí fue que nació algo que, sin quererlo, se convertiría en la mejor amistad del mundo.

Todo el primer y segundo año no volvimos a dirigirnos palabra porque lo habían cambiado al frente del salón —sí, no era mucho impedimento pero yo no buscaba plática en ese tiempo

Todo el primer y segundo año no volvimos a dirigirnos palabra porque lo habían cambiado al frente del salón —sí, no era mucho impedimento pero yo no buscaba plática en ese tiempo. Solo unos cuantos saludos y despedidas casuales; entrado el tercer grado algo cambió.

Siempre ponía atención en clases, podía ser un desastre fuera del aula pero dentro me transformaba. La materia favorita era español porque leíamos libros que había en el salón, esa era mi parte favorita del día.

—Hola —preguntó acercándose a mí.

—Hola Kastell, ya, ¿lo dije bien? —me mofé.

Se burló y afirmó moviendo la cabeza —Sí, sí, Valent, lo dijiste bien.

»Vale, tengo una duda, ¿sabes matemáticas?—se metió el lápiz a la boca y lo mordisqueó un poco.

Exageré mis gestos —¿tú qué crees? —guiñé un ojo.

—Sinceramente puedo decirte que no, no tienes ni la menor idea de lo que acaba de pedir la profesora.

Reí fuerte provocando que todos voltearan a vernos.

—Estás en lo cierto Kastell, pero seguro tú tampoco.

Arqueó las cejas y me dedicó una mirada, la primera de tantas que jamás olvidaría. —¡Para nada Valent, si hay algo que me guste son las matemáticas!

Caminó de regreso a su lugar extremadamente erguido, como sintiéndose superior; golpeé en reiteradas ocasiones la mesa con la goma de mi lápiz mientras meditaba un momento su respuesta. Mi esperanza nació, quizás si le pedía asesoría sacaría una buena nota en el examen final.

Salí de mi butaca y corrí hasta la suya para hincarme a su lado. —Entonces ya sé a quién copiarle—. Dije burlona.

—¡No lo creo! Debes entender, Valent, que si quieres alcanzar algo debes esforzarte demasiado. Solo cuando las cosas cuestan mucho se disfruta el éxito.—Me dedicó una de esas miradas que usaría desde entonces cuando sus regaños se hicieran presentes.

Y, como si de un augurio se tratase, esas palabras me servirían para el resto de mi vida.



Valeria Zúñiga

Editado: 23.01.2019

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