Quiéreme

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Escena 11

 

Lileam

Todo parecía un sueño absurdo, una película cliché de niños mimados, Elliot y yo fuimos curados e interrogados, él me tomó de la mano todo el tiempo, pero no se atrevía a mirarme, y sabía por qué, a pesar de que no tenía nada que ver, se sentía culpable de todo. Subí primero a la casa, y en contra de lo que Gabrielle quería yo sabía dónde quería estar, donde tenía que estar, y lo había sabido todo el tiempo sin importarme las condiciones y con quien me hallaba, quería estar junto a él, ¿eso era quererlo? 

Caminé a su cuarto, vi su puerta, la toqué y abrí, vi su cuarto, era justo lo que mi mente se imaginó, era grande ostentoso y brillante, todo era un manjar a la vista de color blanco que me hizo sentir cálida, me hizo sentir en casa. Me quité la manta con la que me habían cubierto, la metí en el cubo de ropa por lavar en un rincón de su gigantesco baño y miré la tina, tan blanca y limpia como el suelo en el que estaba parada.

Miré mis pies, estaban sucios y mallugados, nada serio. Entonces solo caminé a la ducha, quitándome el andrajoso vestido roto que había terminado a parar en el suelo del impecable baño, toqué mi cabello, estaba lleno de hojas y pequeñas ramas rotas que sacudí en el piso de la ducha, abrí la llave y me metí de lleno en el caño que bajaba sobre mi cuerpo y que al principio estaba fría, muy fría.

Me quedé mirando hacia abajo, como toda la mugre con la que estaba cubierta se iba por la coladera, como poco a poco mi piel recordaba su color, como la sangre seca se iba de mi piel haciendo que mis pequeñas heridas ardieran ante el agua caliente, me recliné un rato contra la pared de la cabina, solo para sentir el agua correr, entonces lo sentí. Sentí su mano recorrer mi espalda con el jabón, como besó mi hombro delicadamente, sentía su culpa, sentía su miedo, sentía su frustración.

Él me ayudo a lavarme, mientras que yo lo ayude a él, estábamos completamente desnudos por primera vez ¿pero era correcto pensar en eso después de lo que había pasado? ¿Estaba bien desearlo? ¿Estaba bien querer quererlo? ¿Hacerlo sentir bien? Pues sí. Levante su mirada, la que aún no se atrevía a mirarme, y lo forcé a hacerlo—perdóname—dijo, había llorado todo ese tiempo bajo la ducha, confundiendo sus lágrimas con las gotas de agua, yo le besé a cambio—perdóname—volvió a decir esta vez sin disimular su dolor, yo lo besé más fuerte— ¡perdóname! —esta vez lo gritó, y yo lo abracé lo más fuerte que pude.

—Estoy aquí—le dije pegada a su pecho—ya estoy aquí.

 

 

Elliot

Los dos nos metimos en la tina llena de espuma, planté uno que otro beso su cuello, mientras ella se recostaba de mí, dándome consuelo ¿no debería ser yo quien la consolara? Sin embargo era ella quien me cuidaba, que me daba soporte y quien de alguna forma u otra evitaba que me arrepintiera. Toqué su rostro con el reverso de mis dedos notando que estaba ligeramente rasguñado de lado a lado y la besé allí, tomé su manos y las bese también ¿Qué paso ahí? Despues de todo ella solo corrió a mí, pero quien sabe si corrió luego de que cualquier cosa hubiera pasado.

Hundido en un mar de pensamientos ella me miró y me desarmó por completo, la verdad es que me hubiera importado una mierda, la hubiera amado entonces con más fuerzas y me hubiera muerto en el intento de demostrarle cuan bienvenida era a mi lado, hubiera hecho que todos sus días fueran mejor al otro hasta olvidase todo.

Nos acostamos uno al lado del otro y la abracé y besé en la nuca, en cambio ella me cogió la mano y besó mis nudillos acomodándose un poco más, no la perdería nunca—quédate conmigo para siempre—le dije, ella giró la cabeza sobre su hombro asombrada, sin poder creer lo que decía—no me dejes nunca—le pedí, asintió sin realmente saber la magnitud de lo que le pedía, pero no me importaba, ya que solo tenerla ahí a mi lado accediendo a lo que ella entendía que quería, me era más que suficiente para darme la tranquilidad que había perdido o que tal vez nunca hubiera tenido.

 

 

Gabrielle

William fue por mi luego de que todo había terminado y besó mi frente, ambos subimos a su cuarto después de despachar a las autoridades, ninguno dijo nada, la verdad es que ninguno tampoco tenía nada que decir ni hablar de lo sucedido, solo nos acostamos en su cama mirando el techo con el mismo pensamiento.

—tuve que estar ahí para ella—dije finalmente luego de un rato de silencio, él se giró y me miró, tomando mi cabeza y poniéndola sobre su brazo—por lo menos estar cerca y evitar todo.

—Aunque hubiéramos estado allí encima de ellos no sería diferente—dijo para consolarme.



Isabel del Pilar

Editado: 28.02.2018

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