Quédate a mi lado

Tamaño de fuente: - +

02 ♥

♫ Somewhere only we know - Keane 

"Una melodía siempre suena mejor si se tiene compañía."

♥♥♥♥

—¿Quieres decir que a ti, un niño, le gustan las espantosas mariposas? —pregunté sumamente alarmada.

—Yo creo, Sof, que no importa si soy niño o fuera niña, me encantan los colores que tiene una mariposa en sus alas y lo maravillosas que son.

»¿Has visto cómo nacen? Al principio son simples orugas que se encierran en un caparazón y tiempo después salen para volar muy, muy alto—. Dijo mirando hacia el cielo mientras hacía movimientos como si su mano fuera la mariposa elevándose.

Continuábamos recostados sobre el pasto, justo en el jardín de la parte trasera de su casa. Veíamos el cielo y le buscábamos formas a las nubes, algo sumamente tonto, pero el significado cambiaba cuando estaba en compañía de quien me alegraba los días, mejor amigo le decía.

Dan era aficionado a los microscopios, a buscar micro-mundos dentro de un mega-mundo; le encantaba sentirse detective y encontrar en la tierra gusanos, hormigas y todo tipo de bicho que pudiera guardar en su terrario. Pero lo único con lo que no podría lidiar jamás sería que amara con devoción una simple y fea mariposa, un ser horrible que se esconde tras lo bonito de unas alas multicolor. ¿Qué cosa bonita podría tener un bicho que alguna vez fue oruga? ¡Nada! Porque antes de ser mariposa fue oruga y se arrastraba y...

¡Asco!

Incluso una vez llegué a verla de cerca, tan cerca como para ver sus ojos enormes y asquerosos, y la sensación de tener sus alas entre mis dedos fue... peor que su aspecto. Jamás podrían gustarme esos seres malignos y horribles.

Vi a Daniel levantarse con brusquedad y mirar en el suelo como si algo se encontrara escondido entre el pasto verde. Después de un rato volvió a sentarse trayendo consigo algo entre las manos.

—Mira, ¿la ves? Está lastimada—. Comentó afligido.

Por primera vez en la vida grité tan fuerte que hasta la madre de Dan salió sumamente asustada. La señora Kastell preparaba la comida, así que cuando cruzó la puerta que unía la cocina con el jardín trasero tenía las manos aún llenas de harina.

—¿Qué ocurre niños, están bien? —Inquirió con tono ansioso.

La risa de Dan no se hizo esperar mucho; miró a su mamá y luego volvió la vista a mí para darse cuenta que ambas teníamos el mismo gesto. Llegó un punto en que se tiró contra el césped sin poder parar de reír, se abrazaba el estómago haciéndome saber que se partía de risa.

—Y bien ¿qué ocurre Daniel? —Exigió su madre.

Él suspiró buscando controlarse un poco, en cambio solo lograba decir dos palabras y volver a carcajear.

—Es que le mostré a Sof una mariposa y ella las odia, entonces... si hubieras visto su cara entenderías, má.

La señora Kastell me miró extrañada, quizás después de todo sí era demasiado raro que yo, siendo una niña, me causara pavor, eso seguro resultaba confuso para ella.

—¿En verdad no te agradan las mariposas, Sofi? —Preguntó sorprendida.

—No, son feas y me dan asquito—. Respondí bajando la cabeza apenada; prefería ver mis manos entrelazadas al nivel de la cintura que pensar había algo mal en mí.

La señora Kastell se hincó para estar a mi altura, levantó mi mentón para mirarme fijo a los ojos.

—No hay de qué apenarse, no todos ven la vida ni las cosas de la misma forma, cada quien tiene su forma especial de ser.

Dan seguía intentando parar de reír, pero fallaba horriblemente. Su madre, al notar que seguía mofándose, le dirigió una mirada de reproche.

—No todos tenemos que amar u odiar las mismas cosas, quizás haya algo que te guste a ti pero a los demás no. En la vida hay una gran variedad de pensamientos e ideologías, no tenemos porqué juzgarlas más que aceptarlas—. Su sonrisa me reconfortaba, me hacía sentir bien con mi forma de ser.

En ese entonces no había entendido mucho de discurso, pero con el tiempo comprendí a lo que se refería: El universo está lleno de colores, emociones, sensaciones y amores diferentes, éstos nos identifican como seres individuales; puede que se transformen o no, todo depende del significado que tenga para ti cada cosa.

Muchos años después mis elecciones se convertirían en mis más grandes temores y aquellas cosas que me causaban pavor ganaban terreno entre lo que más llegué a amar.

Ese día me quedé a dormir en casa de Dan; puesto que nos habíamos vuelto inseparables en los últimos seis meses, sus padres decidieron comprar una colchoneta más para cuando me quedara en su casa.

Los días con mi mejor amigo se basaban en juegos de mesa, chistes, películas y palomitas. Él era tan diferente a los otros chicos, era... excepcional, sí, esa sería la palabra que mejor describiría a Daniel Kastell.



Valeria Zúñiga

Editado: 23.01.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar