Quiero Conocerte Cero-Nueve

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CAPÍTULO III: NÚMEROS EN MI CABEZA

La chica se fue hace más de tres horas y su tatuaje está latente en mi mente, lo he dibujado más de cinco veces, ¡cinco veces!, estoy completamente loco la he visto tan solo hoy por un corto periodo de tiempo, realmente me hace falta tener un buen tiempo de ligues, lo peor del caso es que no me interesa ella, es bonita y todo pero quiero saber a qué se debe ese tatuaje alas y un número, ¿por qué?, seguramente su carácter pueda derivarse de ese dibujo.

Parezco un loco y me siento como uno por pensar en algo que realmente no tiene mucha importancia para mí ya que ni cercanos somos, llamo a Helen, mi secretaria para que me traiga otra taza de café, necesito despabilarme con urgencia y dejar de pensar. Esto es lo que más odio cuando mi parte curiosa despierta repentinamente de su inminente sueño. Ella lo trae rápidamente, me lo bebo y continúo revisando mis documentos.

Toda la tarde sin poder evitarlo me quedo pensando en aquel número dibujado en el cuello de aquella mujer, realmente ya debo preocuparme esto es una verdadera locura y está comenzando a molestarme sobremanera en realidad. Salgo de la oficina, me despido de Helen y voy hasta mi auto a pasos largos y firmes donde me espera Edward, mi chofer.

—Buenas noches señor —saluda y abre la puerta trasera del auto.

—Hola Edward.

—¿Lo llevo a casa señor? —pregunta.

—Sí, vamos directamente allí, necesito dormir.

—Como diga señor.

El camino se me hace largo a pesar de no serlo, tengo unos proyectos por aprobar y unos planos por realizar, lastimosamente mi cabeza en lo que menos está pensando ahora es en el trabajo que tengo que hacer, aquella periodista no me ha dejado concentrar, se gasta un carácter atroz pero los retos que te exigen son mucho más satisfactorios cuando se logran, inevitablemente la picardía está en mí y si puedo divertirme por un tiempo no tengo dudas de que lo haré. Llegamos a casa, salgo del auto despidiéndome de Edward deseándole una buena noche. Entro y saludo a mi hermana que está en la cocina preparándose un sándwich.

—Hola Hany

—Hola hermanito, ¿cómo estuvo tu día? —dice animada.

—Bastante interesante, ¿el tuyo?

—Bien, aunque cada vez se pone más difícil la universidad.

—Es cuestión que te dediques a estudiar y no solo a conocer chicos —digo con tono autoritario.

Ella hace un puchero y continúa en lo suyo. Vivo solo con ella, mis padres viven en la casa familiar. Ella quiso quedarse conmigo y no me opuse en absoluto, tenemos muy buena relación, es mi hermanita la cuido pero soy más liberal que mis padres, al menos no estoy vigilando todo lo que hace además mi trabajo no me lo permite tampoco. Subo a mi habitación y me tumbo en la cama, aflojo el nudo de mi corbata y me quedo viendo el techo, esto es demasiado para mí puede convertirse en un gran enemigo, es como si no viera chicas bellas a diario paseándose por mi oficina. Probablemente se dio cuenta como miraba sus piernas además no fui muy discreto, mi error pero como evitarlo si se veían tan bien bajo ese vestido no imagino como han de verse sin nada que las cubra, es bastante lista y no negaré que por alguna extraña razón que no conozco me ha gustado mucho su tatuaje.

Cambiado y listo para dormir cierro los ojos pero no logro ser absorbido por el sueño, ¿por qué?, ¿qué es lo que me pasa?, de repente me convertí en un idiota nuevamente; puede ser el hecho de no haber salido con una mujer por un tiempo largo pero no es para tanto eso ya sobrepasa todo lo posible para mí; por lo visto esa listilla me ha dejado impactado no es mi tipo de mujer pero algo en ella es atrapante aparte de su tatuaje que aun no comprendo la razón, solo sé que algo tiene, mañana recurriré a Amber ella siempre me acompaña en mis desvaríos, por ahora solo necesito dormir o por lo menos hacer el intento, me cubro totalmente para así facilitar mi sueño.

*~*

—Necesito algo de ti —digo con rapidez.

—Oh hola, ¿cómo has estado?, yo bien, muy bien, gracias por preguntar —dice ella fingiendo enojo.

—Hola Amber, lo lamento pero dime, ¿te parezco un loco?

—¿Loco?, más bien un mal educado. —Reímos al unísono.

—Creo que he perdido la cordura —confieso preocupado.

—Te habías demorado en perderla Chris, con tantas mujeres quien no lo haría.

—El problema no son ellas, sabes que son como una droga.

—Claro, la droga de los millonarios —refuta ella.

—Pues eso no te lo niego. —Sonrió.

—¿Qué es lo que necesitas de mí? —pregunta—, de repente me llamas y te acuerdas que tienes una amiga que te quiere, después de casi dos meses.

—Lo siento estuve un poco ocupado entre tantas reuniones y viajes, pero dime, ¿conoces a alguien con tatuajes? —Lanzo la pregunta más tonta que se me cruza por la mente.

—Mmm, déjame pensar, es obvio que sí hasta yo tengo, no me digas que quieres hacerte uno en tu perfecto cuerpo, aunque te quedaría genial en tu bien formado pecho. —Ríe.

—Sabes que no me haría uno, no llama mi atención tener una aguja en mi cuerpo inyectándome tinta para dibujar en mí, prefiero el papel ahí no duele.



Dey Cross

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En el texto hay: amor inesperado, recuerdos, tristeza romance

Editado: 05.11.2018

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