Quédate a mi Lado

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Capítulo 2

 

“La dureza que hay en tus ojos, es el significado de la ausencia de amor.”

 

Pasaron semanas de las cuales no me recuperaba del todo.

Mi informe médico decía que las raspaduras en el cuerpo incluyendo manos, pies y rodilla; además de la mejilla cortada del lado izquierdo, no estaban ya visibles. Pero en el brazo derecho tenía una fractura, además, de un golpe severo en un lado de la cabeza debido al impacto provocado por el vehículo. Me hicieron unas radiografías, afortunadamente en el interior no hubo daño alguno. Aunque mi brazo tardaría en sanar.

Gretel al saber del accidente, me iba a visitarla en las mañanas y en las tardes. Cerraba muy temprano la florería para llevarme alimento y la verdad se lo agradecía. La comida del hospital no era tan agradable.

Santiago me visitaba en las noches. Aunque pienso que exageraba mucho exigia a las enfermeras que me trataran bien. Me daba pena. Debes en cuando las del hospital me miraban feo. Pero que podía hacer, Santi así era. Y no cambiaría.

Karina, por cierto, quien casi tuvo el accidente, iba para saber de mi estado. Ella me acompañaba a ciertas horas de la noche, después de que se iba Santi. Ella venia junto con una joven mayor que ella, talvez su hermana. Aun sabiendo que era peligroso, ellas decían que tenían quien la llevara. Me imagino que su chofer personal. Me la pasaba muy bien con Karina. Creí que, por ser una mujer de dinero, no se relacionaba con gente como…yo. Sin embargo, ella no era así.

Había algo en ella que me hacía sentir muy cómoda, su forma de ser era distinta a las que siempre iban a la tienda a comprar flores, la mayoría era exigente y con mirada indiferente, pero ella, era distinta, era sencilla a pesar de tener dinero, porque así era realmente.

Me dijo algo muy curioso. Me comento que ella asistía a una iglesia cristiana y que cuando me recupera quería que la acompañara.

Me dijo que no era casualidad que pasara todo esto, que Dios tenía un plan. A decir verdad, nunca había oído hablar de Dios con esa mirada brillosa que representaba amor. Si, escuchaba de Dios y eso, pero ¿Jesús? ¿Salvación? era algo inusual para mí, pero me dijo que un día lo entendería. Yo solo asentí en positivo.

El hospital era muy incómodo. Todo era frio y molesto. Me recordaba en cierta manera al lugar de mi origen. Mi brazo derecho tenía algo de movimiento y mi herida en la mejilla me ardía a veces. Era irritante.

Paso casi un mes y medio del accidente. Yo estaba casi recuperada, aunque mi brazo derecho aún seguía molestándome un poco, pero mi mejilla ya estaba cicatrizada. Se veía un poco si se miraba con mucha atención.

 

 -Hoy te dan de alta, Mia –Me dijo Karina ayudándome a acomodar mis pertenencias – ¿Dónde iras?

-Iré a la florería –Asegure con una leve sonrisa mientras me acomodaba el vestido que Gretel me trajo -… ¿Necesitaba algo?

–Quiero que vayamos a mi casa. Quiero agradecerte por todo lo que hiciste. Por favor –Suplico.

-No, como cree –Ya era bastante la atención que ella tenía conmigo y para ser sincera no quería molestarla más –Usted hizo mucho al pagar mi hospitalización. Déjelo así.

-Pero no es nada comparado con lo que tu hiciste, Mia – Insistió –Iremos y no digas nada –Me dijo con determinación, algo que no podía protestar.

-Pero… mi madre me estará esperando y luego …

-Sh, sh, sh, nada – Ella era muy decidida en sus palabras –Yo veré como le avisamos. No te preocupes por ello. Vamos.

Karina era una joven muy optimista. Siempre animada y divertida. Algo que era lo contrario a mí. Yo era más insegura y algo tímida. Y las decisiones que tomaba no siempre me parecían buenas. Realmente me alegra que ella estuviese muy bien y aunque la conozco un poco me da la impresión de que seremos las mejores amigas.

Salimos del hospital y nos dirigimos a su casa. Cuando llegamos, realmente quede impresionada. La casa era muy hermosa. Parecía de ensueño. Jamás había pisado un lugar así. Tenía una hermosa entrada con césped muy verde y cortada finamente por lo visto, y en el portón había una persona de traje cuidando la entrada.

Me sentía un poco incomoda, mientras entrabamos al lugar. Este tipo de lugares no era el mío. El trato que me daba Karina era sin interés alguno y eso lo podía notar. Un sentimiento de inquietud me invadió por todo el cuerpo, los nervios sin motivo aparecieron.

Me sentí abrumada.

Karina era una joven de alta sociedad y lo sabía muy bien. En cambio, yo no tenía nada. No vestía como ella, no era importante como ella, no era bonita a comparación de ella, nada comparado a lo que estaba mi lado izquierdo, todo esto es lo que pensaba. ¿Qué era lo que realmente sentía?… Miedo al rechazo y a la burla podría ser.



Sanjnic

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En el texto hay: vida, primer amor, espiritual

Editado: 09.06.2018

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