Que no parezca amor

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Capítulo 5

Capítulo 5 | Porque me gustas

Agradezco que por fin haya amanecido. Debo admitir que no he logrado dormir demasiado. Mi mente me grita lo débil que soy, lo vulnerable que me siento cada vez que cuento en voz alta lo que me ocurrió. ¿Qué estará pensando Stab en este momento? Seguro está durmiendo, seguro que se durmió pensando en lo imbécil que puedo llegar a resultar. Stab, Stab, Stab, ¿podrá salir de mi cabeza de una maldita vez?

Ducha anti tristeza. Debo proponerme dejar de ser imbécil antes de lograrlo. Y estoy dispuesta a que sea hoy, debo apartar la mierda de mi mente y mirar al frente. Al fin y al cabo, solo son unos meses los que me queda aquí, deseo irme, deseo marcharme y dejar todo atrás, a pesar de no ser todo malo. Quiero crecer, madurar, quererme solamente a mí.

Stab, Stab, Stab... ¿puedes dejarme que me duche tranquila? Llega a ser molesto que tu nombre ronde todo el rato por mis pensamientos. ¿Por qué? ¡No lo sé! Solo sé... que quizá... me gusta sentir la huella de su beso sobre mis labios. O no, claro que no me gusta. Esas cosas no me gustan, ya no. Ya no me gusta imaginarme un príncipe azul que está dispuesto a todo por hacer sonreír a la princesa. Eso no existe, en la realidad los príncipes son meros disfraces de los hombres para conseguir lo único que quieren de una chica; llevársela a la cama. Stab... Stab, por dios. Fuera de mis pensamientos.

Seguro que tú eres igual que ellos.

Bajo las escaleras rápidamente, siempre suelo hacerlo así. Son tan largas que si bajas a velocidad normal, puedes tardar unos claros cinco minutos en conseguirlo. Me dirijo al comedor y...

—Maldita sea, Kelly Vay, ¿qué haces aquí?— oigo a mi madre a mis espaldas y hace que me gire en su dirección— Tu padre los ha reunido en Black Enterprise, quiere hablar con vosotros, ya se han marchado, ¡y tú deberías estar con ellos!

—¿Qué?— pregunto frunciendo el ceño— Nadie me avisó de eso.

—Ayer, en la cen... Oh, claro. No estabas, esa es otra. Tienes que ir o tu padre te matará Kelly— dice agitada y yo ruedo los ojos ante el nerviosismo de mi madre—. Te llevaré, esperemos que no sea demasiado tarde.

Tras abrirse la puerta del ascensor, corro hacia el despacho de mi padre. ¿Por qué tiene que estar en la última planta? No le entiendo.

—¿Por qué siempre tenemos que reunirnos aquí? Vivimos juntos— se queja Adam cuando yo irrumpo en el despacho de mi padre—. Oh, Kelly, agradece que papá se ha entretenido con un socio que si no...

—Calla, maldita sea— digo jadeando por la carrera que he tomado para llegar— ¿Qué ha ocurrido?— me siento al lado de Adam en la mesa de reuniones del despacho de mi padre, siempre suele ser así.

—Tendrá algo que ver con esta— dice con tono algo despectivo Eileen refiriéndose a Aria, la cual rueda los ojos cuando la escucha.

—Me aburres— bufa Aria y yo sonrío.

—Buenos días— saluda mi padre una vez dentro—.Perdón por la tardanza— se disculpa y toma el asiento presidencial de la mesa.

—Demasiado que sacas tiempo para nosotros, papi— dice Eileen y él le sonríe.

—Imagino que entienden el porqué de esto— comenta mi padre, mirando a Aria, la cual le aparta la mirada—. La mayoría de aquí este año ya empezará su carrera universitaria, y me gustaría escucharles. Creía que ya les conocía y que sabía el rumbo que iba a tomar cada uno, pero es obvio que no. Adam, ¿puedes explicarme lo que el otro día Aria afirmó sobre ti? ¿Lo de la música?

—Exageró, papá— contesta y la nuestra mirada se clava en su persona—. Estoy contento con lo que estoy estudiando, ya solamente me queda un año. Es obvio.

—Oh, venga, Adam, eso es tan falso como el bolso de la recepcionista— bufa Aria apoyando la espalda sobre el respaldo de la silla.

—Que tú no quieras seguir con los estudios y quieras enseñar tu cuerpo para ganarte el sueldo no es mi problema— replica Adam fulminándola con la mirada. Yo suspiro, ellos se llevan como perros y gatos, aunque en este momento entiendo a ambos. Claro que a Adam le gustaría dedicarse a la música, pero después de tanto tiempo y estando casi a punto de acabar la carrera, revelarse no le sirve de nada. Él es feliz tocando con su banda a escondidas de papá, y Aria... no sé cómo acabará el tema de Aria.

—Bueno, ya basta— dice mi padre irguiéndose en la silla— ¿Aria? Tenemos una conversación pendiente, adelante.

—Lo he pensado mejor y bueno... estudiaré. Pero quiero que el peso de la conciencia recaiga sobre ti al ver a tu hija no poder cumplir su sueño— contesta y sé que en ella hay algo que me hace desconfiar y saber que tiene algo sobre la manga. Miro a mi padre para saber su reacción, y éste está sonriendo como un niño pequeño. Mi padre está demasiado ciego.

—Podré vivir con ello— contesta mi padre y Aria bufa de forma casi imperceptible— ¿Y sabes que quieres estudiar? Deberías darte prisa.



AnaTurquoise

Editado: 01.03.2019

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