Quiero creer que somos un destino

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Capítulo uno

Las frías mañanas del mes de octubre empezaban a acentuarse cada vez más, dando paso a la primavera. Fijé mi vista al cielo, completamente nublado y grisácea, apetecía mucho quedarme en cama que asistir al colegio. Como de costumbre, terminé de guardar los libros en mi mochila antes de partir al colegio con mucha tranquilidad y salí de casa. Mamá se había adelantado al trabajo y puso como excusa que era muy lenta para salir al mismo tiempo con ella.

Hace cinco minutos que se marchó.

Ya era costumbre tener estas conversaciones matutinas. Ningún vecino cerca tenía hijos que iban a mi mismo colegio, casi todos estaban a varios minutos lejos y yo solo a unos cuantos pasos. Intenté no distraerme y giré la esquina antes de fijarme que chocaría con alguien más, llevé mis manos al frente como instinto y él las atrapó, como aferrándose para no caer hacia atrás. Estaban frías. Había cerrado mis ojos por susto.

Los abrí y me sentí mal por haberle golpeado. —Lo siento mucho, no fue mi intención. No me di cuenta que no era la única caminando por la vereda y… -el chico solo se limitó a sonreír de lado.

—No te preocupes, ¿estás bien? —preguntó y asentí. Más bien, yo debería hacer esa pregunta por casi empujarlo. Bajé mis manos y él dejó de sujetarme con fuerza. Giró. —Adiós.

Prosiguió su camino y sin darme tiempo de observarlo de cerca, lo último que vi fue sus claros ojos mieles y la sonrisa que borró una vez que ya no lo tenía enfrente. No lo reconocía, a pesar que nadie por el sector iba al mismo sitio donde estudiaba, conocía a casi todos los adolescentes de este lugar desde hace dos años. Él era nuevo, no había duda.

Desde la esquina se escuchó el timbre de entrada del colegio y desperté, echándome a correr como si mi vida dependiera de ello y el miedo de quedarme fuera de clases en este año tan aterrador.

Conseguí atravesar el portón que estaba a punto de cerrarse automáticamente y jadeé, recuperando aire para seguir corriendo hacia mi salón de clases, si mal no recordaba, me tocaba emprendimiento y esa profesora me odiaba desde que supo mi existencia. Aparte de ser estricta con la hora, no dudaría en ponerme un reporte.

Para mi alivio, el curso estaba en calma cuando llegué agitadamente y traté de recuperar el aire de mis pulmones. Adriana me saludó y me senté continuo a ella. —La profesora está enferma, hoy es tu día de suerte. -avisó y no supo cuánto me alivió eso.

—Ni siquiera hice el deber que pidió. -mascullé, aún agitada y saqué un cuaderno de apuntes. Adriana estaba concentrada en su celular, pero me escuchaba. —Además, casi atropello a alguien con mis instintos ninjas.

—¿Qué? -soltó burlona, acomodándose el flequillo. —¿Lo empujaste hacia atrás?

Reí. —Casi.

—Pobre chico, que dolor se habrá pegado en el trasero.

—No, no lo hice caer, más bien, él se aferró de mis manos para evitar caerse y tuvo suerte que aguanté un poco. -Miré mis manos, luego Adriana notó lo rojo alrededor de mis muñecas. No me había dado cuenta de la fuerza que usó. Frunció el ceño preocupada. —Solo me disculpé y no tuve tiempo de observarlo, si es lo que quieres saber.

—No importa, ¿sabes que hay un chico nuevo en el curso de alado? -susurró tan bajito que tuve que apegarme a ella, hice un ademán de que continuara. —Creo que mi mirada fue muy intensa para darse cuenta de mí y presentarse.

—¿Se ha presentado ya? ¿Cuál es su nombre?

—Solo sé su apellido, Melville. -dijo y la observé confundida. ¿No había dicho su nombre? Deshice mi confusión y sonreí burlona, descubriendo que ella solo escuchó más nunca le dijo nada. Estaba exagerando. —¡No me mires así! No es mi culpa que no me haya animado a hablarle…

Intenté no reír. —¿Tú? ¿Adriana Cuenca, la chica que nunca tiene pena de presentarse a alguien se ha sentido intimidada? -solté con mofa y me miró mal. Eran esas miradas que te matarían, pero ella me quería mucho como para hacerlo. Sonreí inocente. —Tú me quieres.

—Te odio.

—Es mentira. -guiñé un ojo y bufó, cruzándose de brazos. —Pero, ¿cómo es? ¿Es alto? ¿Atractivo?

—Ardiente.

—¡Adri!

—¿Alguna vez conociste a una persona con ojos azules? -preguntó y negué, al menos que las imágenes de actores de cine contaran. Pero personalmente no lo había hecho. —Él tiene unos ojos azules intensos que te emboban al instante y te sientes intimidada. El alto, creo que al mismo porte que Ezared, el de baloncesto. Una sonrisa muy bonita y…



Kerlly Rodríguez

#3524 at Romance
#1853 at Fantasy

Text includes: juvenil, drama, amistad

Edited: 04.01.2019

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