Que no parezca amor

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Capítulo 22

Capítulo 22 | No conozco tu dolor

Fuertes punzadas de dolor en la espalda me hacen despertar, aunque sin abrir los ojos. Después de todo, me siento cómodo en este lugar.

Me remuevo intentando ahuyentar ese ligero dolor pero lo único que consigo es que éste se intensifique más. Mierda.

Vuelvo a la postura de origen y noto una presión que se ejerce al otro lado de la cama. Estiro el brazo y encuentro una mano... Kelly.

Cuanto más la acaricio, más me doy cuenta del error en el que estoy sumido.

—¡Rotten!— exclamo cuando abro los ojos, y la mirada intimidante de él me taladra la sien—. Joder... joder. ¿Por qué coño estoy en un hospital?

Esa cuestión sale de mi boca sin previo aviso al observar fugazmente el sitio en el que me encuentro; habitación blanca y estéril y olor a medicamento, no cabe duda de que me encuentro en un hospital.

—Esa pregunta debería hacértela yo a ti, Drew, joder. No sabes el susto de muerte que me has dado. ¿Qué ha pasado?

—¿A qué te refieres?

—¡Joder!— exclama exasperado y se levanta, dándose pequeños tirones en el cabello. Tiene grandes ojeras y su cabello está desprolijo, cosa que me hace pensar que llevamos toda la noche aquí—. Yo solo sé que cuando llegué a casa, estabas tirado en el patio con los cristales del ventanal incrustados en tu cuerpo. Y sangrabas como un puto marrano, créeme.

Frunzo el ceño e intento hacer memoria.

Pequeña discusión con Kelly...

... mi estadía en el peldaño de la escalera...

... mi padre.

—Recibí la visita de mi padre— pronuncio con la vista perdida—. Es un gran hijo de puta.

—¿Él te hizo esto?— pregunta con una gran sorpresa que le hace volver a sentarse y prestarme la mayor atención posible.

—No lo recuerdo con claridad, pero estoy seguro. Discutimos. Él estaba borracho y yo estaba harto de escuchar la mierda que escupía por su boca.

—Vamos a denunciarlo.

—¡No!— bramo cuando él toma la iniciativa de levantarse—. Haciéndolo solo provocaremos que mi madre empeore... no puedo consentir que vuelva a intentar suicidarse por su culpa. No, no otra vez.

—¡Pero ese capullo ha intentado matarte!

—Pero no lo ha hecho— ceso haciendo un ademán. Me remuevo y me incorporo en la cama, tiene sentido este dolor en la espalda al haber tenido cristales en ella—. ¿Y Kelly? ¿Ella sabe que estoy aquí?

—¿Crees que es buena idea hablar de Kelly en tu situación?— pregunta ceñudo, con aire misterioso. Endurezco el rostro por inercia y él hace un ademán invitando a la relajación—. Ella me abrió la puerta, vamos, sabe que te ha pasado algo.

—¿Entonces? ¿Por qué no está aquí? ¿Conmigo...?

—No lo sé— suspira relajadamente—. Ella estaba realmente preocupada, pero en un visto y no visto, desapareció.

—¿Qué? ¿Dejaste que se fuera sola? ¿Y no sabes dónde está? ¡Maldita sea!

—Relájate, joder. ¡Estabas inconsciente! Estuve donde debía estar; contigo.

—¿La has llamado?— pregunto y él niega con la cabeza repetidas veces. Alargo la mano y él deja sobre ella su teléfono móvil. Marco el teléfono de Kelly y espero su contestación.

Un toque, dos toques y...

Cuelga.

¿Por qué?

Vuelvo a marcar su número y vuelve a colgar. ¿Qué cojones pasa?

—Voy a irme— pronuncio dejando con desinterés el móvil—. Tengo que saber qué ocurre.

—Eh, eh— dice Rotten deteniéndome la movilidad—. No vas a ningún lado hasta que no te den alta. Yo me haré cargo de saber de Kelly, tú, mientras tanto, debes guardar reposo. Tienes la espalda echa un cristo, aunque bueno, estás acostumbrado a las marcas en tu espalda, ya sabes, esa cicatriz que tenías, cada vez tiene más color...

—¿¡Qué?!— Exclamo con violencia—. ¿¡Kelly llegó a ver mi maldita espalda!?

—Drew...— murmura a modo de sí.

Siento que la respiración se me entrecorta. Siento por un momento que mi corazón deja de latir.

—No, no, no, no. Tiene que ser otra cosa. Ella no puede saber nada— digo en voz alta, intentando convencerme de que esto es así.

Aunque todo apunta a que para nada es así.

 

 

Han pasado unos días y por fin me dan el alta. La espalda sigue doliendo, pero no se compara al dolor que sufro interiormente; no he sabido nada de Kelly. Ella no le coge las llamadas a nadie. Ni a Viviane. Y cuando ella va a visitarla a casa, todos dicen que está enferma.

No he hecho otra cosa que postrarme frente a la mansión Black nada más he salido del hospital. Tengo serias dudas sobre si podré verla, pero juro que no me moveré de este sitio hasta que la vea. Lo juro.

Toco la puerta y espero. Siento la necesidad de escupir a un lado por el cúmulo de nervios que siento en mi interior. La espalda duele más y más por la espera.



AnaTurquoise

Editado: 01.03.2019

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