¿quién eres? - Hipótesis

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Capítulo 1.

 

 

—Siempre tengo la esperanza que olvides estas cenas familiares —dijo un chico mirando hacia la puerta de entrada del departamento donde vivía Pitu.

 

Sí, ese era el hermano de Pitu, quien pareció enfocar su atención en la pantalla de su teléfono cuando la vio ingresar al departamento, y aunque Pitu venía muy enojada por el mal rato que había pasado en la heladería cuando se reunió con Santiago, quiso evitar tener otra discusión, porque la verdad de las cosas que ese comentario había sido el más amable que le había dicho ese mismo ser que estaba echado literalmente sobre el sillón de la sala de estar.

 

—¡Llegaste!, te estábamos esperando, hija —la recibió su madre sonriendo—, le avisaré a tu padre, la cena está lista. Preparé tu postre favorito...

 

Y como por arte de magia escuchó una melodía de fondo, lo más parecido a la escena de la ducha en la película Psicosis, solo que su madre había reemplazado el arma homicida por la frase “preparé tu postre favorito”. Sintió que el mundo comenzaba a desmoronarse, su estómago se le apretó, sabía que detrás de ese amable gesto se escondía alguna noticia sumamente seria que en otras instancias tan solemnes en comparación a esta cena lo pasaría por alto. Tendría que dejar su rabia, y sus miedos atrás para poder sentarse a disfrutar de este momento familiar, al menos, tratar de no responder alguna tontería de su hermano hacia ella, ¿podría lograrlo?

 

— Mamá iré a dejar mis cosas en mi habitación y me pondré ropa un poco más cómoda —le dijo Pitu adentrándose por el pasillo.

—Bien, pero no te tardes.

 

¿Ropa cómoda?, eso simplemente significaba ponerse zapatillas, y así descansar sus pies del ajetreado día.

 

Suspiró como si su vida dependiera de eso, y se quedó frente al espejo observándose en silencio como si quisiera que ese nuevo reflejo le dijera a qué atenerse, ¿sus padres sabrían de la expulsión del voluntariado?, peor aún, ¿sabrían que estaba casi a un paso de ser expulsada de su universidad?, ¿lo sabrían?, si era así, ella estaría en serios problemas.

 

Al segundo su teléfono móvil sonó, era Romi quien la estaba llamando, pero Pitu le cortó para reemplazarlo por un mensaje: “Cena familiar”, no pasaron ni dos segundos y apareció la respuesta de su mejor amiga graficada en un Emoji de sorpresa mezclado con pánico, pero lo siguió con otro mensaje con un brazo que simulaba fuerza, porque sabía que su mejor amiga la necesitaría.

 

Lo que viniera de ahora en adelante le causaba nauseas, incluso las dieciséis llamadas de Facho a su teléfono ya habían cesado, aunque no podría hablar con él de forma razonable sin recordarle que él tenía al mejor amigo más idiota del mundo, pero ese sería un tema pendiente que debería dejar por el momento atrás, aunque en ese preciso momento quiso lo contrario, que sonara su teléfono, sin embargo, nada de eso sucedió, solo que se sobresaltó cuando escuchó que alguien golpeaba la puerta de su habitación e intuía que no era precisamente Facho.

 

Se abrió un poco la puerta, y ella escuchó la voz de su padre:

 

—Tu madre está sirviendo la cena.

—¡Voy! —exclamó al instante.

 

La puerta se volvió a cerrar, y antes de que Pitu pensara esconderse entre las cobijas de su cama, se apresuró en regresar al cuarto de baño para lavarse las manos.

 

Evitó mirarse el espejo, se aseó un poco, ordenó su ropa y se apresuró en ir a sentarse para la cena familiar.

 

Todo le pareció tortuoso, casi no comió de la angustia que le causaba que sus padres supieran en todos los problemas en que estaba metida, pero nada sucedía, parecía más a esos momentos donde ella se mantenía en silencio, en donde observaba cómo su hermano conversaba sobre su automóvil, un viaje que quería realizar para vacaciones con sus amigos, la última ropa que necesitaba o se había comprado, lo que había que comprar para comida, y uno que otro comentario irritante hacia su persona.

 



María-José Aragón

Editado: 23.02.2020

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