Quiéreme

Tamaño de fuente: - +

Escena 3

William

El día había empezado y tenía mucho que hacer, ya me había cerciorado de que Elliot estuviera por lo menos bañado y despierto, no estaba en su cuarto y eso era parcialmente bueno ya que no se había parado de ahí en la mañana hacía mucho tiempo.

El desayuno estaba puesto y las nuevas inquilinas no estaban ahí y ni tenían ropa todavía, anoté rápidamente en mi libreta que había que tomarles las medidas para ropa, seguí caminado, estaban en unos de los cuartos y por ahora ellas eran mi prioridad entre al cuarto... salí del cuarto, ella estaba desnuda, me recosté de la puerta y respire— ¿las dos están ahí? —pregunte desde afuera, escuche sus pasos acercarse, demasiado rápido, ella seguía desnuda.

— No, solo estoy yo—respondió la rubia como si me contara un secreto a través de la puerta, su voz era suave y delicada muy diferente a la de ayer que era altanera y vulgar, tenía que estar avergonzada, mi pulso se aceleró al recordar porque, también había notado que su cabello era más rubio y su piel más brillante... exhale y reacomodé el cuello de mi camisa, no era Elliot después de todo.

— ¿has visto a Elliot? —Le pregunté—el desayuno está en la mesa, te enviare algo que ponerte mientras tanto.

— ¿el rubio? No, no lo he visto, Lileam salió primero, ella también necesitara algo.

—Ya veo—respondí automáticamente—disculpa—abrí la puerta y entre con los ojos cerrados dirigiéndome al balcón de aquella habitación.

 

 

Gabrielle

Estaba enamorada de ese baño, no sabía cómo el sitio donde uno defeca pudiera resplandecer tanto, podía realmente vivir allí, miles de jabones y potecitos, una vaso en el baño como en la películas y la tina en el mismo centro que sería el marido en mi boda, tan blanca y tan amplia, la había llenado de agua y burbujas y había permanecido ahí toda la mañana, en parte pensando cómo poner mis planes en marcha, una parte de mi palpito... el caballero William, era tan amargado y estirado, y seguro que le venía bien un poco de esto, me meneé dentro de la tina, me hundí en el agua hasta que necesitara respirar, salí y mordí mi labio superior, salí de allí porque mis dedos ya no podían soportar más agua caliente y envolví mi cabello en una toalla.

Salí así del baño a tirarme a la cama, y a la mitad de camino mi barriga gruño del hambre al mismo tiempo que William entró al cuarto y se quedó paralizado cinco segundos viéndome, yo me vi y el solo dio media vuelta de regreso y cerró la puerta, me sonrojé, vi a varios lado y solo caminé a la puerta para responder sus preguntas, él era tan mecánico, pero sería mío aunque fuera de hojalata.

Él entro sin vacilar al cuarto y salió al balcón, yo tomé lo primero a la mano aunque fuera un cojín grande y lo seguí—Sabes, no me gusta que el rubio este tan cerca por lo que dices—yo era quien me iba a sacrificar así si cualquier cosa pudiera salir mal cayera sobre mí y no sobre ella, le puse una mano en el hombro.

—Pienso igual—dijo asintiendo con la cabeza mientras me retiraba la mano como si fuese polvo que le hubiese caído allí— ¿podrías taparte con algo de verdad? —dijo con su tono aburrido, salió directo sin volver la mirada ni por curiosidad o descuido—estaré esperando afuera— una chica llego al cabo de dos minutos y me trajo un vestido más del antiguo siglo que de este.

— ¿Por qué dices eso de él? —me atreví a preguntar.

— ¿Qué cosa? —me preguntó sin desviar la mirada del camino.

—que mantenga su lobo a raya—volvi a morderme el labio mientras escuchaba su desinteresada respuesta el resto del camino, lo miré unas cuantas veces para saber si es que me miraba a escondidas y no, no era así simplemente no le interesaba, bajamos las grandes escaleras y el salón se veía distinto, lleno de luz y ahora con varias cosas como un juego de muebles y un piano de cola color blanco, me asombre y seguí cambiando para encontrarme con Lileam y a Elliot quienes venían riendo y charlando de dios sabe que— ¿qué haces niña? —le dije llevándomela descaradamente.

—Fraternizando—me respondió tomándome por tonta.

— ¿crees que soy estúpida? ¿Enserio? ¿A mí? Será mejor que dejes ese "fraternizar" con el rubio—le dije para que no se hiciera la lista conmigo

—Espera ¿Qué me prohibirás hablar con él? —me respondió con rudeza.



Isabel del Pilar

Editado: 28.02.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar