Quiéreme

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Escena 6

Lileam

Todo estaba de un azul grisáceo, oscuro como si mis ojos estuvieran cubiertos con alguna venda y solo se viera con dificultad, había neblina por todos lados y en medio de toda la escena un gazebo de piedra forrado de enredaderas, más al adentro estaba yo bailando con él, dando vueltas con un viejo vals, su cabello iba suelto, sus ojos brillaban como esmeraldas en la noche. Me senté, él se sentó, colocó sus manos sobre mi muslo mientras la iba deslizando hacia arriba y acercándose a besar mi cuello, sus labios hacían cosquillas por todos lados y fue besándome así hasta llegar a la comisura de mi boca, donde sorpresivamente se detuvo y desapareció y cuando volví a mirar ahora era él quien me besaba, su cabello oscuro y muerto como el mío, sus manos frías acariciando mi cuerpo de manera violenta y determinada. No me gustaba, no me gustaba para nada, desperté. Sudada y mucho más hiperventilada de lo que pude haber estado en mucho tiempo, teniendo uno de los más extraño sueños de mi vida.

 

 

Gabrielle

En la mañana bajé a la cocina después seguí al comedor donde solo vi a james leyendo un libro nuevo, el cual parecía uno muy interesante. Desayuné a solas con él notando que nunca lo había visto desayunando, ni comer en general.

Me pasé la mayoría de la mañana viendo la TV o haciendo zapping en ella, pues no había nada más interesante que ver o hacer, así mismo la tv se quedó haciendo eco mientras llegaba al punto de que lo menos aburrido era ver como los pajaritos picaban las frutas. Pasé nuevamente por el comedor a buscar un aperitivo pero aun sin señal de nadie, no había visto a Elliot y mucho menos a Will.

Lileam aún seguía durmiendo hasta tarde como de costumbre, lo que molestaba cuando se trataba de dormir a escondidas en algún establecimiento y lograban atraparnos. Ese día llevaba puesto un vestido tan azul como el cielo de ese día y tan anticuado como ropa interior del 1910 ¿porque el castillo estaba tan solo? Sin contar a la servidumbre que solo se veía pasar de vez en cuando, de momento me harté, bajé los pies de la mesa, apagué el televisor que tenía rato encendido solo para el viento y fui a despertar a la bella durmiente.

Lileam dormía con una divertida posición: un pie afuera de la cama y del otro solo se veía la rodilla que estaba casi en su boca, una mano en su frente y la otra abrazaba el borde de la cama, de repente soltó un ronquido que se podía comparar con el de un tractor ¿Quién se podría imaginar que una niña tan linda y delicada roncara como un puerco? Salí y la dejé durmiendo, duraría por lo menos una hora despertándola, después ella pasaría una hora en levantarse, otra en arreglarse y yo duraría por lo menos 3 horas más consumida en un inexplicable aburrimiento como le decía a james en la mesa quien solo se limitó a pasarme un libro que obviamente ignoré.

Nadie sabía dónde estaban ni Elliot, ni William, estar con el rubio era entretenido y siempre podíamos beber juntos o ver alguna serie en netflix, como compañero de ocio era excelente. William, oh William, lamenté en voz alta,  claro que era emocionante estar a su lado, pero también era insufrible, no había logrado nada con él y me desesperaba solo el hecho de que me mortificara sentimentalmente y no de manera monetaria, solía recordarme a mí misma que así mismo de una manera inesperada nos acogieron y así mismo de una manera inesperada se podían deshacer de nosotras.

Si Lileam entregaba su cuerpo, Elliot se aburriría de ella como de todas las otras y ya ella no sería un motivo por el cual permanecer aquí, según William era caridad, pero caridad la madre que me parió, si esto realmente fuera un acto de caridad estaríamos cada fin de semana expuestas ante la sociedad como malditas mascotas recién adquiridas, saliendo y posando para revistas de sociedades con reluciente ropa alimentando a los patos en los parques.

Salí al pórtico de atrás y me senté en un banco bastante incomodo no me quedaba más que jugar con mis pies allí sentada en la amplia puerta y ver que animal pasaba por delante ya que sabía que no habría automóviles que ver, solo un inmenso bosque frio y aburrido, justo como William. Decidí respirar un poco de aire fresco y liberarme, después de todo a Lileam le funcionaba y lo seguía haciendo.

Caminé y caminé demasiado para ser verdad, no lograba concentrarme en nada así que suponía que había funcionado, pues mi mente se encontraba cristalina y despejada, tan despejada que me tomé algo de confianza y sentí la necesidad de correr, corrí, el aire de otoño era seco y rasposo, mi recién sudor combatía con la resequedad de mi piel, pero no con la de mis labios, di vueltas disfrutando la primera y la posible última vez que vuelva despejar mi mente, hasta que la maldita ley de causa y efecto intervino.



Isabel del Pilar

Editado: 28.02.2018

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