Quiéreme

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Escena 9

 

 

Gabrielle

¿William? ¿Quién era ese? Oh si, la sombra que recorría los pasillos por ahí. Reafirmaba lo poco que me importaba ese ser ¿Qué si noviecita murió? Qué pena, pero esos no eran mis asuntos y con más fuerzas buscaría la forma de irme de allí con o sin Lileam. Me paré de su cama y me metí en mi cuarto ignorando la brigada que Elliot contrataba para que nos ayudaran a vestirnos en este gran día.

Me metí en la tina y me hundí con los ojos cerrados para ahogar los múltiples pensamientos que surgían de él, ¿Por qué tenía la necesidad en enfrentarlo? ¿Por qué quería herirlo? ¿Por qué quería que se sentaría tan miserable como yo? ¡Él no me importaba! ¿Por qué no podía solo dejar de pensar? Solo un poco.

Por primera vez desde que había llegado ahí solo quería irme, podía escribir en el vapor del espejo, podía verlo en las paredes, quería largarme y nunca volver. Alcancé mi teléfono y puse música hundiéndome de nuevo, tampoco me importaba si llegaba tarde después de todo solo era un evento más. Cuando decidí salir de allí, las personas en mi cuarto estaban sentados cansados de esperarme y una vez que me vieron salir se pararon enseguida. Estaba envuelta en una toalla y salí secando mi cabello con otra, realmente no tenía ánimos. Me senté en el sillón y ellas empezaron a trabajar, no hice ni dije nada, ellos lo hicieron todo.

Al terminar salieron dejándome sola con opciones de ropa en un colgador, las cuales ignoré, no tenía ganas de cambiarme, solo quería vegetar en algún lugar, no sé, flotar por ahí sin hacer nada, suponía que así se sentía estar triste. No podía siquiera llorar, solo sentía un apretón en el pecho y la garganta que si abría la boca podía consumirme desde adentro como un hoyo negro, pero finalmente tomé la cosa más cómoda, brillante y atrevida que vi.

Me deslicé dentro de aquel vestidito color menta forrado de brillantes, bastante corto y revelador, tenía un tenía un gran escote y un abierto en la espalda que terminaba justo antes que empezara mi trasero. Di unas vueltas frente al espejo una vez que tenía los tacones puestos, perfecto. Bajé las escaleras, la música fuerte y joven inundaba todo el castillo, hoy era distinto a todo los bailes de gala que se hacían aquí, y era perfecto, todo lo que necesitaba, alcohol, ruido, distracción.

Bajaba siendo iluminada por las luces de las fiestas que hacia brillar mi vestido y dejar boquiabiertos a más de uno e inmediatamente me sumergí en la multitud y me bebí cinco de las copas que andaban por ahí rodando en bandejas y bailé como si no estuviera entre gente fina y me encontrara en un club nocturno de esos vulgares de la ciudad. Solo quería dejar de pensar. Solo un rato.

 

 

Lileam

Según las opciones de vestimentas que me habían dejado en el cuarto esto no sería algo muy formal, allí mismo entro Elliot encontrándome aun con la bata de baño examinado mis opciones.

— ¿no usaras mi regalo esta noche? —me preguntó acercándose a mí.

—No lo sé—le respondí sin más—quizá lo estaba dejando para una ocasión especial.

— ¿eres tonta o qué? ¿Qué más especial que el día en que naciste?

—no seas cursi, es solo un día más.

—tu no seas amargada y ve por ese vestido ahora—me soltó solo para que fuera por el vestido, entonces lo saqué de la caja y los desdoblé—permíteme—tomó el vestido de mis manos y me quitó la bata de baño besando mi hombro, y mi cuello, no sé cómo hizo para alejarse y tomar el vestido, me ayudo a colocarlo, besando así el camino de mi espalda mientras subía el zíper, me volví y lo besé en los labios, vi en sus ojos las ganas bestiales de solo arrancarme aquella pequeña pieza recién puesta, pero me alejó suavemente plantándole un último beso—se te arruinara el maquillaje—.

Tenía unas altas zapatillas de tacón color negras, y el ceñido vestido rojo vino corto con un escote cuadrado y solo unos tiros como mangas. Caminamos a la escalera agarrados de la mano solo para tener que soltarlas justo antes de bajar, antes de que todos los focos nos iluminaran, que mi cuerpo brillara por todo el brillo en crema que me habían puesto en la piel y que la gente se enterara de lo nuestro.

Todo el mundo nos recibió con un aplauso ensordecedor antes de seguir bailando o conversando, realmente no me importaba lo que estuvieran haciendo. Caminé al lado de Elliot todo el tiempo sosteniendo secretamente parte de su mano, no quería separarme de él y perderme en el mar de gente que me rodeaba y que yo simplemente no conocía, la cual de todos modos tuve que saludar y soportarme sus felicitaciones y responderle con todo el carisma que podía fingir.



Isabel del Pilar

Editado: 28.02.2018

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