Quiéreme

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Escena 12

Elliot  

Los días habían pasado y que ellas estuvieran aquí se había hecho un mal necesario para mí y para William. No era correcto y lo sabíamos desde hacía mucho tiempo, no era bueno que dos mujeres solteras vivieran junto a dos hombre solteros sea cual sea la excusa que nos inventáramos, hasta ahora habíamos salido aireados de lo que la prensa podía pensar, todos los eventos a los que asistíamos ellas guardaban sus lugares fuera del nuestro y nosotros específicamente yo, me mantenía al margen de lo que pudieran pensar ¿pero cuánto duraría? Me imaginaba teniéndolas aquí, toda la vida.

—Elliot—William me había llamado camino al cuarto de Lileam, me detuve y lo vi extrañado, pues tenía una mirada que solo advertía problemas—él llegara pronto.

—No—le dije sin pensarlo y tomé el llavín de la puerta en mi mano.

—Eso no cambiara nada—me dijo seriamente.

— ¿Cuándo exactamente? —dije resoplando, pues lo último que quería era que él estuviera cerca.

—en una semana, así que no puedes hacer nada estúpido—hizo una pausa—solamente no seas tú, guarda tu lobo estúpido.

— ¿Cuánto tiempo se quedará —estaba tan molesto que no podía ni siquiera darle mente a las críticas de William.

—Eso no me lo han dicho— ¡maldición! Golpeé la pared queriendo atravesarla.

— ¡maldita sea! —la volvi a golpear con una furia descontrolada que William no se molestó en detener y solo me fui apretando los dientes, ya se me habían quitado las ganas de todo.

 

 

Lileam

Me había levantado de la cama por un bocadillo de media noche cuando me detuve en el camino al escuchar que alguien iba a abrir la puerta, era Elliot y le dejaría entrar tranquilamente, pero no paso así, caminé a la puerta ya que él había durado en abrirla y no era el único en el pasillo tampoco.

Me acerqué curiosa lo suficiente para que no se dieran cuenta de que estaba allí. La conversación fue corta y nada buena, Elliot hizo un berrinche que me hizo retroceder, entonces las luces de afuera se apagaron y los dos se alejaron, entonces solo salí del cuarto preocupada por él cuándo miré en la dirección que sus sombras se fueron, en la pared, la mancha de sangre que había dejado como huella de su rabia ¿Qué lo haría descontrolar tanto? Pensé en seguirlo a su cuarto pero retrocedí, me metí en la cama nuevamente y traté de olvidarlo durante largo rato, pues ahora no sería un buen momento para molestarlo, me cambié de posición y apagué el televisor ¿Cuándo lo seria? Sacudí mis pensamientos y me quedé ahi.

 

 

Gabrielle

El sol de la mañana hacia que mi piel tomara el color correcto de bronceado, no como el sol que nos teníamos que coger en el tiempo que duramos en las calles, que nos curtía y hacia nuestro cabello un desastre. Sacudí la cabeza y dejé los lentes de sol en la mesa junto a mi bien merecido trago, lanzándome a la piscina con un perfecto clavado y nadé durante un buen rato, solo sintiendo el agua clorada por mi cuerpo, estaba fría, estaba rica, me sentía en calma y hasta podía sentirme en casa, podría hacer como Lily y solo olvidarme de todo— ¿te quedaras allí todo el día? —me preguntó William mientras flotaba.

—seria genial, si los dedos no se me arrugaran—nadé hacia él— ¿no tienes nada que hacer ahora? Podrías meterte conmigo o quizás meterte en mi—dije exagerando mi cara de pensamiento.

—No me parece para nada una mala idea señorita vulgar—me hice una sonrisa de lado a lado—pero si tengo cosas productivas que hacer—mi sonrisa decayó—talvez más tarde considere la segunda opción—dijo dejándome una sonrisa, salí de la piscina y lo seguí hasta besarlo de la manera más suculenta y juguetona que me permitiría hacerlo, él en cambio no le importo que estuviera mojado, que hubieran empleados fisgoneando y me tomó del trasero y me pegó una nalgada—sabes ¿nunca me explique por tienes el cuerpo tan definido ¿hacías ejercicio? —reí cuando escuché eso pues no me quedaba de otra.

—Claro, el ejercicio de correr antes de que te atrapen robando algo—el mordió mi labio y siguió su camino, yo en cambio tomé la toalla y me envolví en ella tirándome de nuevo en la silla junto a mi coctel, mi buena vida y las revistas del momento, di un largo trago que terminé por escupir y toser en encima de la revista que tenía como articulo principal "caperucita roja y el lobo feroz" no, no, NO.

Ojeé lo más rápido que mis ojos y manos me permitieron para esperar donde dijera que todo había sido un montaje, pero no lo era, eran ellos dos besándose en plena luz del sol, como la feliz pareja que eran y que la gente no debía saber, me paré de allí alarmada buscando a William quien tenía que ser el primero en saber una cosa así, no me importó correr en bikini hasta donde él que estaba dirigiendo la jardinería del frente de la casa.



Isabel del Pilar

Editado: 28.02.2018

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