Quiéreme

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Escena 5

Gabrielle

Él era alto, de piel bronceada, y mirada sombría, pero sobretodo muy atractivo, se abrío camino entre la multitud y vino directo a nosotros sin molestarse en saludar a los demás, William apareció como si le hubiesen invocado y así parecía ser. Su presencia era tenebrosa y pesada tanto que la tensión en el ambiente podía cortarse con un cuchillo, nadie murmuraba nada, y todos disimulaban el espiar lo que estaba ocurriendo dentro de aquel pequeño circulo en el centro del salón, podia lamer enemistad entre él y Elliot que se notaba a leguas, pero al desconocido le valía verga lo que Elliot podia decirle, como si pudiera tener cierto control de él ¿Qué pasaba aquí? 

Con Will era distinto, lo vi y fue asombroso, tenía una expresión humana. Apretaba la mandíbula y los puños como si en cualquier momento pudiera saltar sobre él y matarlo a mordidas y a rasguños como las bestias y en vez de pensar lo problemático que eso seria solo estaba pensando lo rápido que latía mi corazón principalmente de solo imaginarlo, entonces volví de regreso a la mirada al invitado y este estaba a centímetros de Lileam tomándole la mano por unos demasiado largos para mi gusto y el de cualquiera de nosotros, segundos dejándole un beso en la mejilla antes de retirarse—gracias—le dijo haciéndole una reverencia.

En cuanto a mí y a los muchachos, la visita no había sido para nada grata, había dejado un claro sabor amargo en la boca, Elliot sin siquiera pedir permiso abandonó el salón y Lileam lo había hecho por igual al cabo de dos minutos lo que no daba buena espina por lo que decidí ir a buscarla antes que nada— ¿Qué haces? —sentí el apretón fuerte de William en mi hombro.

— ¿qué paso con que Elliot + Lileam = mala idea?

—Ahora mismo no creo que esa ecuación sea la correcta—me dijo aun apretándome el brazo.

 

 

Lileam

Me vi en el espejo y no recordaba la yo de hacia un rato, la yo de los años, esta era una diferente yo, una de las chicas con las que estaba me llevó a la escalera y desde arriba se podía escuchar el murmullo y reflejarse las luces doradas del salón, me acerqué solo un poco más antes de simplemente escapar e irme de ahí, pero fue cuando James leyó mis dudas y anunció mi nombre, sin dejarme escapatoria, maldita costumbre.

Salí lento de atrás de la escalera y no me quedo más nada que terminar de salir y bajar el primer escalón, hacía frio y mi vestido estaba realmente ajustado, todo el mundo empezó aplaudir como si estuviera haciendo la gran cosa, pero la verdad era que solo buscaba a Gabrielle que no pude encontrar hasta estar a media escalera, donde ella como la mayoría tenía los ojos esperando a que me cayera o hiciera el ridículo. Llegué y allí Elliot me tomó por sorpresa, me sentí cálida, y distraída, también sentí como su mano recorrió mi espada y se detuvo en un lugar oportuno, solo me apretó contra él, me deseaba... y no sabía cómo sentirme al respecto, así que solo me quede allí sin hacer nada tan roja como el vestido que llevaba puesto, también pensé que había ensuciado su chaqueta con mi pintalabios.

La gente fue abrasiva en cuando Elliot me soltó, responder algo aquí, responder algo allá, sonreír aquí, sonreír allá—el señor William espera que pueda tocar—dijo james trayendo consigo la viola junto al el recuerdo de haberle mencionado a William que podía tocarla, Gabrielle oyó mi conversación y me alentó al verme  negándome a la oferta. no tenia en mis planes una escena, entonces solo pensé en una pieza que fuera adecuada de mi viejo repertorio y solo empecé a tocar cuando me indicaron.

No fue diferente de tocar en la calle, la única cosa que faltaba era Gabrielle bailando o cantando junto a mi y que la música fuera obviamente distinta, pero en esencia fue lo mismo de siempre, gente desconocida queriendo ver a una niña haciendo música.

Y ahí fue cuando el entró, caminó muy despacio hacia nosotros integrándose sin ser invitado ni a la fiesta ni a la conversación, era rudo y la confianza brotaba de sus poros, exhibía una sonrisa brillante como si fuera un trofeo y no nos quitaba los ojos de encima a mí y a Gabrielle aunque hablara con Elliot, me di cuenta de que William estaba ahí por una breve mirada que el desconocido dio en su dirección. No quería estar ahí, si se enredaban a los puños quería estar lo más lejos que pudiera de allí.

Sentí como el agarró mi mano y me sacó de mis pensamientos de supervivencia, haciendo que mi corazón latiera demasiado rápido, miró mis ojos y me tomó por la cintura acercándome más a él permitiéndome oler su encantador aroma, el siguió acercándose y solo el hecho de su profunda mirada fija en la mía era inquietante y me hacía temblar levemente mientras que su tono de piel bronceado delataba su extraña procedencia.

Bajó su cabeza hasta llegar al nivel de la mía acto que me puso rígida esperando cualquier movimiento rudo de su parte, pero solo apretó suavemente mi mano—No tienes por qué tener miedo, no te hare daño, solo que no creo que este sea el lugar que mereces—estaba allí paralizada y sentía como su cálido aliento acariciaba mi piel y hacia que mi columna vertebral se llenara de corrientes que me erizaban el cuerpo—apropósito hermosa pieza—beso mi mejilla, causándome un escalofrió que conllevaba a una combinación de emociones dispersas que se revoloteaban en mi estómago, podría sé que su presencia y actitud fueran excitantes para mí, pues él era misterioso y frio, pero sobre todo era un imbécil, me alejé y le di las gracias como podía dárselas a cualquiera de su tipo, el también tomó distancia y se fue en el mar de personas no sin antes clavarme sus ojos negros como si me hiciera algún tipo de promesa, volvería a verlo, lo sabía.



Isabel del Pilar

Editado: 28.02.2018

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