Que no parezca amor

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Capítulo 17

Capítulo 17 | Desequilibrio

La brisa del amanecer golpea en mi rostro, agradezco la idea de haber agarrado una chaqueta para salir a correr tan temprano. La canción de Impossible, de James Arthur, cala mis oídos y transporta y remueve cualquier sentimiento resentido de mi cuerpo. Corro con más intensidad cuanto más rabia siento, estoy completamente en la mierda.

¿Por qué? ¿Por qué quiere hacerme esto más difícil? Es la única duda que consigue perturbarme. Acepté sus condiciones, las incumplí y he pagado por ello. ¿Por qué quiere echar sal a una herida que ya escuece por sí sola?

Tell them I was happy
And my heart is broken
All my scars are open
Tell them what I hoped would be
Impossible, impossible...

Un extraño escalofrío me hace parar en seco en medio de un bosque que a medias conozco. Me quedo quieta, y aunque tengo una desagradable sensación de que alguien me está observando, decido seguir corriendo y salir por el otro extremo del bosque a la ciudad, para no dar vuelta atrás.

Acelero y mi pecho comienza a subir y bajar con violencia. Estoy fatigada, y además, algo asustada. Pero lo único que tengo que hacer es concentrarme y salir de ahí lo más rápido que pueda.

Sería un buen invento que corriendo así, los recuerdos nunca pudieran alcanzarte. Ya sabes, que se pudiera huir de ellos como se puede huir de cualquier cosa que amenaza con tu vida... que cuando los recuerdos estén dispuestos a hundirte, cruzar una esquina y esconderte en un callejón de ellos, que pasaran por alto, y que todo estuviera en calma... ojalá... ojalá olvidara a Drew. Puestos a pedir cosas imposibles...

La música para de sonar para dar paso a la siguiente pista, pero en ese silencio que se me hace eterno, escucho los crujidos de unas hojas siendo pisadas a mis espaldas. No paro, sigo corriendo, pero... me giro.

Y grito.

—¡Mierda! ¿Qué haces aquí?

Es Adam.

—Kelly, joder... me has asustado.

—¿Te recuerdo quién está persiguiendo a quién?

—No te persigo, solo... corría. Y cogimos el mismo rumbo— hace un mohín mientras lo explica.

—Claro.

—Nunca sales a esta hora, estás... rara. Tienes mala cara, tienes ojeras... pensé que saliendo sola a estas horas podría pasarte algo.

Sonrío ante sus palabras y golpeo su espalda con afecto.

—No me ocurre nada, solo... tenía ganas de correr— comienzo a andar y él también.

—Te he escuchado llorar, toda la noche... créeme que cuando he madrugado y me he vestido a esta hora por ti, es por algo— contesta.

Ruedo los ojos y suspiro profundamente, y aunque sé que él se ha parado a mis espaldas, sigo caminando.

—Es Stab, ¿verdad?— añade, pero yo opto por el silencio y sigo andando—. Kelly, ¡joder!— me agarra del brazo y me obliga a girarme.

—¡Sí, joder, es por él!— exclamo con ya los ojos empañados—. Lo hemos dejado, ya está, ¿contento? Ya puedes contárselo a mamá— continúo andando.

—No hago esto por mamá— dice caminando detrás de mí con voz afectuosa—. ¿Te acuerdas lo que prometimos de pequeños? Cuando Aria se cayó del lavabo al intentar coger el maquillaje de mamá y lloró tanto...

—Que...— continúo con alzada voz pero me freno al recordarlo—. Que no soportarías verme llorar a mí así nunca...

—Puedes confiar en mí...— murmura y yo agacho mi mirada al suelo, sintiéndome mal. Él agarra mi mentón y me alza la cabeza.

—Y también puedes perdonarme— siseo con las mejillas húmedas, contrarrestándolo con una tenue sonrisa. Adam me la devuelve y seca las lágrimas con su dedo pulgar.

—Solo quiero saber qué te pasa... no eres la misma. Pero no desde ahora, sino de hace unos meses... siento que no confías en mí y me hace torturarme por cual puede ser la razón...

Me enhebro a su brazo con cariño y apoyo mi cabeza en su hombro, mientras retomamos el camino con más calma.

—¿Alguna vez te has llevado un chasco? Digo... alguna vez... ¿han rechazado tu amor?

—Bueno...— hace un mohín a modo de pensar—. Cuando éramos pequeños, le regalé una amapola a Viviane para que saliera conmigo... y se rio. Y luego pisó la amapola. Recuerdo que me jodió bastante.

Sonrío ante sus palabras. De pequeño Adam adoraba a Viviane, aunque a veces tengo ciertas dudas sobre si ese amor sigue perdurando.

—En estos momentos... ¿le regalarías una amapola?— contesto y él tose fingidamente.

—Estamos hablando de ti— gruñe.

—De ambos, hablamos de ambos. Tenemos tiempo para hablar, creo que estamos bastante lejos de casa.

—Sí— pronuncia seco—. A tu pregunta solamente te conformarás con un sí.

—¿Por qué no se lo dices?

—No merece la pena— comenta mientras rueda los ojos—. A ella le vuelve loca el típico bad boy y créeme, que de eso, tengo poco.



AnaTurquoise

Editado: 01.03.2019

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